Trabajar con otros
Como ya se ha señalado en este espacio, los Cuidados Paliativos constituyen un abordaje holístico que busca mejorar la calidad de vida de los pacientes (adultos y niños) y sus allegados cuando afrontan problemas inherentes a una enfermedad potencialmente mortal.

Para este cuidado integral se promueve el trabajo en equipo, el diálogo y el entrecruzamiento de diversas disciplinas, por lo que resulta interesante abordar algunas de las posibilidades de la Interdisciplina.
En la actualidad, el abordaje multidisciplinario es la práctica más habitual en los servicios de salud. Un mismo paciente es asistido por varios especialistas, pero entre ellos se mantiene un contacto mínimo, muchas veces solo a través de lo registrado en la historia clínica. Así es como los tratamientos son planteados desde la propia disciplina, sin tener en cuenta las otras intervenciones, generando multiplicidad de problemas para el paciente, como por ejemplo la polifarmacia (uso simultáneo de 5 o más fármacos), la repetición de estudios complementarios, no considerar las dificultades en el acceso a la salud, los mensajes contradictorios, el fracaso de acciones y estrategias profesionales; y en gran porcentaje insatisfacción con el sistema asistencial.
Sin embargo, en el enfoque interdisciplinario se pone el acento en la comunicación entre las disciplinas y los profesionales actuantes, construyendo una mirada en conjunto sobre el paciente, no sólo sobre los síntomas del sujeto que consulta. Cada profesional, desde su saber, aporta al diálogo, generándose una visión amplia, abarcadora e integradora de los diferentes aspectos del paciente y su dolencia.
Esta visión de atención integral centrada en el paciente y no en su patología habla de la persona en situación: inmersa en la red familiar individual y en el macrocontexto cultural, en una sociedad exigente y cambiante. Habla de un movimiento que va desde trabajar centrándose en el objeto de un campo disciplinar al trabajo de centrarse en la idea de abordaje de problemas que no se presentan como objetos necesariamente encasillados sino como demandas complejas.
Es decir, no se trata de que cada uno se encargue de su dimensión del problema, de su pedacito del problema que condice con su campo disciplinar, sino que se reconozca la “incompletitud” de la propia profesión para dar cuenta del problema y que se configure una articulación de los distintos conocimientos para lograr una construcción conceptual común del problema que metódicamente permita encontrar una estrategia de abordaje (Stolkiner).
No se trata de una suma de tratamientos, sino de un tratamiento pensado, diseñado para el paciente. Esto significa que lo interdisciplinario no es un encuentro casual entre disciplinas, implica condiciones para que pueda suceder, no es juntarse todos un ratito y hablar cada uno. No se define por componerse de diferentes profesiones. No es un collage con un poco de trabajo social por aquí, otro de psicología por allá, de enfermería por ahí y de medicina más acá. La interdisciplina requiere de actividades productivas y de reflexiones compartidas; de trabajo sostenido y metódico. Implica interacción, cooperación y circularidad entre las distintas disciplinas a través de reciprocidad. Hay intercambio de métodos, instrumentos y técnicas.
Ahora bien, ¿cuándo y por qué surge la interdisciplinariedad? Se puede decir que entendida como movimiento académico e intelectual se desarrolla con más énfasis en las últimas décadas; no obstante, se trata de un fenómeno que surge a partir de los cuestionamientos filosóficos de la ciencia del siglo XX, donde la ciencia experimental por sí sola se ve en problemas al explicar fenómenos tan complejos como el hombre o el Universo. Por otra parte, la interdisciplina aparece frente al enorme crecimiento del conocimiento disciplinar que deviene en especialidades (en las que “se sabe mucho de poco”) y los riesgos que las mismas conllevan, como bien lo señala el profesor Edgar Morin: “Sin embargo, la institución disciplinaria entraña a la vez un riesgo de hiperespecialización del investigador y un riesgo de cosificación del objeto de estudio, donde se corre el riesgo de olvidar que esto es extraído o construido”.
Así es como la interdisciplina surge como un intento de resolver el problema de la fragmentación de la especialidad. Alicia Stolkiner agrega: “Cuestionar nuestro modelo de Ciencia es cuestionar nuestro modelo de vida. Es cuestionar la posibilidad de la existencia de un Saber Racional (con mayúsculas) neutro, desprovisto de ideologías y de mitos, reverenciable, desapasionado. La ciencia se equivoca, por lo menos, tantas veces como el saber común, dice Feyerabend. Con esta sencilla frase dispara al corazón de uno de los mitos en los cuales se ha sostenido nuestra cultura: el mito del Progreso fundado en la Ciencia Positiva. Aquel que nos prometió el bienestar a cambio de aceptar mansamente que el saber es una cuestión de especialistas, de técnicos… Creemos que hoy sólo se puede desarrollar la ciencia (con minúscula) con una actitud irreverente ante la Ciencia (con mayúscula)... la irreverencia no es el rechazo a la negación, es simplemente el no reverenciar”.
Hacer y pensar interdisciplinariamente implica hacer y pensar con cierta rebeldía, no sólo sobre explicaciones dominantes de la ciencia, de las instituciones y de los grupos profesionales que las integran, sino también sobre las soluciones intentadas por los mismos. En pocas palabras y, para terminar, en un mundo tan complejo y cambiante la interdisciplina se convierte en una posibilidad creativa de trabajar con otros y en un recurso trasformador a la hora de pensar los problemas.
*Licenciada en Psicología - Servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Perrando - [email protected]










