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Preocuparse por los demás

“Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”. La frase, que pertenece al genio Albert Einstein, viene a colación de la foto que circuló en las últimas horas que muestra la imagen de una refugiada siria que, con tristeza en el rostro, se despide de una vecina en Dinamarca, después de que las autoridades danesas la obligaron a abandonar su casa para ir a un centro de deportación.

Según el diario danés Sjællandske Medier, que publicó la foto, las protagonistas de la historia son la mujer siria Asmaa Al Notour, quien se despide entre lágrimas de su vecina, Gerda Pedersen, de 92 años, que a su vez le extiende la mano desde la ventana de su casa.

“¿Por qué tienen que irse? Es una familia muy amable. Me han hecho obsequios y he probado su comida árabe varias veces”, dijo Pedersen al periódico, sin ocultar su preocupación por el duro momento que viven cerca de 500 sirios que fueron obligados a dejar sus hogares y trasladarse a los centros de deportación.

La situación de los refugiados sirios en Dinamarca cambió drásticamente en marzo pasado cuando el gobierno socialdemócrata de la primera ministra Mette Frederiksen decidió dar marcha atrás con los permisos de residencia otorgados a personas refugiadas procedentes de Siria al considerar que hay áreas de Damasco que ya son seguras.

La foto tiene una enorme carga simbólica, porque representa algo más que su significado inmediato: Dinamarca fue el primer país del mundo que adhirió a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, que promueve los derechos de estas personas y las obligaciones de los estados con respecto a ellas.

El giro que dio el país nórdico en materia de asilo e inmigración no sorprende a quienes vienen alertando de que en algunas naciones desarrolladas hay sectores que exacerban los sentimientos antiinmigrantes.

No es casual que días atrás los ministros del Interior de Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia, Eslovaquia y de Dinamarca hayan enviado una carta conjunta a la Unión Europea para pedir a esa entidad que financie la construcción de muros para evitar el ingreso de inmigrantes. Pero eso no es todo. Una investigación periodística internacional reveló la existencia de grupos organizados que atacan a golpes a inmigrantes en las fronteras para impedir que ingresen en la Unión Europea.

En septiembre pasado, con motivo de celebrarse la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Papa Francisco abordó este complejo asunto y llamó a “un mundo cada vez más inclusivo”, es decir, un mundo en el que las personas sientan preocupación por lo que le sucede al otro, especialmente si eso otro es alguien que se encuentra en una situación de vulnerabilidad.

“Es necesario caminar juntos sin prejuicios y sin miedos, poniéndose junto a quien es más vulnerable”, remarcó el sumo pontífice. No fue la primera vez que el jefe de la Iglesia Católica se refería al tema. En rigor, es uno de los asuntos centrales en la agenda del pontificado de Francisco y es por eso que cada tanto vuelve a insistir en la necesidad de tender la mano a migrantes, refugiados, desplazados, víctimas de la trata y abandonados.

“No cerremos las puertas a su esperanza”, es la frase que emplea el Papa cada vez reflexiona sobre el problema. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, a finales de 2020 hubo más de 82,4 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo, a raíz de persecuciones, conflictos, violencias, violaciones a los derechos humanos o acontecimientos que alteraron gravemente el orden público. Preocuparse por el bienestar de los demás es, de alguna manera, fundamental para la vida en comunidad. La antropóloga estadounidense Margaret Mead aseguró que “ayudar a alguien a atravesar la dificultad es el punto de partida de la civilización”.

“La civilización es una ayuda comunitaria”, agregó al responder la pregunta de una estudiante que quiso saber cuál era la primera señal que daba cuenta de la existencia de una sociedad compleja. Ojalá que esta reflexión sirva para hacer crecer la solidaridad y el respeto por los demás también aquí, en nuestra provincia.

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