Kekena Corvalán: "La sociedad es fuente, principio y fin de un proceso artístico"
Comenzó el campamento artístico Aprender del Chacú, bajo la curaduría de Corvalán. Participan cerca de 50 artistas de varias provincias.
Este campamento se extenderá hasta el jueves 24 de marzo. La Casa de las Culturas y el Museo Provincial de Bellas Artes René Brusau serán las sedes al tiempo que son parte de la organización. Durante la semana se compartirán actividades que involucran la reflexión, la producción, el análisis y la curaduría. Las actividades artísticas se llevarán adelante también en el parque 2 de Febrero y el Fogón de los Arrieros.

Están participando artistas de Resistencia, Fontana, Castelli, Villa Ángela. También han llegado de otras ciudades como Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Conurbano bonaerense, La Plata, Bahía Blanca, Río Gallegos y ciudad de Buenos Aires. La propuesta se concreta con el acompañamiento de la municipalidad de Resistencia, y la articulación con la Secretaria de Derechos Humanos y Géneros, el Instituto de Turismo, y el Museum de la Fundación Urunday.
‘Vengo haciendo estos campamentos desde hace ya varios años. El primero en 2019, en la localidad de Río Gallegos. En 2021 hicimos otro en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires‘, comentó en diálogo telefónico Kekena Corvalán.

‘Con estas dinámicas que traigo, en lugar de pensar en una residencia de artistas tradicional, donde el artista va a crear solo, aquí se encuentra con otros artistas para sentarse a crear en un contexto determinado. Hay que pensar que esta modalidad de campamento, que es algo colectivo, cambia la dinámica de la residencia, donde el artista tiene todos los servicios a su disposición; en cambio aquí se revierte eso con la lógica de los campamentos, porque hay que trabajar y procurar la subsistencia diaria entre todes. El campamento enraíza con otra palabra que nos interesa mucho, que es territorio‘.
‘Cuando desde el Museo y desde la Casa de las Culturas me proponen hacer el campamento pensando desde el Aprender del Chacú, la idea me resultó de suma importancia. Me gustó porque son las discusiones que tenemos que dar hoy en día: cómo tener otra calidad de alimento, cómo tener otra relación con la alimentación y como generar que estas cosas sean para todes. Hay que escuchar el territorio, las comunidades‘.
Ya están dialogando cerca de cincuenta artistas. Personas con ganas de compartir, pensar desde los lenguajes y las prácticas artísticas en toda su especificidad. ‘Esta es la principal diferencia con otro tipo de encuentro. Acá hay cuestiones poéticas, cuestiones estéticas, disputas por las formas, es decir se plantea la cuestión de cómo pensarnos como artistas en relación con la comunidad. Hay que tener ganas de laburar y crear‘, destaca Kekena Corvalán, quien es docente, escritora y curadora feminista.
-¿Por qué es importante la memoria social y política en el arte?
-Hay que tener en claro que la memoria no es algo estático que esté saldada o cerrada. La memoria es un proceso dinámico de los pueblos y de las comunidades. La memoria y el pasado es algo que llevamos adelante nosotres. Construimos con el pasado porque es lo único que tenemos. La única construcción de conocimiento posible es tener el pasado adelante y caminar con el pasado. En ese sentido, la memoria tiene un lugar fundamental porque es la que construye el presente. Además este campamento va atravesar y va a finalizar el 24 de marzo, el Día de la memoria, verdad y justicia en todo el país.
Este campamento es una oportunidad para pensarnos y tensionarnos en nuestras memorias. Lo expreso en plural porque hay que saber que la memoria no es una sola, la memoria no es una memoria blanca, masculina, burguesa. Para nosotres los 30.000 compañeras y compañeros están presentes, son una luz que nos empujan, son la memoria que nos empujar hacia adelante. Hay otras memorias que pensar, en este campamento vamos a pensar cuáles son esas otras memorias, cómo abrir la mesa de esa memoria para que estemos todes.
-De lo que percibiste en otros campamentos, ¿los artistas están ávidos por sumergirse en estas nuevas experiencias?
-Hay mucha avidez, hay muchas ganas y hay también mucha necesidad de este tipo de experiencias. Hay que tener en cuenta que venimos de un contexto de pandemia. Pero antes de la pandemia teníamos muy claras varias cosas. Si rastreás lo que vengo haciendo desde 2017 hasta hoy, vas a encontrar que vengo insistiendo en que ya no es posible pensarse en soledad, que nadie se salva sola o solo. Nadie sale inmune, ni siendo la misma persona, después de una experiencia colectiva. Hoy está claro que la construcción es colectiva. Lo que sea que tengamos que construir será aprendiendo entre todos y estando juntes. Esto no es un descuelgue o algo que brota de la nada. Esto viene ya de hace varios años atrás. Lo primero que hay que hacer es escuchar, pensarnos en un ejercicio de escucha, escuchar al otre y después sentarnos a pensar con otre. Hay que respirar juntos para transformar las cosas, no queremos solamente pensar nuestras obras aisladamente. Hoy hay una sensibilidad sociocomunitaria muy fuerte.

-Estas cuestiones también llevan a un arte que está dirigido más a la sociedad en conjunto que a esperar una respuesta individual de un espectador.
-Sucede que la sociedad es fuente, principio y es el fin de un proceso artístico. Esa imagen del genio artista, que por lo general es un genio masculino, heterosexual, eso ya no va más. Hay nuevas maneras de organizarnos, hay luchas sociales y hay deseos colectivos. También hay territorios en disputa. Todas estas cuestiones es con otres, no en soledad. Entonces, en ese contexto, cambia el sujeto de la práctica, entran las mujeres, las disidencias, las migrantes, les afrodescendientes, les originarios, entre muches otres.
-Hoy las prácticas son colectivas. ¿Las exposiciones de artistas de forma individual no van más o es algo que progresivamente se va dejando de lado ante las prácticas colectivas?
-Hoy la práctica es colectiva y es colaborativa la matriz, se tiende a armar familias, parentescos y hacerlo juntes. Además es mucho más lindo. Te diría que hace muchos años que no hago nada sola, ni siquiera escribo sola. Siempre hago cosas con otre. La matriz es colaborativa. Habitamos un mundo que está destruido, hablamos una lengua que está dañada y la lengua es algo común, desde esa lengua discutimos entre todes sobre las cosas que queremos decir y cómo las queremos decir. El lenguaje es dialógico, así estamos saliendo para hacer el campamento que nos va a nutrir y que agradecemos todo el apoyo de la gente.
-El tema del campamento es ‘Memoria, alimento y abrigo‘. ¿Qué otros temas atraviesan a los colectivos de artistas en el país?
-Otro tema es la disputa por los territorios, es una situación compleja en la Patagonia, la justicia ambiental es fundamental. La disidencia hoy no es solo sexual, el género solo no alcanza para dar cuenta de las necesidades de emancipación.
Entonces tenemos la justicia ambiental y la justicia social. Lo que hagamos tiene que ser democrático con base en pensarnos y hacer cosas juntes. Les artistas enfrentan estas problemáticas. El Estado está presente y también permite tejer las redes que nos hacen soñar estos campamentos.

"Procurar artefactos de abrigo, alimento y memoria"
Leo Ramos es arquitecto y licenciado en Artes visuales. Desde fin del año pasado hasta este fin de semana, expuso en la muestra colectiva ‘19 y 20‘, archivos, obras y acciones que irrumpieron en la narrativa visual de la crisis de 2001, en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ExESMA).
También es motor de este campamento. Y en relación con su importancia, comentó: ‘Es un gran desafío poder gestionar este formato de reflexión sobre prácticas artísticas en el arte contemporáneo que se manifiesta de innumerables modos, formas y materialidades. Procurar artefactos comunes de abrigo, alimento y memoria es el reto, en el marco de un presente marcado por la pandemia y las guerras. Pero a su vez reconociendo los aportes que desde la disciplina han hecho la investigación y la militancia, que han permitido aportar elementos para las causas por la Memoria y Malvinas.
Durante el campamento nos enteraremos cómo, desde una investigación académica, se puede aportar a la causa de la Masacre de Napalpí.
Las prácticas artísticas comprometidas con las luchas sociales, la memoria y ahora nuevamente el ‘alimento‘ siempre son bienvenidas en nuestra gestión cultural para estos procesos de reflexión y creatividad.
Es una gran posibilidad también cogestionar con la Secretaría de DDHH y Género, con la Municipalidad de Resistencia y la Fundación Urunday, que aportan una necesaria logística para que podamos albergar a los artistas venidos desde varios lugares de nuestro país‘.










