El Juego del Calamar y sus víctimas financieras
Todos podemos crear monedas virtuales. Pero para tener nuestra criptomoneda precisamos que la gente crea en ella y que de ninguna manera se pueda duplicar o falsificar.

Aquí es donde entra el aspecto misterioso del Bitcoin y de tantas otras monedas que solo existen en el ciberespacio. Para evitar duplicaciones y falsificaciones se usa la tecnología "blockchain" o cadena de bloques, ue son algoritmos y procesos matematicos complejos para ir generando casi de la nada el valor que hayamos diseñado, o pequeñas porciones de él. Este valor se lo da el uso y la demanda, no hay respaldo oro, ni de ningún banco central. Así de interesante como suena, esto mismo es su talón de Aquiles.
Se puede empezar comprando Bitcoins (fracciones) con una app como Barclays Pingit en el sitio BitBargain, y luego se acude a Coingen.io, donde tras llenar un simple formulario se entregan los bitcoins a cambio del código, declarando que desde ese momento valen 2 o 22 millones de como quiera llamarse la nueva criptomoneda (lo decide el creador). Estas funcionan en un sistema cerrado en sí mismo, donde la "riqueza" se genera por trabajo informático, así como en otros ámbitos el valor de las cosas proviene, entre otras cosas, de la plusvalía, del esfuerzo del trabajador.
Confianza
Para que la gente crea en la moneda que acabamos de crear es necesaria la confianza, y para eso nada mejor que distribuirla entre "gente del palo". ¿Dónde encontramos eso rápidamente? En las comunidades de juegos en línea.
Los fanáticos de estos juegos compiten por ganar tokens, dólares rosados o minúsculas porciones de una moneda virtual que solo sirve para ese juego y esa comunidad.
Hay toda una economía paralela que se genera comprando y vendiendo vidas, terrenos en la Luna, armas o vehículos. En los primeros juegos, cada mejora o actualización se adquiría pagando por Pay Pal o con tarjeta de crédito. Hoy se aprovecha el procesador de la computadora para que "mine" dinero virtual mediante horas y horas de juego en línea y con las ganancias poder avanzar en este a partir de una base que compramos, lo cual nos vuelve "inversores" en la criptodivisa que sea.
Aquí entran algunos aspectos oscuros de estas economías paralelas. Cuando un juego comienza a tener millones de seguidores, la mejor idea es hacer que cada uno pueda acceder a una ínfima porción de Bitcoin, que luego puede cambiarse donde la moneda sea aceptada o canjeada por dólares.
Pero los dueños del juego quieren ganar dinero, no perderlo, así que de repente anuncian la llegada de su nueva criptomoneda al juego en cuestión y -sabiendo que este sistema genera millones- los inversores se largan a comprar unidades o porciones de la moneda del juego, y para hacerlo tienen a su disposición millones de seguidores potenciales.
Mientras más jugadores haya, más se "mina" y se crea dinero virtual, y cuantas más horas se juegue, más posibilidades tiene cada persona de incrementar su capital negociable, lo que lleva a que la inversión inicial se multiplique.

El lado oscuro del calamar
Las monedas criptográficas llegan al mercado todos los días. Una de las más exitosas fue Shiba Inu, que subió ¡7.000.000%! a solo un año de su lanzamiento. Inspirada en la serie de Netflix "El juego del Calamar" ("Squid"), fue una de las criptomonedas que se lanzó el mes pasado. Subidos a la popularidad de la serie, los creadores anunciaron que la moneda se usaría en una versión jugable en línea del Squid Game, donde los usuarios podrían ganar más monedas, que luego podrían canjear por dinero real.
Buscando ganar dinero rápido, los inversores compraron la criptomoneda y en pocas horas (3) su valor se disparó de 1 centavo a u$s 2.856 cada unidad. El medio especializado Gizmodo reflejó cómo los principales medios de comunicación cubrieron esta sorprendente ganancia de valor mientras todo se hacía cada vez más sospechoso. Pero, ¿cómo desconfiar de algo que parecía tener el aval de Netflix?
Una de esas señales de alerta fueron los errores ortográficos y gramaticales en el sitio web que –como era de esperar- desapareció. El sitio web también tomó un tweet de Elon Musk y lo usó fuera de contexto para promover el novedoso "Juego del Calamar" online. La mayor señal de que algo no estaba bien fue que los compradores de Squids no pudieron venderlas apenas 5 horas después de comprarlas y de haber multiplicado exponencialmente la inversión inicial. La BBC informó que Squid estaba disponible para la venta en sitios de intercambios de cifrado, pero fue una fake new surgida de quién sabe dónde.
Los creadores hicieron lo que en la jerga financiera se llama "tirón de alfombra": cerraron el proyecto cuando tuvieron una cantidad considerable de inversiones. Sin medios para retirar dinero, se estima que los inversores perdieron un total de u$s 3,38 millones, informó Gizmodo. El valor de la moneda criptográfica se desplomó desde su máximo histórico ¡a $ 0, en solo cinco minutos!
Esta no es la primera vez que se utiliza una serie para realizar una estafa. A principios de este año se lanzó una moneda criptográfica llamada Mando, inspirada en otra serie popular llamada "Mandalorian". Hoy, el Bitcoin es la palabra de moda entre los tiburones de las finanzas y –como sucede con las estafas Ponzi- hay gente que ganó y está ganando mucho dinero… hasta que a alguien se le ocurra "tirar la alfombra".










