Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/209263
Mariana Alegre

columnista

Espejito, espejito: ¿se puede ir de la envidia al amor?

Muchos son los prejuicios que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida. Poco pensamos cuánto pueden dañarnos a nosotros, impedir que tengamos una vida más plena. Pero, negarlos sería como negar que el sol sale cada mañana (incluso cuando está nublado), aprender a gestionarlos no viene en un manual, y adivinen qué: es nuestra responsabilidad. 

Según nuestra amiga, la RAE (Real Academia Española), la Envidia, nuestra invitada de hoy, es un “sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee”

El filósofo estadounidense Gordon Marino, señala en su artículo “Cómo sentir envidia puede ayudarnos a entendernos” (NYT, 10 de mayo, 2018), que “en su ensayo On Envy, el filósofo Francis Bacon escribió: ‘De todos los sentimientos, es el más insidioso y continuo. Los demás también se presentan, pero de vez en cuando; por lo tanto, bien se dice que: Invidia festos dies non agit“, es decir: ‘La envidia no toma vacaciones’”.

Y Marino agrega que “uno de los motivos por los que la envidia no toma vacaciones es que nosotros nunca dejamos que descanse el impulso de compararnos con el otro”. En este sentido, podríamos poner –como venimos haciéndolo hace un tiempo- a las redes sociales en la palestra, y acusarlas de brujería, o el principal mal de nuestros tiempos, pero indagar sobre una emoción humana que se maximiza –quizás- en estos espacios, no hará que la envidia se tome vacaciones. Además, la publicidad existía antes de las “maléficas” redes. ¿Entonces, podremos transformarla hacia algo bueno?.

-“Espejito, espejito en la pared, ¿quién es la más bella de todas?”

La frase, archiconocida del cuento Blancanieves que dice la bruja-madrastra-villana (no importa cuál versión hayan visto). Está claro que no era una “envidia sana” la de esta mujer, pero puede ser la envidia ¿sana?. 

“Para pasar de la envidia a la admiración basta con empezar a enfocarnos tenemos que trabajar en qué es lo que nos gusta y ver su trabajo, disciplina, preparación y reconocer en qué espejo nos queremos mirar”, dice la psicóloga española Patricia Ramírez, en el podcast de Cristina Mitre 

Gordon indaga un poco más sobre esta emoción que sobrepasa a los celos, y que pocos queremos reconocer que la sentimos, pero muchos levantamos el dedo acusador para decir “es un/a envidioso/a. “¿Acaso podemos aprender algo de la envidia?... debemos analizar nuestros sentimientos para descubrir lo que nos importa de verdad y no lo que nos gustaría que nos importara. Y qué mejor instrumento para esta especie de autoanálisis que la envidia, un sentimiento tan sincero como un puñetazo”.

Pero, cuando nos miramos en un espejo, ya sea uno de vidrio o una persona (ya hemos hablado aquí de las famosas neuronas espejos), hay un concepto más que ingresa en esta ecuación: el autoconocimiento, ese más que un puñetazo es una patada en…bueno, la boca del estómago. Suena bonito, y muy “desarrollo personal”, y muy “zen”, pero es algo muy incómodo, por lo tanto algo que preferimos evitar. 

El recorrido por nuestro ser interior: en todos los niveles: espiritual, emocional, físico, demanda de nosotros una decisión de encontrarnos con todo lo que nos construyó, para desconstruirnos –algunas veces- construirnos, aceptarnos. Ver todo, absolutamente todo lo que nos hace ser, para poder lidiar con el mundo exterior, sin autocensurarnos, pero también de una forma más sana. Según nuevas filosofías y viejas también: gestionar nuestras emociones.

Pero, ¿Qué sería una forma más sana?. Tomo aquí otro punto del artículo de Gordon para construir una respuesta: “aunque no puedo elegir lo que siento, sí puedo influir en cómo lo entiendo, y que el entendimiento de uno mismo puede modificar y moldear esos sentimientos, incluyendo la envidia”, remarca.

Como dice mi reciente amigo, Odín Dupeyeron, el pasado si existe, y a veces hay que bucear en él para seguir construyendo nuestro presente, no para repetir lo que ya no somos, sino para transformar emociones y conductas nocivas que no nos permiten seguir haciendo nuestra vida (sea esta crecer o permanecer).. Podes envidiar la casa de tu vecino, que se casa tu prima, que tu hermana se va a vivir al exterior, que ascendieron a un amigo, un compañero de trabajo, pero gestionar esa emoción y pasar del “porque no me pasa a mí”  pensar, como dice Patricia Ramírez entrar en la aceptación, para trabajar sobre la envidia, ese veneno. 

Aceptación, otro concepto que no significa rendirse, sino reconocer las situaciones no deseadas que ocurren en nuestra vida, para poder interpretar no solo la realidad ajena, sino la nuestra que nos haga revisar –volvemos al autoconocmiento- que somos diferentes, pero que podemos dirigir toda esta intención hacia nosotros. 

Ramírez, explica que hay un ejercicio para hacer, y llevar a la envidia, hacia la admiración y el amor, entrenar una habilidad como es la de decirle al otro “me alegro por vos”. “Puedo sentir la envidia, pero trabajar esa emoción, aceptando lo que nos pasa, lo que tenemos y qué es lo mejor que podía hacer para cambiar eso. Tenemos que reconocer esa emoción, para poder avanzar”.

Acá, todo lindo, en estos renglones parece fácil pero no, querido lector, no lo es. Sin embargo, por experiencia personal, puedo afirmarles que es un largo viaje que vale la pena inicia. Y ese viaje también implica vernos en el trabajo, en cómo actuamos con nuestra familia, amigos, parejas, el vecino, las instituciones, nuestra comunidad. Hay algo importante, sentados en un almohadón o no de por medio, es necesario parar, salir de las “endiabladas” redes por un momento, y sentir y conectarnos con esas emociones buenas o malas. 

¿Nos hará mejores personas?, no lo sé, podría ser un objetivo, pero seguramente podremos comenzar a gestionar mejor esas emociones para transformarlas en empatía, convivencia, y una mejor forma de vivir para nosotros mismos, aunque no lo logremos todos los días. Pero, como dice el dicho “como es adentro, es afuera”. Tampoco vamos a transformarnos en Buda o Jesucristo, pero ir un día a la vez, quizás transforme nuestro presente, lo que ya es mucho, pensando en nuestro futuro.

Temas en esta nota

opinión
Notas Relacionadas