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Mujeres indígenas en la universidad

Con motivo de haberse conmemorado ayer el Día Internacional de la Mujer Indígena, la Universidad Nacional del Nordeste dio a conocer los testimonios de dos estudiantes de grado que pertenecen a los pueblos moqoit y qom y participan en el Programa Pueblos Indígenas de la casa de estudios. “Aún somos semillas de la lucha y necesitamos otras más”, dijo una de las jóvenes, sintetizando así el gran desafío que tienen por delante el conjunto de la sociedad y el sistema educativo para garantizar el derecho a la educación superior de estudiantes de las comunidades originarias.

En esa ocasión las voces que se escuchan son de la estudiante de tercer año de la Facultad de Arquitectura Griselda Bazán y de Natalia Gómez, alumna de la Licenciatura en Gestión y Desarrollo Cultural. La primera de ellas es, además, becaria del Programa Pueblos Indígenas de la UNNE del Centro Regional Universitario de la UNNE en General Pinedo. Ambas jóvenes siguen el camino recorrido por las primeras egresadas que también participaron en el Programa Pueblos Indígenas: Shailili Zamora Aray, primera estudiante de los pueblos originarios en graduarse de licenciada en Bibliotecología en la Facultad de Humanidades de la UNNE, y Vanina Robles, licenciada en Enfermería egresada de la Facultad de Medicina que cursó en el Centro Regional Universitario de la UNNE en General Pinedo. Sus historias de vida y sus recorridos académicos muestran que es posible promover el acceso, la permanencia y la graduación de las jóvenes indígenas en las universidades si existe voluntad para romper patrones culturales muy arraigados que históricamente vulneraron sus derechos. Estas jóvenes no solo deben luchar todos los días contra la desigualdad económica y prácticas sociales discriminatorias, a veces sutiles y otras no tanto, sino también contra ciertas representaciones que tienden a estereotipar a los pueblos indígenas. “Se piensa que somos indígenas solo si sabemos hacer artesanías, si hablamos nuestros idiomas originarios, si las mujeres hacemos canastos…”, observó Natalia Gómez.

Merece destacarse la propuesta de incorporar las voces de estas jóvenes. Sus expresiones también forman parte de las reivindicaciones históricas de las comunidades originarias que adquieren especial relevancia en el Día Internacional de la Mujer Indígena, fecha elegida para rendir un homenaje a Bartolina Sisa, mujer del pueblo aymara que lideró la resistencia a la dominación colonial española.

“Debemos continuar promoviendo los derechos de las mujeres indígenas. Son ellas quienes no dejan morir las identidades culturales y costumbres, manteniéndolas vivas en cada etnia y cada pueblo”, manifestó Griselda Bazán, a la vez que planteó la necesidad de promover una mayor inclusión y respeto social de las mujeres indígenas. “Cada una desde su lugar, tomando conciencia de los gestos cotidianos de discriminación que dejamos pasar como inadvertidos, para que ser mujer indígena no signifique estar reducida o en silencio”, agregó.

Por su parte, Natalia Gómez reflexionó sobre los derechos de las personas de las comunidades originarias. “Todos los pueblos indígenas tenemos -como seres humanos-, derechos; derechos a una buena vida, a la educación, salud, vivienda, a los que se suman otros asociados a nuestra ancestralidad y a los cientos de años de sometimiento, como ser el derecho a la memoria, verdad y justicia, a los territorios robados, a nuestra identidad y cultura”, sostuvo, para luego recordar que no es fácil luchar contras las estigmatizaciones y las injusticias. “Si a una mujer en la escuela la abuchean por no cumplir con los estándares de belleza, por no seguir con las reglas de la sociedad, por pensar diferente, imagínense lo que sucede con una mujer indígena, súmenle el color de piel, las pautas culturales con las que carga (esto también incluye a los hombres)”, dijo. “La imagen que algunos tienen de nosotras es que al ser indígenas y ser mujeres somos aún más sumisas, ingenuas, incapaces, esto no lo vemos solo en el campo de la educación, sino también en nuestra vida cotidiana... y sinceramente es muy cansador”, añadió.

En estos tiempos de mayor participación femenina en la vida política, económica y social, es de esperar que más mujeres indígenas se incorporen a las universidades de la región, para sumarse a una transformación con mayor inclusión y equidad que, sin dudas, beneficiará a toda la sociedad.

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