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Homenaje independencia del Líbano 

La epopeya de Gilgamesh y el Antiguo Testamento refieren al cordón montañoso que marca el horizonte de la mirada hacia el Oeste del hombre de los tiempos de las tablillas babilónicas.

Los preciosos cedros  que se yerguen sobre la nieve, los ríos y arroyos que aseguran la humedad permiten la abundancia y la diversidad de esa franja de tierra que se abre hace la inmensidad del Mare Nostrum.

 Allí comienza el Líbano de los primeros textos y de la memoria escrita. La tierra de un pueblo cuyo destino es mirar el mar, un mar con dimensiones de océano, un mar  central en la constitución de los pueblos mediterráneos. Las cumbres blancas, los cedros eternos, los valles fértiles, ríos y torrentes estacionales confieren a  esta tierra  del Medio Oriente  un perfil que se destaca frente a la geografía  de la región, marcada por la aridez del desierto. 

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El carácter de las  poblaciones que la habitan  ha sido modelado por esas condiciones: limitados hacia el Este por los Montes Líbano,  miran la libertad y desafían lo desconocido. Tierra de paso, de contacto, de intercambio en la que se suceden ocupaciones de poblaciones, desplazamientos, reinos, culturas y lenguas cada una con su manera de ver y decir el mundo, en la que se desarrollan los cultos de la Antigüedad y las religiones del Libro. 

Tierra de Cruzados más tarde, tierra de convivencia y  tierra objeto de codicia a través de los siglos. 

      La gran aventura del pueblo libanés desde la antigüedad fenicia y hasta nuestros días ha estado marcada por el desafío: desafiar ese y otros mares, esa y otras geografías, más allá de las Columnas de Hércules lo que le confirió sello de la perennidad. 

    Esa gran diversidad  humana sedimentada en una geografía singular y esa manera de ser hizo del libanés en la diáspora alguien capaz de adaptarse sin perder su identidad, marcada por el sentido de la convivencia y el placer de ser y de estar con los otros. Esto nos explica la recepción que recibe en las sociedades de acogida y la integración a las mismas. 

     Más allá de las tragedias que sacudieron al país desde los años 70, la cruel guerra civil, las repercusiones del conflicto palestino, los desacuerdos internos del gobierno como  consecuencia del modelo  político confesional impuesto por los ingleses, el peso de Hezbollah en la política nacional, la economía en bancarrota, la explosión del puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020, la falta de energía eléctrica y de agua corriente, los conflictos con los trabajadores extranjeros abandonados a su suerte, un servicio de transporte público ausente desde la guerra civil y un sinfín de cuestiones que hacen difícil la vida de la mayoría de sus habitantes, debemos rescatar la creatividad y el dinamismo de una sociedad que permiten la continuidad  de la vida cultural  y social. 

En efecto  presentaciones de libros, exposiciones de artistas plásticos que reflejan las problemáticas planteadas por la historia reciente, manifestaciones de minorías, conciertos públicos se suceden en la capital del país y en una  Baalbec recientemente recuperada como símbolo de la libanidad cultural.

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 La figura de Khalil Gibran en la literatura y Fairuz, la mayor diva viva de la escena musical en lengua árabe por su propio peso han eclipsado a  otras figuras de la creatividad tanto en la literatura como en la música de renombre internacional. 

Más recientemente, hace cuatro décadas se nos aparece la monumental obra del escritor Amin Maalouf que incansablemente y con una exquisita erudición consigue penetrar en las raíces profundas de la libanidad, sus conflictos y desencuentros ("Orígenes"/2004 y "Los desorientados"/2012, por sólo citar algunas). Detrás de estas figuras de la literatura, quedan en la penumbra otras  de suma importancia, generalmente por falta de traducciones, como Georges Schéadé (1905/1989) y Venus Khouri- Ghata;  más recientes y mediáticas se distinguen Jumana Haddad y Hoda Barakat por una obra donde se conjugan cuestiones identitarias con trasfondo de Guerra Civil (1975/1990),  escritoras muy presentes en emisiones especializadas en literatura en la televisión europea.

Cabe aclarar que el Líbano integra la  Organización Internacional de la Francofonía (O.I.F.), por ello muchos actos ligados a la presencia de la lengua francesa en la educación y en la producción literaria en francés se realizan en su capital, y  por ende cuenta con muchos escritores que escriben y publican en árabe y en francés, y  que han sido distinguidos con el Premio Goncourt. 

          La creación musical de Fairuz es en realidad la obra de toda una familia, su esposo Assi Rahbani (fallecido en 1986), el hermano de éste, Mansour, y el hijo de Fairuz y Assi, Ziad Rahbani, lo que le permitió a Fairuz en setenta años dedicados a ennoblecer la tradición musical de su país, recorrer diferentes estilos musicales que van desde lo folclórico, pasando por la opereta y que llega al jazz y a la música contemporánea.  La voz de Fairuz federa no solamente todas las confesiones hoy en pugna por el poder en el Líbano si no que resuena en todo el mundo árabe. 

      Muy mediática en Europa, la Hermana Marie Keyrouz  irrumpió en los años 90 con su maravilloso repertorio dedicado a  todas las confesiones cristianas presentes en esa porción del Medio-Oriente, con cantos devocionales tradicionales y modernos en árabe, en griego, en arameo: su obra  merece la atención de nuestras exploraciones sobre la espiritualidad de nuestros abuelos y de aquellos que viven hoy su libanidad en su tierra natal o en la diáspora. 

     Roula Safar, etnomusicóloga, compositora, instrumentista e intérprete,  libanesa residente en Francia,  rescata los más antiguos cantos de la Media Luna de las Tierras Fértiles en arameo, en árabe y en lenguas hoy desaparecidas, con un especial interés por los cantos sacros. Discografía de difícil acceso pero disponible en pequeños videos en las redes sociales. 

      Fadia el-Hage, libanesa residente en Alemania, se inició de adolescente al canto en Beirut con los hermanos Rahbani y Fairuz e interpreta músicas religiosas y eruditas tanto de Oriente como de Occidente así como cantos medievales.

      Muchas otras figuras tanto de la literatura como del canto y la música, así como de otros rubros de la actividad humana, merecen ser citadas aquí, en particular mujeres que están a la cabeza de empresas internacionales, artistas plásticas, etc. que hacen visibles al Líbano y al libanés de la diáspora.

          Para recordar la independencia del país de nuestros padres y abuelos pretendo que  esta entrega  nos anime a interesarnos en cuestiones que no tienen presencia en nuestros medios de comunicación o que no aparecen como oferta de lectura en bibliotecas o librerías, o bien son infrecuentes.

           En esta ida y vuelta del Ser Libanés entre Tierra Natal y Patria de Adopción, no puedo olvidar la figura de Etel  Ednan  (1925/2021)  recientemente fallecida en París, escritora, artista plástica comprometida con la causa de su país y de los oprimidos y  cuya vida se desarrolló en tres continentes y en una multiplicidad de lenguas y culturas. Fue además la primera en abordar en su producción literaria la guerra civil que marcó a fuego su país,  y su historia de vida encarna el pluralismo cultural levantino como sinónimo de apertura. 

      Estas apretadas líneas en homenaje a la Independencia del Líbano, ocurrida un 22 de noviembre de 1943 que marca el fin del mandato francés, pretenden mostrar apenas algunos aspectos de una milenaria identidad que hunde sus raíces en la ciudades-estado fenicias situadas en la costa marítima, puertos de los cuales partían los viajeros y mercaderes hacia el Oeste, como lo hicieron nuestros padres y abuelos que vinieron a América.

Pretenden asimismo contagiar al lector  la avidez de lecturas para comprender ese destino forjado entre el terruño nacional y la diáspora a modo de un incesante viajar entre lo conocido, lo recordado por la frágil memoria de los recuerdos, lo imaginado a través de los relatos familiares y los viajes que tanto la lectura como la música nos incitan a emprender. Una manera de honrar la memoria y la gesta de los nuestros. 

Emilio José Chuaire Docente jubilado, Palmas Académicas de la República Francesa en el grado de Caballero.

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