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Mariana Alegre

Columnista

El desacuerdo productivo

La versión que tenemos del estar en desacuerdo en el fútbol, la política, y muchos otros temas más, casi siempre se ven retratadas en los medios, redes sociales e incluso películas como un bando y el otro. Vos y yo, nosotros y ustedes. Pero, existen pequeños mecanismos tan sencillos de activar, que quizás nos permitan pensar diferente, de forma productiva.

"Creo que la escucha es la mitad faltante de la comunicación", dice William Ury, co-fundador del Programa de Harvard sobre Negociación, es uno de los expertos mundiales más conocidos y de mayor influencia (sean conflictos diplomáticos, armados, de política interna, empresariales=.

Ury señala que vivimos en una "Era de la comunicación", con muchos medios para expresarnos, teléfonos celulares, redes sociales, y todo el despliegue tecnológico, sin embargo, se pregunta ¿cuánto de verdad escuchamos, con tanta distracción e interrupción?.

"¿Y si elegimos líderes por su habilidad de escucha, y no por su retórica? . ¿Y si escuchar se convirtiera en una norma de nuestras organizaciones y no solo fuera una excepción?, se pregunta Ury

Explica que hay tres puntos a tener en cuenta, al momento de negociar, para los cuales la escucha termina siendo clave: el primero ver otra perspectiva. La segunda es que nos permite conectarnos con la otra persona, crea confianza, lo cual termina con el tercer punto clave, obtener un sí.

Pero, el experto advierte que muchos dan por sentado que el proceso de escucha es algo natural, cuando en realidad estamos pensando en qué estoy de acuerdo, en qué estoy en desacuerdo, cuando es algo mucho más complejo, ya que cuando escuchamos no se trata solo de palabras, sino de emociones, sentimientos, y necesidades.

Desacuerdo productivo

"Hay días, en los cuales parece que en lo único que estamos de acuerdo es en no estar de acuerdo. El discurso público está roto", expresa Julia Dhar, cofundadora y líder de BeSmart, la iniciativa de conocimientos y economía del comportamiento de BCG (Boston Consulting Group).

"Vamos a las redes a encontrar comunicación y conexión, y encontramos agresiones, enojo, alienación. Con tal de no entrar en un conflicto no entramos en una conversación", asegura.

Dhar sostiene que hay formas productivas de estar en desacuerdo. En este sentido pone como ejemplo, sus inicios en los clubes de debate escolares Una idea, un grupo a favor, otro en contra. Julia, señala un punto flaco en todo este sistema, que es un poco el que sostenemos actualmente, como sociedad, en grupos de amigos, familiares, y o de trabajo. "Me resultaba más fácil atacar a la persona que al contenido de sus ideas".

Cuando se volvió profesional, Dhar, a través de la experiencia con figuras o equipos políticos y empresariales, notó que la forma de llegar a las personas, es encontrando un terreno común, no importa que tan pequeño sea. La realidad compartida, como lo llaman en la sicología, según Dhar, es necesaria para evitar los "hechos alternativos", y es el punto de partida para un debate, para un desacuerdo productivo.

Una vez ubicados en el terreno común, el debate requiere que separemos la identidad de las personas, de las ideas. No solo con quienes debatimos, sino también nosotros mismos. Sin pensar que estas ideas nos poseen o son una extensión de nosotros. Nos lleva la "humildad de la incertidumbre", a la posibilidad de estar equivocados. Nos lleva a una escucha más activa, a reconocer la posibilidad de estar en el lugar del otro.

Estos expertos, y muchos más en sus rubros, socializaron sus estrategias para la gente común. Como Ury sostiene, tenemos cada vez más lugares para expresarnos, pero escuchamos menos, y como Dhar explica, el desacuerdo productivo no evita el conflicto, pero si nos permite encontrar las ideas que terminen siendo un ganar-ganar como sociedad.

Imagino una de esas largas filas de dominó, donde una ficha toca otra para iniciar una acción en cadena. Sé que suena fantasioso este planteo, en un mundo hiperporalizado, lleno de pequeños mundos: el trabajo, la familia, la escuela, el club, la comisión, el partido, el barrio, la ciudad, el país, pero nuestra realidad compartida es que todos vivimos en ellos. Quizás, podríamos comenzar por escuchar más, y debatir ideas, para construir mejor.

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