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60 años de arte en el espacio público resistenciano

Fue en una vereda de la calle Brown, en julio de 1961: a instancias del Programa de Embellecimiento impulsado por el Fogón de los Arrieros, se dijo adiós a la conmemoración y al lenguaje del arte público con el que hasta entonces los resistencianos emplazaron su primeros monumentos.

Inauguración de “Torso”, de José Alonso, el 24 de julio de 1961.

La fotografía muestra a un grupo de personas inaugurando el “Torso”, de José Alonso. Es el momento en el que se despide a los tres elementos que caracterizan la monumentalidad del arte público, según Magaz en su libro “Escultura y Poder”: la altura, el arraigo y la razón parlante. 

Las tres razones, sin importar su orden, fueron omitidas o reducidas a su mínima expresión, abriendo a partir de ello una caja de Pandora que permitió emplazar una cantidad de “esculturas” alejadas de la función social conmemorativa que hasta ese momento cumplían. Y se sumaba una nueva tarea, la de “embellecer” la ciudad en jardines, veredas y parterres.

“Ansia de Luz”, escultura de Erminio Blotta, 1961.

Alejarse de la conmemoración implicó que muchas voluntades hubieran de justificar la razón de los emplazamientos. Es entonces que vemos en las fotos de las inauguraciones a varias de figuras de la intelectualidad argentina, como Romero Brest y Córdova Iturburu, entre otros.

La gestión comunitaria que solventa y lleva el culto de la memoria a los emplazamientos de monumentos es lo que se denomina “arraigo”, el que erigió a Donovan, a la Loba Romana y a San Martin. Esto fue de algún modo reemplazado por el Fogón de los Arrieros, que proponía un plan de emplazamiento de esculturas cuya principal labor era “dotar a los espacios públicos de belleza”.

Otra cuestión a tener en cuenta era que el urbanismo que habían trazado Seelstrang y Forster en “la ciudad cantón” nunca previó emplazamientos de monumentos o esculturas en veredas y parterres del trazado urbano, solo en lugares determinados, y eso se verificó en la tardanza de casi medio siglo del emplazamiento del monumento a San Martin en la plaza central.

El Fogón de los Arrieros emplazó un centenar de esculturas, entre abstractas, fragmentos del cuerpo incluyendo posiciones que dan idea de la vulnerabilidad del hombre: la desnudez, la ceguera, la culpa, situaciones impensadas en la representación del cuerpo del héroe en el arte público. Consintiendo el emplazamiento de esculturas que prescindían de la conmemoración y de la figura del héroe, la escultura sufrió la crisis que caracterizó a la disciplina en todo el mundo.

“Remordimiento”, escultura de Hernán Cullen Ayerza, 1961.

La figura del primer monumento de 1910, en posición de descanso militar, el equilibrio y las proporciones de su cuerpo, la altura del conjunto y sobre todo la razón parlante que educa sobre la figura del homenaje, su trascendencia social y su raigambre que alza la voz cada vez que desaparece el “sable”. Ríos de tinta alrededor de la desaparición, de las colectas y gestiones para volver a incorporarlo al monumento.

Esa acción ciudadana se conoce como arraigo: es la raíz social que sostiene, solventa y lleva el culto de la memoria, además de mantener la liturgia que se renueva en las efemérides. Afirmamos que los primeros monumentos emplazados en Resistencia cumplen sus funciones, no solo de conmemoración, sino de estándares de belleza y promoción del lugar donde se hallan.

Aquel 24 de julio, hace sesenta años, una treintena de ciudadanos descubrieron a luz de Resistencia un fragmento de torso femenino hecho por José Alonso. Con ello inauguraron el ciclo de las esculturas que prescindían del lenguaje monumental, reducían altura, perdían arraigo y se alejaban de su soporte habitual, que era la arquitectura. 

Romero Brest en Inauguración de “El Alma”, escultura de Líbero Badíi.

Desde que las esculturas tocaron la urbe, algunas se trasladaron por Resistencia a veces, asentándose en parques, en rotondas, en inauguraciones de edificios, configurando desde el inicio de siglo XXI “la ciudad de las esculturas nómades”.

Fotografías: Gentileza Acervo de Fogón de los Arrieros