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Historia y patrimonio cultural

Agrigento: el valle de los templos

Agrigento, en Sicilia, fue una de las más importantes ciudades de la Magna Grecia. Hoy, en el llamado Valle de los Templos se yerguen los vestigios de una historia que testimonia mitología, filosofía, arte, guerras, destrucción y supervivencia.

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Templo de la Concordia.

La ciudad actual se ubica en la costa sur de Sicilia –Italia-, a 128 km al sur de su capital, Palermo. Fue erigida en el 580 a.C. por colonos de Gela –a su vez fundada por colonos de Rodas- con el nombre de Acragante, a unos 70 km al oeste de esta ciudad y unos 95 al este de Selinunte, sobre una colina que miraba al Mediterráneo y ofrecía cierta protección ante posibles ataques.

Progresó considerablemente en pocos años –bajo la tiranía de Falaris- hasta convertirse en una de las más importantes polis de la Magna Grecia. Como ciudad libre continuó su progreso bajo el gobierno de Terón, acrecentado luego de la invasión cartaginesa de 480 a.C. que la proveyó de esclavos para el cultivo y otras tareas. Se calcula que para entonces contaba con unos 20 mil habitantes.

Estuvo en guerra con Siracusa hacia el 445 a.C.m lo que le valió una gran derrota. Nuevas intervenciones cartaginesas en Sicilia provocaron un asedio de ocho meses a la ciudad y su posterior conquista, que culminó con el asesinato de muchos de sus ciudadanos y la emigración de otros a Gela. La urbe fue destruida e incendiada en 405 a.C. Años más tarde sus antiguos habitantes volvieron, pero la urbe no se recuperó ni volvió a tener el esplendor de otras épocas. La hegemonía de la isla estaría en manos de Siracusa. 

En el siglo III a.C., Agrigento fue saqueada por los romanos –que convirtieron en esclavos a unos 25.000 ciudadanos- y luego nuevamente por los cartagineses. Durante la Segunda Guerra Púnica, de 218 a 201 a.C., padeció asedio y destrucción por parte de los dos bandos contendientes. Quedó finalmente bajo el control de Roma, que la habitó con gente de otras ciudades y recibieron la ciudadanía romana. 

Con la caída del imperio, Agrigento estuvo bajo el poder de los ostrogodos, bizantinos y normandos. A pesar de todas las vicisitudes sufridas, la ciudad siempre se mantuvo en pie. El poeta griego Píndaro (518 – 438 a.C.) la definió como ‘la ciudad más bella de los mortales’. 

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Empédocles de Agrigento.

Empédocles de Agrigento

Una de las razones de la trascendencia de esta ciudad hasta nuestros días es que fue la cuna del filósofo y poeta Empédocles –discípulo de Pitágoras y Parménides, también destacado como médico que realizaba curaciones mágicas y profeta. Nació en el seno de una familia acomodada y participó en política, ocupando cargos públicos de importancia. Sin embargo, vivió varios años en el exilio, y sobre su muerte se dice que se habría suicidado arrojándose al volcán Etna, para luego ser venerado como un dios.

Las obras que han perdurado son “Políticos”, “Tratado sobre la medicina”, “Proemio a Apolo”, el poema “Sobre la naturaleza de los seres” –solo 450 versos de un total de 5.000-, y “Purificaciones”. Filosóficamente, planteó la necesidad y perennidad del ser, que debe conciliarse con el devenir y el transcurrir del todo. Sostuvo que hay cuatro principios constitutivos de todas las cosas: agua, aire, tierra y fuego, que se combinan en distintas proporciones para formar todas las cosas. 

Plantea además que el continuo cambio es provocado por dos fuerzas cósmicas: el Amor –Eros- y el Odio –Polemos-. El primero une los cuatro elementos y los armoniza; el segundo los separa y tiende al caos. Esta contienda, según Empédocles, es cíclica y permanente, y origina los múltiples  seres del mundo físico. 

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Mapa del sitio.

El sitio arqueológico

La ciudad se levantó en una meseta cerca del mar, protegida al norte por las colinas Rupe Atenea y Colle di Girgeti, rodeada por los ríos Akragas e Hypsas, en cuya desembocadura se ubica el puerto –actual San Leone-. Hoy, la ciudad se encuentra a unos 2,5 km al norte de la antigua. 

Poseía además un sistema defensivo: una serie de muros que seguían la topografía del lugar y dificultaban el ingreso, con una longitud de unos 12 km, según lo relatara el historiador griego Polibio. Estas fortificaciones tenían 12 puertas, de las cuales los arqueólogos pudieron identificar nueve: dos hacia el este, tres hacia el sur, una al oeste, dos al noroeste y una al norte. La puerta V, que da al sur, fue una de las más importantes, pues dirigía directamente al gran santuario de las divinidades ctónicas, atravesado por una calzada que se conectaba con la puerta II y era defendida por dos torres. 

El conjunto arqueológico comenzó a construirse hacia el 580 a.C., y es anterior al de otras ciudades de la Magna Grecia. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1998. 

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Templo de Hércules.

Los templos

El conjunto consta de siete templos dedicados a distintos dioses, aunque en algunos casos no se conoce con exactitud a cuál de ellos. El templo de Juno se ubica al este, en el promontorio rocoso más alto del sitio. Es de estilo dórico, cuenta con una base de cuatro escalones, y consta de seis columnas en las partes anterior y posterior y trece en los lados. Presenta signos de destrucción y posterior reconstrucción.  

El llamado Templo de la Concordia es uno de los mejor conservados de la antigua Grecia. Se lo llama así por una inscripción en latín del siglo I d.C. que reza “Concordia degli Agrigentini”. Su estilo es dórico, con base de cuatro escalones y seis por trece columnas. Dentro se observan un hall de entrada, una celda y un compartimiento trasero. Se presume que se transformó en iglesia cristiana a finales del siglo VI d.C.

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Museo.

El Templo de Hércules es también de estilo dórico, se levanta sobre una base de tres escalones, y posee una estructura de seis por quince columnas. En su interior hay un vestíbulo, la celda y un compartimiento. El techo estaba decorado con canaletas en forma de cabezas de león. A principios del siglo XX sufrió numerosas restauraciones. 

El Templo de Júpiter Olímpico –Zeus- fue uno de los mayores templos dóricos griegos, aunque nunca llegó a ser completado. Se apoyaba sobre una base de cinco escalones, con siete por catorce columnas, que se estima tenían una altura de 18 m. En el exterior se levantaban enormes figuras de gigantes –Telamones- de unos ocho metros, y esculturas que representaban la lucha entre dioses y gigantes, y al oeste la toma de Troya.

Del templo dedicado a Vulcano-Hefesto quedan pocos restos, pero se sabe que estaba compuesto de seis por trece columnas. Por su parte, el antiguo templo de Deméter fue incorporado a la iglesia de San Biagio, construida por los normandos.   

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Templo de Hércules.

Otros restos

Además de los templos mencionados, otros sitios completan el conjunto monumental. La Necrópolis Paleocristiana data de los siglos III y VI d.C., y se ubica entre los templos de Juno y Hércules. Se observan actualmente unas 130 tumbas de caja trapezoidal que se extienden por la explanada que rodea el templo de la Concordia. 

La Gruta de Fragapane es una catacumba compuesta de pasillos y pequeñas cámaras sepulcrales con nichos en las paredes y tumbas excavadas en el suelo. Hay además pequeñas salas funerarias ubicadas en la llamada Via dei Sepolcri. 

Cabe mencionar también la Necrópolis de Giambertoni, compuesta por tumbas de piedra caliza y sarcófagos esculpidos. La Tumba de Theron –nombre que se  le dio pero no guarda relación con el tirano-, ubicada cerca del templo de Hércules tiene forma de torre y corresponde al período helenístico tardío. 

También vale mencionar un conjunto monumental dedicado al dios de la medicina, Asclepio, enclavado fuera de las murallas griegas. Se sabe que el sitio data del siglo VI a.C., y que adquirió relevancia entre el siglo IV y III a.C. El edificio principal es de estilo dórico, con una celda con escaleras de acceso y un atrio con dos columnas entre las puertas. En el ingreso se encuentran los restos de un altar para sacrificios. 

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Templo de Juno.

El Santuario de las Divinidades Ctónicas constituía un área sagrada dedicada al culto de Deméter y Perséfone; y al norte se levantaron edificios religiosos y altares que datan del siglo VI a.C. El complejo arqueológico se compone además del gimnasio de la época romana; el teatro, de gran estructura, descubierto recién en 2016; el Ekklesiasterion –de forma circular y donde se reunía la asamblea de ciudadanos-; el Oratorio de Falaride; el Bouleuterion –sala rectangular de consejo de los representantes del pueblo-; el Santuario Helenístico Romano –pequeño templo rodeado de una plaza porticada-; el barrio Romano-Helenístico, de aproximadamente una hectárea, compuesto por veintisiete casas y cuatro ejes viales. 

Gran parte de los objetos encontrados en las excavaciones son expuestos en el Museo Arqueológico Regional “Pietro Griffo”, inaugurado en 1967. Consta de 17 salas que siguen un guión topográfico y cronológico.

El patrimonio cultural

El Valle de los Templos de Agrigento constituye un conjunto arqueológico transcendental para la historia de la Magna Grecia, pues comprende un total de 1300 hectáreas de vestigios históricos de distintas épocas. Allí se encuentran edificios monumentales, como el Templo de Hércules, el más imponente del mundo helenístico.

Presenta un estado general muy cuidado, con una calzada principal con dirección este-oeste, desde la cual se accede a los distintos templos y sitios arqueológicos, con cartelería identificatoria y explicativa –con gráficos- en italiano, francés e inglés, que permiten al público la visita sin necesidad de un guía. Algunos sitios no son accesibles a personas impedidas físicamente y ancianos, y las medidas de seguridad con cercos y cámaras aseguran la preservación. Las distancias a recorrer requieren cierta disponibilidad horaria, pero en sus instalaciones se ubican bares y zonas de descanso. 

Agrigento nos legó la literatura y la filosofía de Empédocles como patrimonio intangible, pero todo el conjunto constituye un patrimonio cultural de suma  importancia para comprender la historia de una ciudad griega destruida y conquistada en muchas oportunidades, y que aún pervive atesorando un acervo testimonial que conjuga las culturas que allí se asentaron por más de veinticinco siglos. 

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