Roberto Arlt y su visión del Chaco en 1933
El novelista, cuentista, dramaturgo, periodista e inventor argentino fue una de las figuras más singulares de la literatura rioplatense.

Todo comenzó una mañana de julio de 1933, cuando el escritor se asomó al puerto de la ciudad de Buenos Aires "para darse un baño de luz de viajes", y soñar con otros mares y otras tierras. Días después, entusiasmado por un estilo de vida que prometía aventuras y nuevas experiencias, Arlt envió al diario su primera nota escrita desde la popa del "Rodolfo Aebi", buque de carga que realizaba su recorrido por el Paraná, desde Buenos Aires hasta Resistencia, y en el cual exploraría el litoral argentino.
Y precisamente porque era un buque de carga, el viaje y el relato del viaje que inició en los primeros días de agosto se caracterizaron, desde el comienzo, por la invención de un lugar de enunciación que difería tanto de la voz apurada del turista moderno que describía el colorido de la vista y abandonaba el relato de la propia experiencia, como de la del cronista periodístico que atestiguaba, con presencia y escritura, las peculiaridades de las ciudades y los pueblos recorridos y las historias de quienes vivían en ellos.
Cuando llegó a Barranqueras, Arlt la describió sus "cafés con luces encendidas y una sola calle asfaltada", y a Resistencia como "la ciudad de cine" que lo deslumbró. "Ir al cine es como viajar, porque al viajar se asiste a una película cinematográfica. Es necesario hablar por comparaciones, porque así se va de lo conocido a lo desconocido", afirmaba Arlt antes de preguntarles a sus lectores si "¿Recuerdan ustedes esas ciudades de película norteamericana, aquí un rancho y tres pasos más allá un bar, y enfrente un gran comercio, y allá, remontando la altura, un gran edificio?". Para concluir: "Tal es Resistencia. Porque Resistencia es, precisamente, una ciudad de cine; una ciudad en la cual el asombro sustituye al pensamiento, porque los ojos se van tras las formas de las cosas y es un empezar a mirar y no terminar de ver y derramar la atención en interjecciones de admiración".
La modernidad de Resistencia lo enfrentaba a las representaciones convencionales del color local y la tarjeta postal. Porque Resistencia, una ciudad "que brotó entre hoy y ayer en la llanura chaqueña", tenía un café tan lujoso como el Richmond de Buenos Aires, edificios suntuosos, gran cantidad de profesionales y comercios, vidrieras, hoteles modernos, chimeneas de fábricas, moles cúbicas de edificios, talleres, indígenas "con zapatos de cabritilla marrón", chalets rosas, librerías, automóviles, damiselas que conducían su voiturette.

Azorado, Arlt entró en la librería principal de Resistencia y pidió fotos de la ciudad: "Me traen las clásicas postales de las indias con el arco soslayando la espalda y un as de flechas en la mano. Lo miro al dependiente y le digo: Pero dígame... ¿usted no ve la ciudad donde vive?".
Una publicación de Don Guido Miranda ("El rostro cambiante del Chaco", de 1973, compartida con fotografías de Juan C. Vidarte) nos reencuentra con una constancia del paso de Arlt por Resistencia. En efecto, hace casi 50 años escribía Guido sobre la época del ´30, para recordar: "Durante esa temporada, Roberto Arlt viajó a Resistencia y se hospedó en el Hotel Savoy (donde funcionaron en distintas épocas el Hospital para la Madre y el Niño y el Hotel Gala) y tradujo las impresiones de su estadía a través de tres curiosas "aguafuertes" del interior.
"Me alojaron en un hotel moderno, como en pleno Buenos Aires -refería en el diario El Mundo-, pero al rayar el alba no fui despertado por los ruidos del tránsito callejero, sino por el canto de los gallos. No se asombre el lector si mañana le dicen que en el Chaco se ha construido un rascacielos al lado de una chacra de algodón".
Guido Miranda recogió esa observación de Arlt sobre los rasgos contrastantes del Chaco y agregó que la profecía del talentoso escritor tardaría treinta años en realizarse, si se tomaba como tal la construcción del edificio del Instituto de Previsión Social, que fue el primero en elevarse en la capital chaqueña...










