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Invertir en ciencia es apostar al futuro

La ciencia y la innovación tecnológica son dos pilares que contribuyen a mejorar la capacidad productiva de la economía. Pero un sistema nacional de ciencia y tecnología por sí solo no es suficiente para mejorar la calidad de vida de todos los sectores de la población.

Es necesario que ese sistema articule los esfuerzos de los sectores público y privado con criterio federal y responda a un plan de largo aliento que esté por encima de los cambios de gobierno.

El lunes pasado más de 1200 investigadores de todo el país fueron convocados para debatir el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología 2030, en un encuentro que se realizó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Cada vez que se discute el tema, invariablemente surge la misma pregunta: ¿Ciencia y tecnología para quién? Y en esta oportunidad, el mismo interrogante surgió en el debate de esta semana que sirvió de puntapié inicial para delinear los puntos centrales de un plan a largo plazo.

Es el mismo que se planteó hace un tiempo en el Ciclo de Conferencias "Pensar la Nación en el Bicentenario" organizado por la Universidad Nacional del Comahue y otras instituciones preocupadas por llegar a un acuerdo sobre cuáles deben ser los ejes del desarrollo científico tecnológico argentino.

En esa oportunidad, el doctor en Física, Carlos Solivérez, planteó que el desafío pasa por hacer ciencia y tecnología que ayude a nuestras mayorías, los pobres y postergados de todos los rincones del país.

"Asimismo, las tecnologías pueden generar productos comercializables que resulten en puestos de trabajo y permitan obtener las divisas necesarias para adquirir los productos esenciales que no somos todavía capaces de producir", agregó.

En el mundo nadie discute si la ciencia y la investigación científica son o no fundamentales para la riqueza nacional. No es producto de la casualidad que naciones avanzadas como Israel, Corea del Sur, Japón, Finlandia, Austria, Suecia, Suiza, Dinamarca, Alemania, Rusia y Estados Unidos, figuren en lo más alto del ránking de países que más invierten en sus sistemas científicos tecnológicos. Por otra parte, la pandemia de Covid-19 no hizo más que confirmar la importancia que tienen esos sistemas y el papel que juega la financiación pública, como así también la articulación con el sector privado. De hecho, los trabajos de desarrollo, ensayos clínicos y producción de la mayoría, por no decir todas, las vacunas que hoy se emplean para luchar contra el Sars Cov 2 fueron posibles gracias a una fuerte inversión pública.

En el caso de la vacuna AstraZeneca, por ejemplo, se sabe que el 97 por ciento de la inversión para desarrollarla llegó desde el sector público, es decir, el Estado.

Volviendo a la realidad de nuestro país, en el encuentro que se realizó para delinear los ejes del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología 2030 surgió otro dato relevante: el 85 por ciento de los recursos científicos de la Argentina están concentrados solo en cuatro jurisdicciones, donde las probabilidades de transferir tecnología a los sectores productivos es mucho mayor que en el resto de las regiones. Quiere decir, entonces, que habrá que promover un plan con un perfil federal que acorte las asimetrías actuales.

Invertir en ciencia y tecnología es una especie de seguro que contrata un país con el objetivo de mejorar su economía en el futuro y la calidad de vida de su población. Así lo señala un documento del Comité de Ciencia del Congreso de EE.UU. que recomienda apuntalar el trabajo de quienes hacen investigación de calidad.

Por estas latitudes, valga como ejemplo la tarea que llevó a cabo la investigadora Andrea Gamarnik, Instituto Leloir, junto a un equipo local para desarrollar los primeros test serológicos para Covid-19 aprobados por la Anmat que se usaron en nuestro país. Gamarnik, además, recibió una distinción en Estados Unidos por sus contribuciones a los estudios de los virus a nivel molecular y fue incorporada como integrante de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias.

Los test que desarrolló su equipo de investigadores permiten, a partir del análisis de muestras de sangre, saber si una persona tiene anticuerpos contra el coronavirus Sars_Cov_2, un dato que fue fundamental en la lucha contra la pandemia.

Es de esperar que en los próximos años se incremente la inversión pública en ciencia y que eso abra las puertas a una mayor inversión privada como ocurre en la mayoría de las naciones desarrolladas.

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