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Cuerpos reales versus retoque fotográfico

El abuso en el retoque de las imágenes, especialmente de cuerpos humanos, que son utilizadas con fines publicitarios genera polémica en todo el mundo. Quienes están a favor de esa técnica argumentan que solo se trata de una pieza artificial que busca atraer la atención del público para vender un producto. Pero quienes la critican advierten que refuerzan la idea de cuerpos que en la vida real no existen y que esa manipulación tiene un efecto negativo sobre todo entre adolescentes y niños.

La discusión sobre este asunto volvió a atraer la atención de la opinión pública, o al menos de una parte de ella, al conocerse documentos internos de la empresa Facebook que revelaron que su popular aplicación de fotografías Instagram es nociva para un tercio de las adolescentes que lo utilizan. Así se desprende de estudios realizados dentro de la misma compañía que concluyeron que esa aplicación “empeora el problema de imagen corporal de una de cada tres usuarias adolescentes”.

Esa información, catalogada como confidencial por Facebook, fue dada a conocer el diario estadounidense de economía y negocios The Wall Street Journal que tuvo acceso a documentos internos de la empresa propiedad de Mark Zuckerberg que alertaba que sus redes sociales son tóxicas, especialmente para las adolescentes. Se supo después que esos documentos fueron filtrados a la prensa por la ex directora de producto de Facebook y experta en big data, Frances Haugen, quien denunció que altos directivos de esa compañía tecnológica no ignoraban que sus productos hacen muy poco para detener los mensajes de odio y dañan la salud mental de los niños.

En Francia esta semana un grupo de mujeres presentó una denuncia ante la justicia contra organizadores del célebre concurso Miss Francia, señalando que incurre en una práctica discriminatoria al establecer como regla que las candidatas a participar de ese certamen deben medir al menos 1,70 metros, ser solteras y representar un ideal de belleza que niega por completo la diversidad corporal que existe en todas las sociedades. En rigor, todos o casi todos los concursos de ese tipo se apoyan en estándares que están muy lejos de los tamaños y formas corporales de la vida real. El problema es que, además, esos estándares por lo general se trasladan al mundo de la moda y a la cadena de comercialización de prendas de vestir donde durante mucho tiempo predominó la idea del “talle único”, una simplificación que facilitó la confección a gran escala pero que dejó al margen a la mayoría de la población que no se encuentra reflejada en los en esos cánones fijados por la industria.

Para cambiar esa mirada, en nuestro país se aprobó la ley nacional 27.521, también conocida como Ley de Talles, que se reglamentó en junio y que establece que la ropa para personas mayores de 12 años debe ser fabricada, confeccionada y comercializada siguiendo el Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria (Suniti), elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y cuyos talles estarán estandarizados según las medidas corporales de la población argentina, que surgirán del estudio antropométrico que se puso en marcha con el fin de fijar un nuevo estándar.

Según informa el INTI, el denominado Estudio Antropométrico Nacional Argentino tiene por objetivo definir la forma y dimensiones actuales y propias de los cuerpos que conforman la población argentina. El resultado del estudio servirá para elaborar la primera base de datos de medidas antropométricas con alcance nacional y, además, permitirá contar con las Tablas de Medidas Corporales de los habitantes. De esta forma, aseguran, se podrá alcanzar una mejor comprensión acerca de los tamaños y formas corporales humanas argentinas.

El INTI ya relevó aproximadamente el 60 por ciento de la muestra con la novedosa tecnología de escaneo corporal en tres dimensiones (3D). Para ello trabaja sobre un muestreo representativo para los estratos de la población definidos por sexo/ género, grupo etario y región del país.

Este es un tema que debe ser abordado en los establecimientos educativos, con debates en las aulas que alienten una mirada crítica sobre ciertos estándares de belleza que, en rigor, no son otra cosa que imposiciones arbitrarias que generan frustración y malestar en las personas.