Basta de violencia contra las mujeres
La triste noticia del femicidio de una joven de la ciudad de Resistencia vuelve a poner en el centro de la escena pública a la violencia de género, una compleja problemática que hunde sus raíces en arraigados en patrones socioculturales que históricamente contribuyeron a naturalizar distintas formas de violencias del varón hacia la mujer. Son esos patrones los que explican, de alguna manera, por qué nuestra sociedad tiene uno de los indicadores más alarmantes de violencia machista.
Un cuarto de siglo pasó desde que nuestro país adhirió formalmente a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, también conocida como Convención de Belém do Pará, que define a la violencia contra la mujer como una violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, y la considera una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Es más, en la Argentina desde 2011 ese tratado internacional tiene jerarquía constitucional. Desde entonces, se multiplicaron en todas las ciudades del país las manifestaciones para decir basta a la violencia contra las mujeres, y se ha avanzado en la tarea de generar conciencia en algunos sectores de la sociedad- Pero hoy es necesario ir más allá, para que en las escuelas, en los espacios religiosos de todos los credos, en las instituciones del Estado, en las organizaciones deportivas y de la sociedad civil, en fin, en todos los ámbitos, se reflexione sobre este grave asunto y se condenen expresamente las relaciones de género violentas.
Hace un tiempo en algunos círculos judiciales se cuestionó el uso del término femicidio, un concepto que surgió ante la necesidad de denunciar la naturalización de la violencia hacia las mujeres. Se utilizó por primera vez en 1976 ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres, en Bruselas y desde entonces fue adquiriendo cada vez más una impronta política que busca dejar en claro que el femicidio es la expresión más extrema de la violencia del varón hacia la mujer; violencia de hombres que consideran a la mujer como parte de sus posesiones y que alimentan esa creencia hasta convertirla en un dogma.
La ley nacional 26.791, sancionada por el Congreso en noviembre de 2012, modificó el artículo 80 del Código Penal y estableció el delito de femicidio como causal autónoma del homicidio agravado, es decir, como el homicidio realizado contra "una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediante violencia de género". Pero el marco legal es condición necesaria pero no suficiente para cambiar una realidad como la que hoy nos preocupa. En lo que va del año se registraron diez femicidios en la provincia. Es posible que existan otros casos que no figuren en esta trágica estadística. Que no trasciendan como noticia no quiere decir, necesariamente que no hayan existido. Pero es necesario que la sociedad se sobreponga del espanto que esta violencia provoca y que plantee nuevas preguntas que ayuden en la búsqueda de soluciones a una problemática que, como se dijo, es muy compleja y que obliga, una vez más, a indagar por debajo de la superficie para encontrar las múltiples expresiones previas de violencia, aquellas desigualdades de género que a veces no son tan perceptibles pero que por estar tan arraigadas en la vida cotidiana, en lo cultural y en lo simbólico, son legitimadas en muchos ámbitos. Son esas construcciones sociales de género las que deben cambiar, para erradicar de una vez y para siempre las prácticas machistas que no deben ser toleradas bajo ningún punto de vista.
Los desafíos que el conjunto de nuestra sociedad tiene por delante son enormes. Cada chaqueña, cada chaqueño, debe asumir el firme compromiso de aportar cada uno en lo suyo todo el esfuerzo posible para poner fin a la violencia contra las mujeres, en todas sus formas, para erradicar viejas prácticas arraigadas en la cultura de violencia hacia la mujer que se nutre de una compleja trama de estereotipos y roles que debe ser analizados con una mirada crítica para sacar a la luz un drama que nunca debe resultar indiferente para la comunidad.










