Sedentarismo, enemigo silencioso de la salud
En el marco de las restricciones impuestas durante los meses más duros de la pandemia, muchas personas cambiaron sus rutinas diarias de ejercicios por largas horas frente a la computadora o el televisor. De esa manera, el sedentarismo se convirtió en un hábito que, lamentablemente, muy pocos abandonaron con la gradual apertura de las actividades.
Por obvias razones, el comportamiento sedentario de la mayoría de la población aumentó en forma notable durante los meses con mayor número de contagios. Pero con la llegada de las distintas vacunas y el descenso de la curva de casos, muchas personas no volvieron a sus rutinas de ejercicios diarios más simples, como caminar o andar en bicicleta. Según la Organización Panamericana de la Salud, en América Latina la pandemia acentuó la vida sedentaria de gran parte de la población que estaba acostumbrada a realizar actividades físicas al menos tres veces por semana. Si bien hubo grupos que, ni bien se autorizaron las actividades al aire libre, ganaron rápidamente las plazas y otros espacios públicos para retomar ejercicios, una buena parte de la gente optó por quedarse en casa en los ratos libres.
Cabe recordar que está comprobado que las actividades al aire libre reducen las probabilidades de contagio del virus Sars Cov 2 -en rigor, hoy se sabe que las infecciones se dan mayormente en espacios interiores mal ventilados-, de manera que, si se respeta el distanciamiento social y se evitan las aglomeraciones, se puede decir que las actividades en lugares abiertos son más seguras.
Para la OMS, una persona es sedentaria cuando no realiza al menos 30 minutos diarios o suma 150 minutos semanales de actividad física regular. Es que realizar más de 150 minutos de actividad física moderada o una hora de actividad física vigorosa semanalmente puede ayudar a reducir casi un 30 por ciento el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.
La Fundación Cardiológica Argentina, por su parte, señala que una persona físicamente activa tiene mayor y mejor esperanza de vida, independientemente de los factores hereditarios que tenga. Afirma, además, que la actividad física a cualquier edad previene numerosos problemas de salud crónicos, incluyendo la enfermedad cardiovascular ya que ayuda a controlar la presión arterial, los niveles de lípidos y glucosa en la sangre y mejora la salud de los vasos sanguíneos. Observa, además, que aún en los casos en los que haya factores de riesgo cardiovascular, una persona físicamente activa, reducirá el riesgo de muerte prematura en comparación con las personas inactivas que no tienen factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.
La actividad física realizada en forma regular aporta importantes beneficios para quienes la practican: además de reducir el riesgo de muerte prematura, también reduce el riesgo de muerte por enfermedad arterial coronaria y por accidente cerebro vascular, que constituyen 1/3 de todas las muertes a nivel mundial. Pero eso no es todo, también reduce notablemente el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca, cáncer de colon y diabetes tipo 2. Una actividad física regular ayuda también a prevenir la hipertensión arterial, a mantener un peso corporal adecuado a la edad y disminuye el riesgo de desarrollar obesidad.
Debe tenerse en cuenta que una vida sedentaria combinada con hábitos alimentarios no saludables favorecen la aparición de enfermedades que empeoran la calidad de vida de las personas, en todas las edades. Además, está el problema de la amplia oferta de alimentos ricos en grasas que cada vez ganan más espacio en las góndolas.
Por eso es importante promover hábitos saludables en la alimentación ya desde edades tempranas. Desde que comenzó la pandemia, en la mayoría de los países se registró un aumento de casos de sobrepeso y obesidad en personas de todas las edades.
Se debe tomar conciencia de la importancia que tiene la actividad física para poder llevar una vida más saludable. Los estilos de vida actuales predisponen a las personas a mantenerse mucho tiempo inmóvil frente a una pantalla de televisor, computadora o teléfono móvil. Está probado que el ámbito familiar y la institución escolar son dos lugares fundamentales para alentar conductas más saludables, de ahí que es necesario que en esos espacios se promuevan distintas actividades físicas y una alimentación más sana desde edades tempranas.










