El mundo es más inseguro con armas nucleares
Los cinco países que integran en forma permanente el Consejo de Seguridad de la ONU firmaron un acuerdo para evitar la proliferación de armas de destrucción masiva, tras admitir que si se produce un enfrentamiento nuclear ninguna potencia podrá proclamarse vencedora en un conflicto de esa magnitud.
El gesto deja en claro que las cinco potencias son conscientes del peligro de provocar entre ellas una destrucción mutua. También confirma que, lejos de iniciar un proceso de desarme, optaron por seguir siendo poseedores de la principal arma disuasoria que existe en el tablero geopolítico mundial.
"En una guerra nuclear no puede haber ganadores y no debe librarse nunca", afirman los países que tienen una silla asegurada en el Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, a la vez que destacan la importancia de cumplir los acuerdos existentes en materia de no proliferación nuclear, desarme y control de armamentos.
Desde que el mundo contempló, azorado, la tragedia humana provocada por la primera bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima en agosto de 1945, la lucha por lograr la prohibición de las armas nucleares y avanzar hacia el desarme total se ha convertido en uno de los desafíos más urgentes que tiene la comunidad internacional para evitar un conflicto bélico nuclear con consecuencias impredecibles para la humanidad.
Pero también desde entonces el armamento atómico se convirtió en la principal arma de disuasión. En diciembre pasado, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que el almacenamiento de más de 13.000 armas nucleares en los arsenales de todo el mundo es una espada de Damocles que amenaza a la humanidad.
"Bastaría un malentendido o un error de apreciación para provocar no solo el sufrimiento y la muerte a una escala espantosa, sino también el fin de toda vida sobre la Tierra", alertó.
Lo que preocupa también es que el comercio de armas sigue siendo uno de los más lucrativos del mundo, por lo que puede servir de caldo de cultivo para el surgimiento de mercados ilegales que quedan fuera del alcance de los organismos de control de armas.
Por otra parte, cabe recordar que los países de América Latina y el Caribe firmaron en 1967 el Tratado de Tlatelolco, que convirtió a la región en la primera zona libre de armas nucleares del planeta.
Al cumplirse 189 años de la ocupación ilegítima de las Islas Malvinas por parte del Reino Unido, ocurrida un 3 de enero de 1833, salieron a la luz archivos desclasificados confirmaron que durante la Guerra de Malvinas buques británicos (el portaaviones Hermes, el Invencible y el buque auxiliar Regent) transportaron armas nucleares hacia el Atlántico Sur.
Dicho de otro modo, una potencia militar movilizó las armas más peligrosas que conoció la humanidad, con capacidad de matar a millones de personas y poner en peligro tanto el medio ambiente como la vida de las generaciones futuras, ya que sus efectos a largo plazo resultan devastadores, tal como lo advirtió la Conferencia de Desarme que se realizó en Ginebra en febrero de 2018.
En esa oportunidad, se advirtió que las armas nucleares, mientras existan, serán la mayor amenaza sobre la humanidad, ya que la enorme capacidad destructiva de una sola de ellas es suficiente para matar a cientos de miles de personas y devastar ecosistemas, economías, regiones agrícolas y establecimientos sanitarios en pocos minutos. No es cierto que las armas nucleares hagan al mundo más seguro, un concepto que varias veces se intentó instalar.
En 2019, el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, en una entrevista que concedió a la cadena británica BBC con motivo del aniversario de la caída del Muro de Berlín, admitió su preocupación por la existencia de armas nucleares. Los países que tienen la mayor cantidad de estas armas de destrucción masiva son Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. También poseen armas atómicas, aunque en menor número, Corea del Norte, India, Israel y Pakistán.
La comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos para librar al mundo de las armas atómicas, y si bien hasta ahora han sido utilizadas solo dos veces en la guerra —en los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945—, es evidente que los programas de desarme son el mejor camino para evitar que el mundo pueda sufrir una destrucción masiva.










