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CARTAS DE LECTORES

Los autores que hablaron acerca de la Masacre de El Zapallar de 1933

Por Ivonne Reynoso Bonfanti*

Días pasados analizábamos en una nota publicada en este diario (22/09/2021, página 10) algunas fuentes acerca de los hechos conocidos como la Masacre Indígena de El Zapallar de 1933. 
Presidía el país por entonces el militar del Partido Radical, Agustín Pedro Justo, en la época conocida posteriormente como la Década Infame por los hechos de corrupción e ignominia que la caracterizaron. Juan Vrillaud era el gobernador del Territorio de Chaco en ese momento.
Ahora queremos dedicar una mención breve a los escritores que en diferentes momentos y circunstancias contextualizaron en temas determinados, relacionaron, promovieron, construyeron hechos o hicieron contribuciones al tema en cuestión.
Edgardo Cordeu y Alejandra Sifredi son dos autores argentinos que mencionaron el tema en el contexto de la religiosidad indígena y de los fenómenos de sincretismo y de la doctrina del Milenarismo; todo desde la visión disciplinaria de la Antropología y desde la especialidad de la espiritualidad. El libro de referencia se llama Desde la Algarroba al Algodón editado en 1971.
Rolando Sánchez fue un maestro y escritor indígena del pueblo qom quien aportó testimonios de descendientes de los sobrevivientes de la época de Natoxochi y de los acontecimientos de El Zapallar, Pampa del Indio y Napalpí de aquella época en el libro bilingüe Historia de los Aborígenes Qom contada por sus ancianos Da na’aqtaguec nam Qompi de 2009.
Rubén Guillón es un político chaqueño, quien diseñó (junto con Orlando Charole) y promocionó la Ley 7403 de la CDPCH que indica el día de duelo en la provincia el 9 de septiembre de cada año, la prescripción del izamiento de las banderas a media asta y el recordatorio en el Árbol Histórico que se cree fue testigo de los acontecimientos, el cual se halla en la intersección de las Avenidas Pioneros y Bicentenario de la Patria de la localidad de General San Martín, otrora El Zapallar.
En los fundamentos de la ley mencionada, Guillón cita a los siguientes escritores a los cuales nosotros no hemos accedido de manera directa ni a sus fuentes y son Barreto, historiador chaqueño y Ubertalli, un escritor de Buenos Aires.
Juan Chico fue un militante qom de la causa Napalpí —como el mismo se percibía—, que hizo aportes a la difusión de la Masacre de El Zapallar, al contexto de genocidio indígena y sus posteriores consecuencias. Junto con su equipo de trabajo detectó la existencia de un sobreviviente de las Masacres de Napalpí y de El Zapallar, respectivamente, de nombre Pedro Balquinta, quien falleció en 2015. Pudo intercambiar solo algunas palabras con él debido a su avanzada edad, pero logró un testimonio simbólico, significativo para la actualidad y para dar energía al trabajo académico, militante, de reivindicaciones de la cuestión según los casos.
En mi caso —como geógrafa argentina— hago mención a la Masacre de El Zapallar en mi tesis de licenciatura por UNNE, defendida en 2014, un estudio de caso llamado La pobreza desde la perspectiva de la Población. El caso de pobladores Qom en Gral. José de San Martín en 2011. También en el trabajo final de un seminario de la Maestría en Derecho Indígena de la UNR en 2014 de la cual soy maestranda.
Los maestros y alumnos de la Escuela 510 de General San Martín construyeron un mural que conmemora el hecho, en el exterior del edificio escolar en base a un proyecto diseñado por un grupo de profesores de esa escuela. Conocemos el mural, es bello y como centro lo hemos exhibido como imagen de congresos y redes, con el debido permiso amabilísimo de su parte, de la dirección de la institución mencionada.
El Centro de Investigaciones sobre Pueblos Indígenas construyó un mural como parte de las actividades de un Congreso en 2017, con la colaboración monetaria del municipio local y con el diseño y las manos generosas de profesores y alumnos del Instituto Fracchia de la localidad, en la sede del Congreso, el CRES local.
La mención, el análisis, la reflexión de manera académica, escrita y/o artística de hechos de esta naturaleza consideramos que constituyen un aporte (junto con otros elementos) a la reconstrucción de la subjetividad individual y al imaginario colectivo, de tal manera de reconocer el discurso manipulativo estatal en la construcción de categorizaciones y acciones excluyentes y discriminatorias de los pueblos indígenas.

(*Geógrafa por UNNE - Coordinadora del Centro de Investigaciones sobre Pueblos Indígenas “Balquinta” de Gral. José de San Martín)

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Felicidades, mamá
(A Martha Martínez de Solís Bonastre)

 
Como siempre te decía, naciste en esta fecha, un 19 de septiembre, “porque cada año traes la primavera entre tus manos”, llenando el mundo de flores, risas, trinar de pájaros, música y alegría. La mejor estación del año en manos de la mejor madre, gran mujer. Todo eso siempre te caracterizó, tu alegría de vivir cada día, de ponerle onda a los momentos más difíciles, de sonreír aún con tus dolores, calmando los dolores de otros. Cuidando a otros. Un ser positivo, creativo como nadie: siempre arreglando tu casa. Tu patio, tus jardines, tus plantas que hoy florecen tanto como ayer, hoy intentamos mantenerlas tan vivas como tu memoria, aún en el dolor que nos provoca tu ausencia física. Todo o casi todo está tal cual lo dejaste, haciendo yo mi humilde aporte mejorando las plantas junto con papá, casi como una forma de cuidarte, de cuidar tu legado. No faltaba en tu cumpleaños la música porque el arte fue y es parte de tu vida. Tu living lleno de cuadros, pinturas, fotos de tus afectos. Amabas la música: el tango, tu pasión; folclore, principalmente el chamamé, la música brasileña. Hasta el rock nacional. Fuiste música: el sábado casualmente, fue el Día del Chamamé; en Baires se celebra el Festival de Tango, (tal vez en tu honor); en casa nunca faltaba la música sonando desde temprano; mediante ella también me enseñaste desde pequeño el amor por las artes, la lectura, los libros. El chamamé: desde Ernesto Montiel hasta las canciones de Pocho Roch (amigo de infancia de papá, en Itatí) y también de grandes cuando lo fueron a ver al Teatro Vera o al Guido Miranda con el viejo (recuerdo que les regalé la entrada a ambos, y otra vez los invité a verlos a Vitale/Baglietto en el Guido). Mario Bofill, Los de Imaguaré; te encantaba como tocaba el Gringo Sheridan, el recitado de Julio Cáceres. Al querido Paí Julián Zinni, a quien admirabas y mucho. Justamente te fuiste el mismo año (tal vez Ñande Julián te llevó para cantar sus letras en el Cielo de los Buenos). Tu vida estuvo llena de arte porque el arte es vida, es pasión, es creación. Y vos fuiste una mujer apasionada, creativa, creadora de buenos momentos. Si ibas a Buenos Aires no podía faltar una noche tanguera en San Telmo, acompañada de mi hermana Maru y Pablo: hasta te animabas a subir y cantar. 
En las vacaciones en Brasil adorabas la playa tanto como su música. En Resistencia la Peña Martín Fierro, el Fogón cuando sonaba tango, en la Vaca Atada (que está celebrando sus 30 años) . En la Vaca celebramos uno de mis cumpleaños en compañía de los amigos de Avellaneda, los entrañables Manolo y Mirta, tu hermana del corazón). Al Festival del Chamamé en complicidad de mi hermano Alejandro una madrugada. 
Ya de grande te le animaste a la guitarra, tu guitarra que aún cuelga en un lugar de casa. 
En tus cumpleaños en la Quinta La Ilusión podía faltar cualquier cosa, menos una guitarra, un bandoneón, una acordeona sonando. Y los amigos, siempre.
Siempre fuiste alma y vida. Tu inolvidable cumpleaños 70 en el Lemirson, donde cantaste y bailaste (bailamos, hasta los mozos) como una niña en su fiesta de 15. Esa enorme alegría de vivir que contagiaba a todos. Siempre haciendo amigos, y a la vez siempre solucionando problemas de amigos, familiares, extraños. Tus hijos nos acostumbramos desde siempre a que nuestra casa sea “de todos”, de puertas abiertas a los amigos y familiares. En las buenas y en las otras. Una madre que era de todos “Vayan a ver a doña Martha, hablen con don Tino”, era la palabra que sonaba en el barrio a la hora de solucionar problemas. Y así, como naciste en el mes de la primavera, la juventud, la alegría, te fuiste terrenalmente entre la Navidad y el Año Nuevo, época en que te gustaba vestir, iluminar, decorar, preparar la casa para recibir familia, amigos, vecinos. Pasadas las últimas fiestas, este año, donde estaba el arbolito, sobre esa mesita del living que decidí no quitarla, ahora está tu foto, otras con tus hijos, esposo, amigos. Y plantas, flores, y caracolas (¡te gustaba tanto el mar!). La tortuguita que tenías en tu auto. Y todo nuestro amor. Y de todos los que te quisimos y te quieren. Y te extrañan. 
Hiciste con papá una familia hermosa: el 20 de septiembre cumplieron 57 años de casados, de amor eterno. Tus hijos, mis hermanos Maru y Ale, pero personalmente, siento tanto orgullo cuando alguien me pregunta o dice: “Es el hijo de la señora Martha”. Tanto orgullo que a veces supera la pena. Porque hiciste —hicieron junto a papá, mi viejo— una familia enorme, con miles de hijos del corazón, hermanos, primos, tíos del alma, grandes amigos, fruto del inmenso amor, de un enorme corazón, tu generosidad sin límites. 
Cuando te fuiste le dije a Carlitos Meza "Se fue una de las mejores". El, en profundo abrazo me respondió: "No, Alberto: se fue la mejor". Ese es tu legado infinito. Por eso te digo, en nombre de tu esposo, de mis hermanos, feliz cumpleaños y gracias por todo lo que nos diste y nos das. Porque no fuiste, sos. Porque un ser de luz como vos siempre nos ilumina, está presente. Porque como dijo el Nazareno, el que nació en un establo de Belén, “siempre que haya dos o más reunidos en mi nombre, yo estaré ahí”. Y así será, ahora y siempre. Siempre que haya una juntada, algo para celebrar, allí estarás. Elevamos una plegaria, levantamos nuestras copas y brindamos por tu vida. Por la vida que tanto honraste, con tristeza y alegría, mientras suena un tangazo, un chamamé imaguaré; “No me pidas muchacho que me quede, si en el fondo sabés que no me voy…” 
Ya lo sé mamá, ya lo sé. Siempre estarás en mí. Y en todos los que te amamos.

Tus hijos Maru, Ale, Alberto 
Tu esposo Tino
Resistencia