Una verdadera tragedia ambiental
Las imágenes de animales alcanzados por el fuego en los Esteros del Iberá revelan la dramática situación que se vive en el humedal más importante del país. Una verdadera tragedia ecológica que pone en un primer plano la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y de combate del fuego en nuestra región.
Ver tanta superficie con vegetación seca, arrasada por el fuego, causa estupor.
Las fotos de carpinchos y yacarés que no pudieron escapar de las llamas provocan, además, mucho dolor. El daño es inconmensurable. Cuesta creer que falte agua en el humedal que, con una extraordinaria biodiversidad, es el más grande de la Argentina y el segundo en el planeta.
Los expertos explican que la sequía excepcional que afecta a gran parte del país hace que el suelo tenga muy bajos niveles de humedad y que, por esa razón, cada vez haya más superficie con abundante vegetación seca. En la provincia de Corrientes, por ejemplo, en lo que va del año la lluvia caída no superó los 30 milímetros, una cantidad insuficiente para contrarrestar los efectos de una sequía que viene desde el año pasado. Cualquier descuido -como arrojar colillas de cigarrillos a la vera de las rutas o, peor aún, cualquier fuego intencional- puede en este escenario multiplicar su poder de destrucción. De hecho, son más de 550 mil las hectáreas que ya fueron alcanzadas por las llamas en Corrientes.
Según las autoridades del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, organismo dependiente del Ministerio de Ambiente de la Nación, algunas de las lagunas del humedal más grande del país tienen muy poca agua en este momento. Hay quienes afirman que esto se debe a que, como sucede en otras partes del planeta, el cambio climático también ha modificado el régimen de lluvias en nuestra región, cuyos efectos se observan en la bajante histórica que registra el río Paraná que, de acuerdo con proyecciones del Instituto Nacional del Agua, podría extenderse hasta la segunda mitad del otoño.
En esta misma columna señalamos días atrás que el Chaco no permanece ajeno a esta emergencia y que así lo atestiguan situaciones como las que se viven en amplia zona que comprende Río Muerto y Los Frentones, en el oeste provincial, en Presidencia Roque Sáenz Peña y en Villa Ángela, por citar unos pocos casos de localidades que sienten el rigor de la escasez de precipitaciones, especialmente en la producción ganadera y en campos sembrados con distintos cultivos.
¿Es el cambio climático el responsable de las alteraciones que sufren los patrones de lluvias? Hay quienes sostienen que sí. Un documento sobre el Estado del Clima en América Latina y El Caribe, preparado por la Organización Meteorológica Mundial, advirtió ya el año pasado que América Latina será una de las regiones del mundo donde los efectos del cambio climático, como las olas de calor, la disminución del rendimiento de los cultivos y los incendios forestales, serán más intensos. No debería sorprender entonces lo que está sucediendo.
En medio de tanta tragedia merece destacarse la tarea de los cuerpos de bomberos que trabajan sin pausas para contener las llamas, así como la colaboración de pobladores que aportaron vehículos para evacuar a familias y transportar agua. Resulta difícil en estos casos determinar con exactitud el origen del fuego. Pero por lo general, el 95 por ciento de los incendios son causados por actividades humanas, según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego.
En diciembre del año pasado se declaró la emergencia ígnea nacional a raíz de focos de incendios que afectaron amplias zonas rurales de las provincias de Entre Ríos, Misiones, Santa Fe, Buenos Aires, Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego.
Los daños provocados por el fuego en la provincia de Corrientes son, como se dijo, una verdadera tragedia ecológica que plantea la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y de combate del fuego en toda la región y de contar con más y mejores herramientas para hacer frente a un problema derivado de las prolongadas sequías que, lamentablemente, parece haber llegado para quedarse.










