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Mariana Alegre

columnista

El talento, esa capacidad de aprender

Las redes nos inundan con mensajes sobre el talento. Mayormente, relacionados con parámetros de éxito, lo evaluamos en resultados, pero poco en el proceso. Una persona no posee un único talento, pero si necesita de uno en particular – más allá de lo que pueda “traer desde la cuna”- para adquirir el resto: la capacidad constante de aprender. 

El talento, es considerado por definición una “especial capacidad intelectual o aptitud que una persona tiene para aprender las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad una actividad”. ¿Podemos detectar este talento especial: la capacidad o disposición de una persona a seguir aprendiendo?.

El psicólogo Daniel Goleman, reconocido por su aporte en investigación sobre la inteligencia emocional, señala que “es necesario ser inteligente utilizando nuestras emociones, entender lo que sentimos y por qué es importante cómo se sienten otros”. 

“La atención es la base del aprendizaje”, remarca y se pregunta “¿por qué no enseñamos atención en los colegios?”. Conforme crecemos trabajamos con la mente, y la mente siempre se distrae, explica. 

Xesco Espar, entrenador de balonmano de seleccionados españoles y el Barecelona, dice “creo que el mundo cambia constantemente, y nosotros tenemos que cambiar con el mundo”, y agrega “el cambio en la vida es automático, pero el progreso no. El progreso hay que trabajarlo, por eso ante el cambio, hay dos formas de afrontar las cosas: la primera es adaptarte, esto de ‘la vida me da limones, haz limonada, pero, no, pide sal y tequila. Ya que el mundo cambiar voy a meterme dentro del cambio, voy a ser protagonista del cambio, ahí quiero estar yo”. 

La historia de Xisco, empieza con una gran ilusión como la de todos. Él quería ser campeón europeo de balonmano, con el Barca, y reconoce que “de los malos era el bueno, pero de los buenos…no era bueno”. Tuvo la chance de pasar a entrenar al equipo juvenil, y en esto resalta: “no cambié de objetivo cambié de vehículo”. En lugar de ganarlo como jugador, intentó hacer como entrenador. Estuvo 12 años en ese equipo. Luego pasó a ser asistente del preparador físico del primer equipo, cuando su jefe pasó a ser el preparador físico del equipo de fútbol, le llegó el turno. Cuando Barcelona buscaba fichar el entrenador del primer equipo, Xisco ser armó “de coraje y determinación” para hablar con el presidente del club. Ya había entrenadores de primer nivel en carpeta, y le dijeron que tendría 10 minutos. “El presidente no sabía que yo era entrenador, sino que era el preparador físico. Estuve seis horas preparando la reunión, llegué y le dije vengo a presentarte al Xesco 4.1. Tenía abierto el ordenador y le pregunté verdad que cada año actualizas el Windows, me dice: claro, le digo yo también me actualizo cada año, y que sea antes preparador física no significa que yo no pueda ser entrenador. Al final de una hora, me dijo vas a ser el entrenador el año que viene”

“Entonces quedó en mi la definición de que cada nuevo reto pide un nosotros diferente. La persona que empieza el reto no puede ser la misma que lo acaba”, insiste.

Durante los últimos años se puso muy de moda el concepto mindfulnes o atención plena, todo envuelto dentro del papel de regalo de la meditación. Este entrenamiento de la mente que inmediatamente nos traslada a Buda, terminó siendo para una no- creyente del silencio mental como yo, la llave a encontrar una herramienta que me permita gestionar el stress crónico. No sabía que, en realidad estaría gestionando mis emociones, mi nueva yo, ante cada nuevo momento de mi vida.

No hago yoga, no me levanto a las 4 de la mañana a meditar (me suelo levantar a esa hora por el insomnio). No medito. Durante muchos años me preguntaba en terapia cómo podía recuperar mi antigua forma de ser (esa que yo consideraba la mejor, esa que tenía a los 18 o a los 23 años), para enfrentar cosas completamente diferentes, no solo por la edad y la etapa de mi vida, sino porque el cambio, constante me había transformado no solo el contexto, sino también la mente. 

Entonces, empecé por allí. No solo con buscar una ayuda externa (la psicóloga), sino también tomar estos momentos de atención plena (algo que puede ser más incómodo que viajar en un asiento sin reclinar más de 24 horas) y vaciar mi mente con la escritura. La medicación también fue una ayuda, cuando los profesionales así me lo aconsejaron; pero cada vez que encontré momentos de aprendizaje –fuera de mi zona de confort- mi mente comenzó a transformarse, los cambios se notaron, como pasa con el cuerpo si lo entrenamos, con el tiempo. 

“Tenemos que tener en la cabeza la idea de crecer, porque si tenemos un reto, significa que no estamos aún preparados para romperlo, y nos falta crecer. De ahí viene mi necesidad imperiosa de con cada reto transformar mis habilidades y mi personalidad”, explica Xisco que terminó siendo campeón europeo, varias veces.

La pandemia ha transformado nuestro contexto, nos está transformando, como muchas otras cosas en la vida lo hicieron, y lo harán, pero ese talento: la capacidad de aprender no solo puede servirle a un Messi, Nadal, o Bill Gates. En épocas donde es cada vez más complejo encontrar gente con ciertas habilidades que llenan las listas de ofertas laborales, deberíamos pensar en formar personas que posean el talento transformador de seguir aprendiendo.