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Más democracia, más ciudadanía

A 38 años de la restauración de la democracia en la Argentina, hay cuestiones estructurales que afectan a toda la sociedad que siguen sin resolverse. La pobreza, la desigualdad y las dificultades para encontrar una fórmula que permita fortalecer la economía y sacar al país del crecimiento interrumpido figuran entre las principales asignaturas pendientes de un sistema que necesita de la participación constante de la ciudadanía para poder dar respuestas a esos grandes desafíos.

"Sigo pensando que con la democracia se come, se cura y se educa. Pero no se hacen milagros. Hay transformaciones que llevan tiempo", dijo Raúl Alfonsín, el presidente del retorno de la democracia, al reflexionar sobre los problemas complejos que tuvo que enfrentar su administración. Es probable que a casi cuatro décadas de aquel 10 de diciembre de 1983, día de la recuperación de la democracia, la mayoría de la ciudadanía comparta con Alfonsín la idea de que los cambios de fondo que la Argentina necesita no se lograrán de la noche a la mañana. Si se pudiera tomar una foto de las transformaciones que se dieron con el paso del tiempo en nuestra sociedad, tal vez podría apreciarse con más claridad (como sucede con esas ilustraciones escolares de las capas del suelo que demuestran las condiciones climáticas, geológicas y biológicas de cada era) lo poco o mucho que se ha logrado en esta joven democracia, y que va más allá del acto de concurrir periódicamente a las urnas. La transición pacífica del poder, el respeto a los derechos humanos, la ampliación de derechos a minorías, los avances en la lucha por la igualdad de género, el rechazo a la violencia política, la convicción de que los gobiernos elegidos por el pueblo deben completar sus mandatos y, relacionado a esto último, la certeza de que hay que construir gobernabilidad para superar las crisis, son algunas de esas capas sedimentarias que sirven de base para seguir construyendo la mejor democracia posible.

"El único modo de resolver los problemas es conocerlos, saber que existen. El simplismo los borra y así los agrava", observa Giovanni Sartori en "¿Qué es la democracia". Por supuesto, la frase también puede aplicarse a algunos personajes de nuestro país que hacen de las simplificaciones una bandera, ignorando que la ciudadanía demanda mucho más que eslóganes de campaña. Así como la antigua democracia griega con los estándares actuales no podría ser considerada un modelo a imitar, ya que no tenía en cuenta a parte importante de la población (como las mujeres, por ejemplo), sería un error creer que lo que hoy la ciudadanía espera del sistema democrático es lo mismo que esperaba en diciembre de 1983, cuando se puso fin a los años de horror de la dictadura. Gran parte de la dirigencia política lo sabe, como sabe que el voto y el acompañamiento expresado por una mayoría en las urnas no implica un cheque en blanco. El comportamiento pendular que mostró un alto porcentaje del electorado en los últimos años da cuenta de ello y debe ser un llamado de atención para los partidos políticos, que enfrentan hoy el enorme desafío de construir renovados liderazgos, que estén en sintonía con estos tiempos en los que cambiaron las formas de la participación ciudadana en la vida política. Y estar en sintonía implica también saber interpretar la creciente demanda de más diálogo, construcción y consensos que se plantean desde distintos sectores de la sociedad, sobre todo en espacios de participación que no son únicamente electorales.

Dentro de poco tiempo, dos años para ser más precisos, la ciudadanía cumplirá 40 años de vida en democracia sin interrupciones. Cuatro décadas de ensayo y error, de superar los miedos que dejó la última dictadura, a través de una convivencia que convalidó elecciones libres y transparentes celebradas en forma periódica. Es cierto, sí, que esto último es una condición necesaria pero no suficiente para resolver los problemas estructurales del país, y por eso es necesario alentar la participación de la ciudadanía en todos los ámbitos posibles para escuchar todas las voces, debatir ideas, escuchar a quienes piensan distinto y promover, siempre, una actitud de respeto a las opiniones de los otros, sumando esfuerzos a la permanente búsqueda de la mejor democracia posible.

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