La última calesita de la ciudad está en la plaza España
De los cinco espacios públicos del centro de Resistencia, solo uno cuenta con el clásico carrusel que resiste el paso del tiempo para diversión de las infancias.
El último bastión de un juego mágico está ubicado en la capital chaqueña entre las calles Ameghino y Colón y avenidas Rodríguez Peña y San Martín. Es la última de su clase, lleva décadas funcionando y es, aún hoy, de los pocos juegos que permanecen invariables al paso del tiempo.

Cientos de chicos y chicas todavía la eligen, dan vueltas en círculo y se divierten mientras sus padres los miran añorando una infancia lejana. Por su puesto, también hay los que aprovechan para subirse a dar una vuelta con sus hijos más pequeños, con la excusa de la necesidad de acompañarlos.
Pasa el tiempo y las calesitas continúan con sus luces y música atrayendo una infinidad de pequeños que quieren ‘dar una vuelta‘.
Es realmente destacable que una atracción infantil haya divertido al menos a tres generaciones desde su instalación. Padres que llevan sus hijos y que de niños fueron con sus padres disfrutan de la nostalgia de subirse al caballito para intentar atrapar la sortija, esa que el operario amaga con regalar a cuanta mano intente atraparla, con la ilusión de ganarse otra vuelta.
AUTOS, CABALLOS Y CISNES
Entre las opciones para subirse a dar una vuelta están los tradicionales caballitos, los autos y dos cisnes. Algunos años atrás los juegos de la plaza España eran cinco. La calesita, el trencito, el famoso Gusano Loco, los autitos en caravana y los helicópteros, que también funcionaban como calesita.

Hoy persisten solamente los autitos en caravana y la calesita tradicional. José Zapata, propietario de los juegos, explicó a NORTE que no hubo compromiso por parte de las autoridades municipales de ese entonces. El intendente de ese momento había asegurado al propietario de los juegos que tras la remodelación de la plaza en mayo de 2017, los cinco juegos desinstalados volverían a emplazarse. Sin embargo eso no sucedió.
‘Esos juegos hoy están tirados frente a mi casa, abandonados porque no tengo dónde instalarlos y el paso del tiempo los está destruyendo‘, dijo José Zapata sobre el histórico Gusano Loco y los otros que no se volvieron a emplazar.
Alrededor de diez familias perdieron su sustento a causa del cierre de esos tres juegos de la plaza y hoy son siete las personas que trabajan para José operando la calesita y los autitos.
LOS PRECIOS
Una vuelta de cinco minutos aproximados en calesita vale $100 pesos. Las promociones que ofrecen son de tres vueltas por $200 pesos y diez vueltas por $500 pesos.
Es resaltable la importancia de que las juventudes aún disfruten de los espacios abiertos, el aire libre y los juegos sin tecnología.
NO PERDONAN UNA
Zapata, dueño de los juegos mecánicos, también comentó que otro patio de juegos se estaba empezando a instalar detrás del barrio 500 viviendas de Barranqueras, en avenida Castelli al 4700. Sin embargo se llevó una sorpresa cuando vio que ‘se robaron todo, el sistema de cables, las luces led y las estructuras que habíamos puesto‘.
Memoria de una época. El paso del tiempo se llevó un patio histórico
Otra calesita solía ubicarse en el patio de juegos y comidas perteneciente al Centro de Rehabilitación del Lisiado, el cual funcionó por última vez en la esquina de calles Marcelo T. de Alvear y Liniers. Sin lugar a dudas fue un baluarte de Resistencia por el que varias generaciones pasaron, desde su apertura el 6 de mayo de 1956 en la calle Arturo Illia al 50, donde hoy se encuentra Red Megatone.

El patio del Lisiado, con sus juegos y comidas, servía para recaudar fondos y dar sustento al Centro de Rehabilitación, el cual fue, en palabras del columnista de NORTE Roly Beveraggi, manejado con ‘ejemplaridad‘ por la ‘China‘ Echeverrigaray.
La ‘China‘, continuando el relato de Roly, solía pedir con marcada insistencia la colaboración de toda figura política y empresarial para organizar rifas y eventos con los que recaudó fondos para asistir incansablemente a sus pacientes.
‘Para la China no había nadie más importante y digno de ser ayudado médica, económica y espiritualmente que su grupo de lisiados, constituidos en su mayor parte por niños del interior del Chaco y de provincias vecinas. Les proporcionaba auxilio ortopédico y prótesis, los hacía asear, los sacaba a pasear, les dispensaba educación escolar. Les suministraba, en fin, los mayores cuidados que podían recibir‘, dijo Beveraggi con mucho sentimiento sobre la notable directora del Centro de Rehabilitación del Lisiado.
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