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El problema de la deserción escolar

Aunque todavía no hay datos oficiales de todo el país sobre abandono escolar durante los meses con mayores restricciones por la pandemia, no son pocas las escuelas secundarias que registraron un incremento en el número de estudiantes que no regresaron a las aulas.

De hecho, ese fue uno de los reclamos que escuchó el presidente de la Nación esta semana en una reunión que tuvo con vecinos de una localidad de la provincia de Buenos Aires. Lo que sí se sabe es que se trata de un problema que afectó a alumnos de las familias más vulnerables.

La cuenta oficial de Twitter del presidente de la Nación, Alberto Fernández, subió ayer un video en el que se ve al mandatario escuchando diversos reclamos. Allí, una vecina expresa su preocupación por la deserción escolar que observa en su localidad.

“Es un gran problema”, dijo la mujer. Todo indica que el abandono está presente en casi todas, por no decir todas, las jurisdicciones del país. En Neuquén, un informe de la Dirección de Estadística y Censos de esa provincia reveló que tienen 6.000 alumnos menos que antes de la pandemia; mientras que en Salta, más de 8.300 estudiantes abandonaron la escuela secundaria en los últimos meses del año pasado, aunque se informó que se logró reincorporar a casi 4.500 alumnos mediante un programa de acompañamiento, que también se puso en marcha aquí en la provincia para localizar a alumnos que desertaron e iniciar un proceso de revinculación.

En rigor, la pandemia agravó los problemas generados por las enormes desigualdades sociales que se observan en todos los rincones del país y que también impactan en el proceso de enseñanza aprendizaje; y que, dicho sea de paso, es uno de los mayores retos que enfrenta el sistema educativo.

En un contexto en el que las desventajas sociales y económicas son una verdadera barrera para acceder a la educación, la sola incorporación masiva de niños, adolescentes y jóvenes a las aulas es un requisito necesario pero no suficiente para avanzar con el objetivo de promover la igualdad de oportunidades.

Es necesario diseñar y aplicar nuevas estrategias para revincular a los estudiantes que dejaron de concurrir a las aulas, teniendo en cuenta que es sumamente importante que se respeten las particularidades de cada región del amplio territorio nacional.

Un trabajo publicado por Juan Cruz Perusia, investigador principal de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) observa que antes de la irrupción de la pandemia, 95 de cada 100 adolescentes y jóvenes, con edades que van desde los 12 hasta los 17 años, inclusive, asistían a establecimientos educativos en los grandes centros urbanos del país. Pero solo siete de cada diez alumnos completaron sus estudios de nivel secundario.

Según el autor de ese trabajo, profundas desigualdades en el sistema demuestran que en el segmento de más altos ingresos son nueve de cada diez jóvenes los que completan el ciclo, mientras que en el grupo que se ubica en 20 por ciento de ingresos más bajos la cifra cae a solo cuatro de cada diez.

“Más que una decisión ante un evento puntual, el abandono escolar es el resultado de un proceso en el que intervienen múltiples factores: del individuo, de su familia, de la escuela a la que asiste y del contexto más general. Durante este proceso de exclusión, que culmina en la desvinculación de un o una estudiante de la escuela, la persona tiene una escolarización lábil y precaria que la ubica en una situación de exclusión latente, potencial o silenciosa, según la terminología utilizada por Unicef y Unesco”, explica Perusia.

En otro trabajo, también del Cippec, titulado “Ser (o no ser) estudiante en la Argentina: ¿qué representa este 21 de septiembre para las y los jóvenes del país?”, Alejandra Cardini e Iván Matovich aportan una valiosa reflexión.

“Las desigualdades estructurales que atraviesan a la sociedad y el impacto de la pandemia definen oportunidades y recorridos disímiles. Ser adolescente hoy en nuestro país no implica necesariamente ser estudiante. Y aún para quienes alcanzan el último año del secundario, la trayectoria y los aprendizajes obtenidos son muy distintos”, observan. Frente a esta difícil realidad es necesario que los esfuerzos del sistema educativo también estén orientados a reincorporar a aquellos estudiantes que, por distintas razones, dejaron de concurrir a las aulas.