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Orlando Núñez

Columnista

La violencia contra los que nos salvan la vida

La inusitada y repudiable violencia física y sicológica que sectores minúsculos muy alterados de nuestra sociedad ejercen sobre los que nos dan una mano en esta arrasadora ola de contagios impulsada por la cepa Ómicron merece una respuesta social mayoritaria.

Los testimonios de trabajadores de la salud incluidos profesionales médicos, enfermeros y administrativos hombres y mujeres, son un llamado de atención que impone una reflexión sobre esta repudiable actitud de algunos integrantes de una sociedad a la que se quiere fragmentada.

Más allá de algunos casos ya expuestos por NORTE existen otros que alarman y llevan a un diagnóstico muy preocupante.

Tamaña expresión de intolerancia impulsada por el individualismo daña uno de los valores esenciales de la humanidad como la solidaridad y socava la respuesta que la sociedad debe dar a la histórica pandemia.

Una enfermera realizando un hisopado.

En el Chaco estamos transitando hacia el segundo año del aterrizaje del coronavirus en nuestra capital. Atravesamos oleajes hasta llegar al tercero que nos muestra una cresta más alta que los anteriores.

Nos advirtieron y previnieron, nos preparamos para enfrentarlo pero en todo este proceso ¿qué pasó con algunos integrantes de la sociedad? ¿Acaso nunca creyeron en el virus, como en las vacunas para protegernos ni en el freno al Covid 19 con el cuidado y la prevención?

Hoy el violento acoso a los médicos, enfermeras y enfermeros, trabajadores todos de la Salud chaqueña, especialmente a los que están en la primera línea de fuego que son las postas de hisopados, testeos y de vacunación, agregan a un verano de altas temperaturas una carga explosiva peligrosa.

Los y las trabajadoras de la Salud en el Chaco vienen sufriendo todo tipo de actitudes por parte de algunos y algunas que descargan su enojo e impotencia justamente con quienes están ayudándolos poniendo el rostro, mientras el enemigo invisible que acecha aprovecha la tierra fértil y fortalece su avance.

El esfuerzo extremo que imprimen a una labor esencial e imprescindible merece que la comunidad genere contención y protección para los héroes que se juegan hasta la vida en esta enorme batalla desigual. Todo para mantener a salvo la sociedad incluidos los hostigadores.

Cómo no tomar conciencia a partir de sólo algunos ejemplos de la tarea sanitaria. Por caso, en una jornada en el sector de febriles del Hospital Perrando sólo tres personas hisopan a más de 1.700 acompañadas de dos administrativos que cargan a destajo los datos imprescindibles de esa avalancha humana que busca ayuda.

Pero hay otras presiones como un caso ocurrido recientemente en Puerto Eva Perón en un operativo programado de 8 a 20 que debió interrumpirse una hora antes por una fuerte tormenta que hacía imposible seguir con la actividad sanitaria. A las 19 de ese día el equipo de Salud vivió un momento difícil porque de manera agresiva parte de la gente no los dejaba abandonar la tarea si no se los atendía.

En el centro de testeos de Villa Río Negro en Resistencia las cosas no son diferentes para el personal de testeos, siempre escaso ante semejante demanda. Más allá del malestar de la gente se rozan extremos. Una enfermera en este caso recibió un golpe en un brazo como respuesta de una señora enojada y apurada para que le dieran de inmediato el resultado de su hisopado. Otras en este lugar complejo vivieron distintas experiencias de maltrato y violencia por el sólo hecho de levantarse para ir a un baño o a tomar agua.

"Somos uno para 1.000 y abandonamos a nuestras familias de 7 a 23 para vivir esta experiencia. Además en el personal de Salud seguimos teniendo positivo de Covid. Si éramos diez hoy somos seis por los contagios en nuestra gente". Lágrimas de por medio es un relato que representa al personal de enfermería, al borde del agotamiento.

Las larguísimas filas para hisopados que se observan en postas "claves" de la capital desnudan que algo que no es bueno está pasando. Además en el calor infernal de la siesta chaqueña la gente debe esperar su turno para el ansiado hisopado.

Allí entre quienes van en busca de un PCR para viajar y los que van con síntomas, no falta quien comparta un tereré con algún acompañante, sin barbijos ni distanciamiento. Toda una pintura de cómo se vive la ola de contagios en el Chaco.

Pero la violencia en sus distintas expresiones no es exclusividad de lugares fuera del centro. En plena peatonal una reconocida joyería hizo pasar un mal momento a un grupo de sanitaristas que concurrieron al local comercial para acercar la vacuna a quienes se encontraban trabajando en el local. Además del maltrato fueron echados por quien tenía la facultad de admisión en el negocio. Con este muestreo y en estas condiciones va a ser muy difícil que podamos definir un horizonte previsible en la lucha contra el Covid 19.

ASUMIR EL GRAN DESAFÍO

En la atención a la pandemia por Covid 19 el personal de salud enfrentó muchos retos pero algunos especialistas del campo de la sicología identifican tres como prioritarios.
Pandemónium, derivado de la celeridad del avance de la pandemia y del caos inicial para responder a la emergencia.

Precariedad del sistema de salud para responder a un problema sanitario público de gran magnitud.

Paranoia, derivada de la respuesta social al temor ante lo desconocido, por aquí se podrían hallar algunas respuestas a lo que pasa en estos momentos de agresividad.

Desde el inicio de los contagios, el personal de salud ha estado como primera línea de atención, expuesto a circunstancias extremas para desempeñar su trabajo, a mayor riesgo de infección, a largas jornadas laborales en muchos casos sin el equipo apropiado y enfrentando angustia, fatiga, agotamiento ocupacional, incertidumbre, dilemas éticos e inusitadamente, estigma, que se manifiesta en violencia física y sicológica por parte de la población.

La sociedad en nuestro país históricamente ha tenido divisiones y grandes diferencias, obviamente producto de intereses sectoriales e individuales.

Lo grave es que hoy se promueva desde determinados actores sociales a los que no es difícil identificar con sólo saber observar los medios de comunicación, por su obsesivo interés de mantener a una sociedad fragmentada.

El gran problema es que usar esta estrategia por puro interés sectorial minoritario ante un problema de tamaña magnitud donde el bien común está por encima de todo, nos lleva por un camino de divisiones irreconciliables.

Es tiempo de reflexión para apaciguar los ánimos. La calma nos permitirá identificar a los promotores de las diferencias y la violencia. Pisemos el freno para que no nos arrastren al abismo.

De esta nueva ola de la pandemia se saldrá con el bien común por encima de todo otro interés para continuar la recuperación económica y productiva. De allí surgirán los puestos de trabajo para mover la rueda virtuosa para encarar la otra gran batalla: el flagelo de la pobreza y la indigencia.
De las cenizas que propone esa minoría divisionista, esta vez, nada bueno podrá renacer. Al menos para beneficio de la gran mayoría y el futuro de nuestros hijos e hijas. Eso es seguro.