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Diario Crisol: desaparecido durante la dictadura, como algunos de sus periodistas

Nació el 1º de julio de 1975, meses antes del golpe cívico-militar de 1976, como un diario independiente que buscaba terciar en el liderazgo de NORTE y El Territorio.

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Era editado por Confluencia SRL, e impreso en los talleres gráficos de San Fernando SA, en la avenida Hernandarias 765. Su director fue Ricardo Brizuela. Uno de los noveles periodistas que trabajó en el diario fue Bosquín Ortega, quien nos cuenta: "La redacción ocupaba el ala derecha, en el primer piso, de un garaje amplio, más parecido a un hangar, situado sobre Hernandarias, a pocos metros de la Alvear. Yo había ingresado previa prueba ante Sergio Cerón y Adolfina Mondín. Escribí, con los titubeos ansiosos de un iniciado, un artículo acerca de Villa Itatí, análogo a una columna ideada por Mario Nestoroff años atrás para El Territorio, cuyo título era "Caminando los barrios". 

"El aire de 1975 tenía una intensa y confusa inquietud. Un grupo de aspirantes ingresaba en la realidad heracliteana de un periódico, centella de una jornada. Memoro a Juan Antonio Ojeda, Luis Alarcón, Oscar Ariel D'aroz (h), Alfredo Sebeffer, Hugo Dedieu, Eduardo Martínez y el junco semita de María Cristina Matta. También detecto con el radar de la gratitud a Miguel Ignacio del Valle Curi, Oscar Delfino D'aroz (el Picasso de la cámara), Orlando Medina, Jorge Raúl Goyanes, Andrés Guillén Vilas, Manolo Bordón, Isidoro Salvatierra, Jorge Viñuela y el inolvidable Mario Álvarez, con sus bigotes nietzcheanos y sus hábitos orientales, amigo y colega docente de Alfredo Zitarrosa", dice Bosquín.

"Ellos creían en el oficio obrado y probado del periodismo, por sobre la tautología iluminista del comunicador social. En buen romance, todo lo vivo comunica su condición de viviente, incluido el asalariado de prensa". Tras la descripción de sus compañeros, contaba que "Una mañana, Adolfina, jefa de redactores, próxima al mediodía, presentaba al equipo en medio del tableteo arrítmico de la teletipo y las pretéritas Olivetti. A Julio Andrés Pereyra, aunque prefería el mote de Bocha, el formoseño, le asignó la página del interior y él se ubicó en la mesa, posterior a la mía, cerca del ventanal derecho".

Bosquín nos cuenta de su amistad con el Bocha y aquí comienza el relato triste de esta historia: "Nuestra cercanía permitió ahondar la paulatina cábala de la amistad. Pese a su apariencia taciturna, distante, resuelta en trabajo, logramos una conexión fraterna que resumía un similar ideario político y la opción generacional de un proyecto liberador. Bocha cursaba, por entonces, las últimas materias de ingeniería civil y era un militante activo de la Juventud Universitaria Peronista. Coincidíamos en que la esperanza es la utopía más poderosa, porque se construye en lo que aún no existe y necesita ser levantado". 

Y prosigue: "Bocha pertenecía a una generación que no renunció a ser sujeto de su época, y tampoco abdicó en querer ser en su tiempo. El triste día del golpe del 24 de marzo invadió también los cables y las agencias. Comprimía más de un siglo de gloria, pensamiento y libertad en una patética junta de soldados al servicio del poder imperial, cuyo general ideológico era José Alfredo Martínez de Hoz". 

"A las pocas mañanas en estado de sitio, Bocha, tozudamente alegre, nos confió de su inmediato casamiento. Le ofrecimos la despedida de soltero en la casa de mis padres. El patio fue una ofrendada alegría. Esa noche nos prometió que regresaría enseguida, pues postergaba su luna de miel a los efectos de culminar las materias de su carrera".

"En el diario prosiguió la rutina, paradojalmente inédita, de apertura y cierre de ediciones. El diario resistía por quedarse. La imagen de "lo autorizado" era una masa uniforme, verdosa y estentórea, erupcionada por comunicados de tonadas castrenses. Y llego la noticia triste, pero tan de la época. El "Bocha" había sido secuestrado, en vísperas de su boda, al salir de su domicilio, por un comando militar. Para entonces, el pánico era un eufemismo siniestro del terrorismo estatal. Diáspora y cacería eran la dialéctica de la existencia. Julio Andrés Pereyra integra la nómina de los veintiún fusilados (17 hombres y 4 mujeres) sobre un camino lateral, próximo a Margarita Belén, el 17 de diciembre de 1976, a las 6.30".

"En 1976 el entonces capitán Ricardo Brinzoni cortó con un ademán de impaciencia al director-propietario del diario chaqueño "Crisol", Ricardo Eulogio Brizuela, quien le pedía por los periodistas detenidos-desaparecidos. La próxima vez que usted venga a reclamar por uno de los hombres que nosotros nos llevamos de su diario, a usted le va a pasar lo mismo".

"Crisol se editó entre 1975 y 1979, y expresaba al sector cooperativo y las ligas agrarias, vinculadas con la izquierda peronista. Hasta el golpe, los canillitas que lo voceaban eran amenazados por matones de ultraderecha. En las semanas siguientes a esa arenga intimidatoria fueron secuestrados Mondín, Pereyra, Luis "Piolín" Alarcón, Hugo Dedieu y Juan Antonio Ojeda", escribió Ortega. "Se los llevaban impunemente. Venía un batallón, se asentaba en el diario, hacían parar todo, agarraban al que buscaban y se lo llevaban".

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