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El derecho a respirar aire más limpio

El impacto de la pandemia en la economía global y la abundante evidencia científica que confirma que los virus respiratorios se propagan por aire vuelven a poner sobre la mesa un asunto que, a la luz de los estragos que provocó la emergencia sanitaria, se torna crucial: respirar aire limpio es tan importante como el acceso al agua potable.

La comparación no es caprichosa. En 2019, siete meses antes de que la epidemia de Covid-19 fuera declarada por la Organización Mundial de la Salud una emergencia de salud pública de preocupación internacional, la científica española Cristina Linares señalaba en declaraciones a medios de su país que respirar aire limpio es tan importante como tener acceso al agua potable y a alimentos seguros.

Si bien hacía referencia a los altos niveles de contaminación del aire que padece la población de las grandes ciudades por los gases que emiten los vehículos a combustión, la irrupción del coronavirus hizo que expertos de todo el mundo alzaran su voz para alertar sobre la transmisión áerea del Sars Cov 2, algo que la OMS tardó en reconocer. Hasta marzo de 2020, el organismo internacional sostenía que el virus que desató la pandemia global no se transmitía por el aire y, por lo tanto, no aconsejaba -todavía- el uso de barbijos.

Esto hizo que prácticamente todos los consejos para evitar contagios estuvieran por entonces enfocados en la limpieza de las superficies y las manos, descuidando por completo el problema de la mala ventilación de los ambientes.

Fue tan intensa la campaña con ese enfoque que incluso hasta el día de hoy hay personas que están más preocupadas por el aseo de las manos (lo que es correcto, por supuesto) que en asegurar la renovación del aire en los ambientes en los que permanecen. Por ejemplo, todavía se observa con frecuencia a algunos organismos públicos, gimnasios, farmacias o peluquerías con escasa o deficiente ventilación, aunque en todos estos lugares no falta el omnipresente alcohol en gel.

En julio de 2020 un grupo de 230 científicos de 32 países presentaron una carta a la Organización OMS para pedirle que revise sus recomendaciones y reconozca que el Sars Cov 2, como otros coronavirus, también se transmitía a través de micropartículas en suspensión o aerosoles, propagándose con mayor facilidad a través del aire en espacios interiores cerrados o mal ventilados.

El organismo internacional tardó un año en reconocer la abundante evidencia que había sobre el tema. Recién en mayo de 2021 aceptó públicamente que la transmisión de Covid-19 por aerosoles era una de las principales vías de contagio.

El fuerte impacto de la pandemia en la salud pública y en las economías de todos los países, sumado al hecho de que se sospecha que de ahora en más habrá que convivir con nuevas variantes del Sars Cov 2, llevó a los expertos a plantear la necesidad de prestar una mayor atención a la calidad del aire que se respira, así como en su momento se descubrió la importancia fundamental del consumo humano de agua limpia para evitar ciertas enfermedades.

En ese sentido, algunos estudiosos de la historia de la medicina comparan el escenario actual con el repentino brote de cólera que sufrió Londres en 1854, cuando la ciudad se consolidaba como centro del comercio mundial y su población aumentaba año tras año, aunque no disponía de un sistema para separar el agua para consumo humano de los líquidos con desechos que la gente arrojaba a la calle o al río Támesis.

Fue el médico John Snow quien descubrió que la mortalidad por cólera era más alta en el sur de Londres, donde las aguas estaban más contaminadas que las que se consumían en otras zonas de la ciudad. La solución llegó a través de un sistema de alcantarillado. Para sorpresa de todos los casos de cólera disminuyeron a medida que la población tuvo un mayor acceso a agua segura.

Actualmente los gobiernos se preocupan por garantizar que los ciudadanos no beban agua contaminada. Sin ir más lejos, en Resistencia las denuncias de vecinos por la aparición de materia orgánica color verde en el sector del Río Negro que pasa bajo el puente de la avenida Sarmiento hicieron que rápidamente la Administración Provincial del Agua tomara cartas en el asunto. Pero no sucede lo mismo con la calidad del aire. Es de esperar que la preocupación ciudadana exija también una adecuada ventilación en edificios y medidas para garantizar aire limpio en ambientes cerrados.s

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