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Leonardo Gotleyb

“Descubrir los colores que habitan en el blanco y negro”

 De la mano de este chaqueño, el grabado argentino está entre los mejores del mundo. Hablamos con él poco después de que recibiera una nueva distinción internacional.

En Macedonia del Norte, Leonardo Gotleyb fue galardonado con el Honorary - Special Award for the Development of World Contemporary Art en la décima Trienal Internacional de Grabado 2021 realizada en la ciudad de Bitola. El jurado le otorgó por unanimidad el Premio Honorario Especial por su desarrollo y aporte al grabado contemporáneo del mundo. En charla con Chaqueña, Leonardo dijo que “recibir este premio es una alegría enorme, por el reconocimiento de mis pares, y una mayor responsabilidad para el trabajo y el desarrollo de mi obra”.

Leonardo nació en Resistencia y actualmente vive y trabaja en Buenos Aires. Desde fines de 1987 hasta nuestros días ha sido seleccionado en más de 100 bienales en América, Europa y Asia, donde obtuvo 18 premios internacionales. Es profesor de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), artista visual y curador. Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas.

Comencemos con una de sus más conocidas definiciones: “El grabado es un original múltiple. Esto significa que es posible imprimir más de una estampa, que se numera según su edición y se firma. Todas ellas son consideradas originales”, explica Leonardo. En un mundo que hoy se mueve en colores, el artista destaca las virtudes de esta técnica: “La austeridad del grabado en madera nos enseña a descubrir los colores que habitan en el blanco y negro”.

—¿Dónde y cómo nace tu pasión por el grabado? 

—Nadie ama lo que no conoce. Cierro los ojos y sin hacer mucho esfuerzo comienzan a aparecer los recuerdos de mi infancia en Resistencia, mi ciudad natal. Llegan a mí imágenes con Rogelio Benjamín, o simplemente Kelo, como le decíamos a mi hermano mayor. Con él fabricábamos espadas de madera, arcos y flechas, cochecitos o barcos, según el acuerdo sellado entre ambos, para tirarnos de cabeza a la aventura de una tarde soñada.

En nuestra casa de la Nueve de Julio, del barrio Central Norte o en “La Suiza”, la mueblería de mi papá en la calle de los mil nombres: Libertad, Edison, Antártida Argentina, finalmente Arturo lllia, trabajábamos tenazmente cortando maderas, clavando y pintando nuestros atributos, que como los santos llevábamos en nuestros juegos. En ese acto de construir, creo que se gestó mi gusto por el uso de las herramientas, por la destreza manual y la sensualidad de los materiales. Mi decisión por el grabado en madera o xilografía se la debo a dos grandes artistas, Ricardo Jara y Fabriciano Gómez, dos maestros que ya son leyenda y que residen en el olimpo de los artistas más populares y queridos de la comunidad. Me enseñaron a descubrir el atractivo de la madera y a utilizar correctamente las gubias, el pincel del grabador y el escultor.

—¿Qué tiene de singular el grabado como expresión artística? 

—El grabado, como todo lenguaje artístico posee una especificidad, que lo conforma y lo reviste de una particular identidad. Una de sus más conocidas definiciones dice que “El grabado es un original múltiple”. Esto significa que es posible imprimir más de una estampa, que se numera según su edición y se firma. Todas ellas son consideradas originales. Para que esto ocurra debe existir una matriz. Si la matriz está hecha en madera, estamos ante una xilografía; si la matriz es de piedra, nuestro grabado se va a llamar litografía; si la matriz es de metal, aguafuerte o aguatinta. Por lo tanto, una de sus características más relevantes es la posibilidad, al igual que en la fotografía, de realizar varios originales numerados y seriados. Esto nos permite entre otras cosas multiplicar la imagen, haciendo que la obra de arte llegue una mayor cantidad de personas o instituciones artísticas.

—¿Cuáles son las fuentes de inspiración para hacer tus grabados? 

—“Mi última serie surge a partir de un hecho trágico para los argentinos y el mundo, el atentado terrorista contra la Embajada de Israel en Buenos Aires. Sentí un deseo irresistible de registrar el hecho en mi obra, no de manera morbosa, sino como el ejemplo más acabado del odio irracional: hierros retorcidos, restos de paredes y columnas, derrumbe. El hombre desaparecido, tragado por esa garganta de escombros, sin poder develar el misterio de lo acontecido. Así nace la primera obra de esta serie, “Testigos silenciosos”. De ahí en más orienté mí búsqueda a estos restos arqueológicos urbanos, monumentos de la ciudad cosmopolita. Autopistas en construcción, edificios abandonados que como un animal prehistórico perdieron su piel, dejando visible su esqueleto. 

Luego orienté mi producción con una nueva premisa: “Construir a partir de la destrucción”. Es una mirada ecológica sobre aquellas ciudades que dan la espalda a la naturaleza, paisajes post industriales o grandes ciudades que crecen en forma desmedida. Un alerta para generaciones presentes y futuras sobre cómo cuidar nuestro planeta, que de manera irresponsable ponemos en peligro cotidianamente. A través de mi obra intento reflexionar sobre estos temas y otras cuestiones que tienen que ver con nuestra existencia y el frágil equilibrio entre hombre y naturaleza.

—¿Qué obra estás desarrollando o trabajando en estos momentos? 

—En esta última etapa estoy investigando con esculturas lumínicas. Son grabados llevados a la tercera dimensión. Trabajo con hierro de la construcción, radiografías impresas y luz led.

—Desde fines de los 80 participás en Bienales en todo el mundo, ¿por qué es importante habitar en estos espacios? 

—El corpus de mi obra, como toda producción artística, tiene un discurso, una poética que nos ocupa y todos los caminos para hablar de ello son válidos. Aunque existen muchos circuitos para exhibir la obra de arte, las bienales, los concursos internacionales de gráfica, así como los simposios de escultura son una excelente plataforma que permite expresarnos y hacer conocer nuestra obra en el mundo. La participación en estos foros del arte te vinculan con tus colegas, con las instituciones, los museos y universidades. Esto me hizo ver que tenemos un lugar importante en el mundo del arte contemporáneo. Además, los premios son estimulantes, pero la mayor satisfacción está en la posibilidad del trabajo cotidiano. En aquello que se convirtió en nuestra forma de vida, en ser respetuosos de nuestras pasiones.

—El Museo de Bellas Artes ya tenía una obra tuya en su patrimonio, ¿cómo y porque decidiste donar otra al MuBa? 

—El MuBa es una institución muy querida y respetada en nuestra provincia, nacida por el esfuerzo de muchos que lucharon por su creación. Al respecto quisiera mencionar que hay un antes y un después desde la dirección de la licenciada Myriam Romagnoli. El museo posee varias obras mías de diferentes períodos, por eso ofrecí “Transbordador”, xilografía de 2017, una obra icónica de mi última producción, a su actual directora, la doctora en Artes Andrea Geat. Me siento muy honrado de que el Museo acepte esta obra en homenaje al Transbordador Nicolás Avellaneda de La Boca, suerte de Torre Eiffel argentina, por su grandiosidad y por ser testigo de una época de esplendor de nuestro país.

—Cuando comenzamos a charlar me dijiste que tenías puesta la camiseta del Chaco. ¿Dónde hace pie ese amor a esta tierra? 

—Mi obra me hizo vivir experiencias inolvidables, recorrer el mundo y conocer ciudades increíbles. Como dictar un taller de grabado en Fuendetodos, a escasos kilómetros de Zaragoza, en el mismísimo pueblo donde nació y pasó su infancia Francisco de Goya. También me permitió realizar una exposición junto a David Hockney, organizada por la prestigiosa Bienal Internacional de Grabado de Ljubljana, Eslovenia, con motivo de haber ganado ambos el Gran Premio y el Primer Premio, respectivamente. Acompañando su inauguración en el mítico Cankarjev Dom, centro cultural y de convenciones que lleva el nombre del mayor poeta, ensayista y dramaturgo del siglo XX de dicho país. 

O cuando con un seleccionado de primeras figuras del arte argentino inauguramos la muestra “La otra Cara - Das anderest gesich”, en Kassel, en la sala del centro de investigaciones de la emblemática Documenta, junto a Ana Eckel, Alicia Díaz Rinaldi, Gabriela Aberastury, Diana Dowek, Hernan Dompe, Eduardo Hoffman, Sara Facio, María Elena Wash y un grupo de artistas y escritores alemanes entre los que figuraba su organizador, Wolfgang Luh. De ese viaje tengo uno de los recuerdos más hermosos, cuando nos alojamos en el hotel y todos sentados en el cuarto de María Elena, ella nos leía sus poemas mientras brindábamos con sekt por su cumpleaños. Desde la ventana, los hermanos Grimm escuchaban atentos y nos saludaban con cómplices miradas de bronce.

Pero si tengo que elegir un momento superlativo de mi actividad artística, debería mencionar la inauguración de mi escultura “Tótem urbano”, en el corazón de Resistencia, en el parterre de avenida Las Heras casi Castelli, frente a la entrada a la Universidad de Arquitectura de la UNNE. Aquella oportunidad fue maravillosa, con la presencia de familiares, amigos y las máximas autoridades de la UNNE, de la Fundación Urunday, de la municipalidad y la provincia. Todos rodeaban a mi madre, Regina Galanternik, sentada en plena avenida presidiendo el acto del emplazamiento de la escultura número 533 de la Ciudad de las Esculturas.

—¿Qué cosas de esta tierra sentís que todavía viven en vos? 

—El Chaco me configuró, me construyó, me aportó identidad, nacida de un paisaje agreste con una vegetación exuberante y una fauna característica de esta tierra caliente regada por un río que la protege. Soy heredero de la cultura recibida de una familia judía de inmigrantes y de pueblos originarios ricos en conocimientos ancestrales, plagada de saberes, de mitos y leyendas. Todo esto vive en mí. Soy eso y todo lo contrario.

Topografía Urbana

En el Museo Provincial de Bellas Artes René Brusau, en la sala de Patrimonio, se exhibe una obra de Leonardo Gotleyb que lleva por título “Topografía Urbana” (1994). Cabe señalar que la misión del MUBA es investigar, conservar y difundir el patrimonio artístico de la provincia y la región. Por ello trabaja en la exposición de obras de artistas de la región con el objetivo de difundir parte del patrimonio de la provincia a través de distintas vías oficiales. La obra de Gotleyb puede ser visitada en el Museo, en La Casa de Las Culturas.

Tótem Urbano

Para ver una obra de Leonardo Gotleyb en Resistencia, además de visitar el Muba, también se puede ir a las avenidas Las Heras y Castelli, en cuyo parterre está “Tótem Urbano”, obra de 8 m de alto con estructura de obelisco, revestida con 19.000 venecitas y envuelta en un entramado de hierros de construcción. “El termino tótem es utilizado para designar a un símbolo real o abstracto representante de una cultura o sistema de creencias. En sentido amplio, representa los valores y tradiciones de una cultura. En este tótem busco unir valores simbólicos de un objeto sagrado perteneciente a las culturas originarias con la tribu urbana. Al fluir y con-fluir en un espacio donde todos podamos ser escuchados y representados, afirmando nuestra identidad, a través de la aceptación y respeto de nuestras diferencias, la identidad se nutre en forma dinámica con el aporte del otro y lo diferente”, expresó Gotleyb.

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