Puede fallar
En la política, como en la vida misma, todo puede cambiar en un instante. O puede surgir, repentinamente, un foco de conflicto que no estaba en los papeles de nadie. Algo que no modifica significativamente el escenario grande, pero que se transforma en incómodo foco de atención.
Mucho de esto es lo que está sucediendo en el oficialismo provincial con la aparición en el horizonte de un posible regreso de Raúl Acosta a una banca de la Legislatura.

Sería un simple movimiento de piezas, si no estuvieran de por medio delicadas denuncias contra él y un torbellino de resistencias e intereses en el frente que lidera Jorge Capitanich.
INVESTIGACIÓN EN MARCHA
Acosta es desde hace mucho el principal referente local del Partido de la Concertación. Es un dirigente de origen radical, que hizo carrera desde el vecinalismo barrial hasta que llegó a una concejalía de Resistencia y promovió, sin éxito, la reelección de Roy Abelardo Nikisch cuando este era gobernador y Néstor Kirchner, desde la presidencia de la Nación, lo tentaba con romper definitivamente la relación con Ángel Rozas y buscar un segundo mandato. Como se sabe, Nikisch no quiso quebrar la UCR y no se opuso a que en 2007 la nueva candidatura a la gobernación fuese para AR. Acosta dejó la alianza con el radicalismo y se alineó con el Frente Chaco Merece Más, creado por Capitanich. El batacazo peronista de aquel año tuvo premio, ya que Acosta logró para su movimiento diputaciones provinciales rotativas y algunos cargos en la estructura del Poder Ejecutivo.
En 2019, el dirigente aceptó en la lista de candidatos a diputados un posicionamiento muy poco cotizado, casi a sabiendas de que no lograría ser electo. Quedó a un paso de ingresar nuevamente en la Cámara. Los votos no alcanzaron. Como consuelo, consiguió espacio en los equipos del gobierno de Capitanich. Primero recibió la Subsecretaría de Participación Ciudadana y hasta finales del año pasado fue vocal de Sameep. Se fue de allí cuando el gobernador cambió el presidente de la empresa encargada del servicio de agua.
Para entonces, en noviembre de 2021, Acosta había sido denunciado por supuestos casos de abuso sexual. Sus acusadoras son dos jóvenes hermanas que militaban en la Concertación y a las que él había llevado a trabajar en Casa de Gobierno. En sus declaraciones afirman que el exlegislador abusaba de ellas en la oficina, amenazándolas con dejarlas sin trabajo a ellas y a su padre, a quien también daba empleo. Acosta hasta ahora no habló públicamente de esas imputaciones. El planteo de su defensa en la causa judicial es que esos hechos nunca existieron.
POSIBILIDADES
El asunto se hubiera circunscripto al mundo de los tribunales si no hubiera sucedido que en los últimos meses comenzó a gestarse la posibilidad de que Acosta retorne a la Legislatura, a raíz de que otro Acosta, Roberto, actual diputado, quiere dejar su banca para cumplir funciones en el Poder Ejecutivo. Parecía que el recambio avanzaría sin problemas, pero todo se complicó cuando las denuncias en trámite contra Raúl despertaron la resistencia de varios legisladores a aceptar su ingreso al Parlamento.
En principio, nadie sabe bien cuál es el interés por reubicar a Acosta en la Cámara, pero todas las fuentes consultadas coinciden en que el regreso tiene el respaldo explícito de Capitanich. Aparentemente es parte de un viejo código de la política, ligado con la "contención" de los aliados. Acosta quedó huérfano de roles luego de su eyección de Sameep, y es un socio que el gobernador quiere cuidar. Como casi todas las terceras fuerzas del Chaco (con excepción del Frente Integrador de Juan Bacileff Ivanoff), la Concertación también tiene una significación electoral modesta, pero nadie olvida que en esta provincia hubo elecciones para gobernador que se definieron por un puñado de votos. Sucedió en 1991, con la llegada de Acción Chaqueña al poder; en 1995, con el balotaje ganado por Rozas; y de nuevo en 2007, con el triunfo del propio Capitanich. Entonces, aquí nadie olvida eso de que hasta el cabello más delgado hace sombra.
El operativo regreso pareció allanado cuando el otro Acosta (Roberto, que no tiene parentesco con Raúl) comenzó a ser tenido en cuenta para una renovación del gabinete. Eso arrancó el año pasado. Llegó a sonar para el Ministerio de Seguridad, luego para Gobierno y después para Desarrollo Social, pero por diferentes motivos Capitanich decidió conservar a sus titulares actuales. Sugió un ofrecimiento para la Subsecretaría de Municipios, que Roberto rechazó (el lugar acabó en manos de Beatriz Bogado). Y finalmente el destino en el que ambos coincidieron fue el Instituto del Deporte. Pero desde el Ejecutivo se aclaró –posiblemente olfateando que la cuestión judicial iba a interferir- que el ingreso de Roberto quedaba condicionado a que su reemplazante en la Cámara fuese Raúl. De lo contrario, no había trato. Algo podía salir mal, y hasta ahora va saliendo mal.
FISURA OFICIALISTA
Antes de su viaje a Europa y Medio Oriente, Capitanich se reunió con los diputados del palo y los puso al tanto de la idea. Allí algunas legisladoras adelantaron que, en vista de las denuncias contra Raúl, no iban a apoyar su ingreso. Avisaron que darían quórum a la sesión en la que se tratara el tema, pero que no avalarían su llegada a una banca. Fue el caso de Mariela Quirós, Teresa Cubells y Jéssica Ayala. Pero aun así, los números parecían cerrar. Si los diputados de Gustavo Martínez y los radicales no se oponían, el plan podía prosperar. Pero terminó complicándose.
De por medio está una facultad de la Legislatura, que es la de juzgar los títulos y condiciones de quienes asumirán como diputados. Hay una vieja discusión acerca de cuáles son los límites de esa atribución. El caso de Acosta parece caer en una zona gris. No está condenado ni procesado en la justicia, por lo que le cabe la aplicación del principio de inocencia, que solo podría ser suprimido por una sentencia adversa firme. Pero lo sensible de las imputaciones en su contra y los nuevos tiempos que corren –en materia de derechos de las mujeres y contra la violencia de género- influyen fuertemente en los criterios. No todos los legisladores quieren hacerse cargo de abrirle la puerta al hombre de la Concertación en pleno avance de una investigación con el cariz de la que lo involucra.
En los últimos días, el escenario se tornó más complejo. Otros diputados oficialistas también avisaron que no votarán la admisión de Raúl. Se habla de que es la postura, por ejemplo, de Hugo Sager y de Rodrigo Ocampo. Entre los radicales, algunos dicen que apoyarán la entrada de Acosta mientras no haya un procesamiento, y otros dudan. Livio Gutiérrez ya habría decidido negarse. Así, los números que hacían el gobierno y el propio interesado ya no son los mismos del comienzo. Y, para colmo, la historia va tomando una exposición pública totalmente indeseada para el Frente de Todos. Ya se habla de que el matete quedará, con un moño, sobre el escritorio del gobernador para cuando este regrese al Chaco.
Lo curioso es que son pocos los actores de esta historia –principales y secundarios- que se animan a blanquearla. De hecho, ante las consultas de los medios, se responde que "no hay nada oficial" sobre todo esto. A pesar de que este mes la Legislatura le pidió un informe sobre la situación judicial de Acosta a la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros, que respondió que en la Fiscalía penal 15 de Resistencia, a cargo de Vanesa Fonteina, el expediente en trámite contiene denuncias por tres hechos de abuso sexual simple y tres hechos de abuso sexual con acceso carnal. Y que agregó algunos detalles de los informes incorporados a la causa. Si no hay nada en vista, ¿para qué la Cámara solicitó esa información?
Pero, además, Roberto Acosta ya comunicó su decisión de renunciar a la banca que ocupa desde diciembre de 2019. Lo hizo con una nota que entregó en mano a la titular del Poder, Elida Cuesta. No lo hizo por la mesa de entradas para no activar todo el mecanismo institucional previsto, que instalaba el riesgo de quedar afuera del Parlamento a cambio de nada. Su intención de irse es muy anterior a que aparecieran los problemas para Raúl. El motivo es que su proyecto político personal no tiene aire en la Legislatura. Quiere un cargo ejecutivo que le permita atender gente, mostrarse y ganar espacio.
Maldice el momento en que sus pretensiones se cruzaron con las del otro Acosta, que recorre despachos dando sus propias razones e intentando, ansiosamente, que el camino del retorno hacia la diputación y sus fueros vuelva a estar despejado. Un puente que, de momento, parece haber quedado bastante lejos.










