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Mariana Alegre

columnista

El enojo: cohete o bomba

No puedo enojarme; es decir me enojo, pero no puedo expresar mi enojo como debe ser. Sí, me pregunté lo mismo que están pensando, queridos lectores ¿cómo “debería” expresar el enojo?. En mi caso, mayormente lo guardo. Pero, el enojo, como con cualquier emoción es necesario poder expresarla, sin llegar al otro extremo: la ira o la violencia. 

Para el investigador, Calixto González jefe del Departamento de Neurobiología de la Dirección de Investigaciones de Neurociencias del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, México “es normal enojarse por 30 o 40 minutos y resulta benéfico porque nos vuelve competitivos, pero cuando dura más de cuatro horas entonces se vuelve patológico y es nocivo para el cerebro”.

En estos momentos, en los cuales la frase “la gente está cada vez más violenta”, hablar de enojo parece echar nafta al fuego. Pero, no solo debería ser fácil hablar de salud mental, amor, empatía, entre otros. El enojo, es también una emoción, y quizás una de las más complejas de gestionar. Hablar del enojo, poder identificarlo y aprender a expresarlo, quizás sea un camino necesario, en estos tiempos en los cuales la violencia se expresa en todos los ámbitos. 

Pero, en esta oportunidad vamos a empezar por nosotros. ¿Se hicieron algunas vez esa pregunta?: ¿Cómo gestionan el enojo?. Yo no me la había hecho, hasta que la psicóloga me llamó la atención sobre el hecho de que no podía expresar mi enojo. Debo confesar que no me pasó por la mente que exista una forma “buena” de expresar el enojo. Pensaba que la única vía era estallar, como un volcán. 

¿Qué pasa cuando un volcán entra en erupción?: En el interior del volcán hay roca líquida con una temperatura muy, muy alta -ente los 700 y los 1500 grados Celsius-, la cual busca la manera de salir. Pero claro, ¿cómo estalla y por qué?, es decir, ¿por qué »despierta» un volcán?. Resulta que en su interior se van acumulando gases y roca fundida haciendo que el magma, el cual está a varios kilómetros de la superficie, vaya ascendiendo debido a la presión. Al hacerlo, funde las rocas que encuentra a su paso, sumando así más presión. Finalmente, cuando ya “no puede más”, es cuando estalla de forma más o menos violenta dependiendo de las características del volcán, expulsando cenizas y polvo a la atmósfera, mientras deja su particular rastro también por los pueblos o ciudades que estén a su alrededor*.

Según la APS (Asociación Americana de Psicología, por su siglas en inglés) las personas utilizan una diversidad de procesos conscientes e inconscientes para lidiar con sus sentimientos de enojo. Las tres reacciones principales son expresar, reprimir y calmarse.

Expresar sus sentimientos de enojo con firmeza pero sin agresividad es la manera más sana de expresar el enojo. Para hacerlo, debe aprender cómo dejar en claro cuáles son sus necesidades y cómo realizarlas sin lastimar a otros. Ser firme no significa ser prepotente ni exigente; significa respetarse a sí mismo y a los demás.

Otra manera de abordar esta reacción consiste en reprimir el enojo y después convertirlo o redirigirlo. Esto sucede cuando usted contiene su enojo, deja de pensar en ello y en cambio se concentra en hacer algo positivo. El objetivo es inhibir o reprimir su enojo y convertirlo en una conducta mucho más constructiva. Pero, en este último punto. Que es donde me encuentro, resulta que “El peligro en este tipo de respuesta es que no le permite exteriorizar su enojo, pudiendo quedarse en su fuero interno. El enojo que queda en su fuero interno puede causar hipertensión, presión arterial elevada o depresión”. 

En mi caso particular, el guardar el enojo me envenena, literalmente, con exceso de cortisol, y pone en riesgo mi corazón con el aumento de la presión arterial. Es decir, me estoy lastimando el cuerpo y la mente, mejor dicho también estoy poniendo riesgo mi cerebro. 

La APS también explica que el enojo no expresado puede generar otros problemas. Puede conducir a expresiones de ira patológica como por ejemplo, conducta pasiva-agresiva (desquitarse con las personas indirectamente, sin decirles el motivo, en lugar de hacerlo de frente) o una actitud cínica y hostil duradera. Y aquí podemos pasar, como el semáforo de verde a rojo, pasando por el amarillo. Desde no poder establecer relaciones saludables, a la expresión física de la violencia.

La APS pone una última forma de gestión del enojo que es calmarse interiormente. Esto significa no sólo controlar su conducta externa sino también controlar sus respuestas internas, siguiendo los pasos para reducir su ritmo cardíaco, calmarse y dejar que los sentimientos pasen.

En la teoría, todo es práctica. Aunque continúo sin saber expresar mi enojo, pude identificar que no lo estoy gestionando, eso –para mí- constituye un avance para buscar la forma correcta para mí y  para los demás, de hacerlo. 

El enojo puede ser a veces, bien gestionado una forma de hacernos reaccionar, darnos herramientas para mejorar nuestra salud y conducta, pero, utilizando esta frase de Gil Schwartz “el enojo es un combustible. Necesitas combustible para lanzar un cohete. Pero si todo lo que tienes es combustible sin ningún mecanismo interno para dirigirlo, no tienes un cohete. Tienes una bomba”.

*metereologiaenred.com