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CARTAS DE LECTORES

Grandeza y miseria

Señor director de NORTE:
La libertad es la grandeza y la miseria del ser humano, ya que le permite elegir lo correcto, lo justo y lo bueno o todo lo contrario. No basta elegir, pero es el primer paso después de ver diversas posibilidades, para realizar aquello por lo que se optó. 
El problema actual es que muchos niegan la libertad, y al negarla también rechazan la responsabilidad y la culpa por haber dañado, ya sea física, psicológica, social, espiritualmente o de las múltiples formas en que es posible. 
Desde las neurociencias se escuchan afirmaciones que rechazan la libertad, con explicaciones en circuitos que se van creando hasta actuar solos, u hormonas, etc. y que dan la “impresión” de que se actúa libremente. También algunas vertientes de la Sociología y la Psicología ponen en duda la libertad, confundiendo condicionamientos con determinismos. 
Vivir en una cultura significa aprender de ella y en ella, pero considerar que estamos tan atados que no podemos pensar por nosotros mismos contradice a los mismos pensadores que lo afirman críticamente. 
No se puede negar la creciente manipulación de los medios, y me refiero a todos, señalados por Byung-Chul Han quien retoma el viejo tema del poder del marketing pero que actúa sobre la psiquis y la personalidad llevando a someterse a las normativas de éxito y apariencia o imagen que las redes proponen.
Por eso la propuesta de una educación reflexiva y crítica desde información y conocimientos que se atengan a la realidad y no a las ficciones sociales es fundamental, pero no es lo que se alienta. 
Una educación basada en mínimos conocimientos y habilidades no basta para ser libre y ciudadano crítico. La cuestión es si queremos ser libres, porque el miedo a ser libres, y a no acordar con ciertas “mayorías”, debe ser afrontado, pasando por un proceso consciente y una autorreflexión acerca de nuestro modo de pensar y de actuar. 
Callar es una forma de evadir la responsabilidad y huir de posibles conflictos, pero tiene consecuencias ya que otros “pagan el pato”.
La falta de información adecuada acerca de las consecuencias de determinada droga abortiva, que lleva sumando muertes maternas, y la idea de que el aborto es un derecho, cuando lesiona el derecho a la vida destruyendo seres humanos, afecta a la libertad directamente. Cercena la posibilidad de elegir, excluye y evita brindar ayuda psicológica y protección, impone una acción sobre la cual la adolescente puede tener dudas. 
Cuando se dan cursos desde diversas entidades sin objeción del Ministerio de Salud de la Nación explicando cómo provocar la muerte por asistolia de niños de 6 a 9 meses de gestación en el vientre materno para que no nazcan vivos, o se provoca la muerte por asfixia a niños nacidos de esa edad, que ya son viables, o sea que pueden vivir fuera del útero materno, se afecta la vida y la libertad. 
Se niega que el proyecto primero de todo ser humano es la vida misma, la que permite todo otro proyecto. 
Estamos en presencia de infanticidios que se vienen realizando en nuestro país bajo una ley de aborto perversa, una ley cuyos verdaderos alcances se han ocultado, porque aunque el aborto siga siendo delito en determinadas situaciones, se realiza con total impunidad.
La miseria del ser humano es elegir la destrucción del otro, negarle toda posibilidad, cerrarle todos los caminos. Miseria que se puede constatar también en la trata de personas ligada a la pornografía y la prostitución, la difusión de la droga, el analfabetismo funcional, como incapacidad para tomar decisiones, la ausencia de oportunidades y el fomento de la desorientación ya que sólo se presenta la riqueza y el “pasarla bien” como camino de realización. Entre tantos caminos desviados de aquellos que humanizan al ser humano, como educar en una libertad reflexiva y crítica e informar para obrar en consecuencia.
                                                           
MARÍA ELENA RADICI
RESISTENCIA

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