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Elizabeth Bergallo: “La poesía es un modo de conocimiento”

La poeta, escritora y antropóloga desarrolla géneros como la crónica, la investigación dura y los ensayos. La poesía, que atraviesa espontáneamente todos sus escritos, es protagonista en “Saberes prohibidos”.

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“Llegar y partir son sólo dos lados de un mismo viaje”, escribe en un poema Graciela Elizabeth Bergallo. Hace pocos años publicó “Saberes prohibidos”, en la colección Radar en la Tormenta de la editorial Contexto, material que reúne a su vez tres libros anteriores: “La tierra sin mal”, “Crónicas nómades” y “La pasión”. Sus poemas van en búsqueda de lo invisibilizado por la sociedad, con una mirada crítica que explora los saberes prohibidos. 

A la hora de publicar esta trilogía corrigió poco, aunque “Siempre se corrige. En ocasiones vuelvo a la voz que dio origen al poema. La corrección es importante, pero intento no poner frenos intelectuales a la escritura. El primer impulso es escribir espontáneamente, apelando al inconsciente. Luego, al leer, uno le encuentra sentidos. La corrección es una vuelta de tuerca para pulirlo buscando una rosca estética o musical. Intento darle importancia a la música de cada poema”.

Hace poco, el intelectual cubano Rafael Acosta comentaba que había hecho su primer doctoral sobre el pensamiento independentista de Carlos Manuel de Céspedes. Cuando fue turno de defender su investigación, dijo que los poetas habían estado más cerca que los historiadores en la apreciación objetiva de la personalidad de Céspedes. Acosta sostiene que la poesía “es un medio que tributa al conocimiento” (por Alex Fleites en oncubanews.com). En esa misma sintonía, Elizabeth, con “Saberes prohibidos” remite a modos o contenidos de conocimiento invisibilizados o negados. “La propia poesía es un vehículo hacia el conocimiento, el lenguaje poético en un sentido muy general amplía las posibilidades de conocimiento”, subraya.

Graciela Elizabeth Bergallo viene de Presidencia Roque Sáenz Peña. Es magister en Antropología Social, ha recibido varios galardones y reconocimientos, entre ellos el Segundo Premio en Poesía en el concurso literario internacional Bilingue Tracce Per La Meta (Milán, Italia). 

“El poema aterriza en la pista, a ciegas (entre relámpagos)”, dice Alfredo Veiravé en “Radar en la tormenta”. Algo de eso también se produce en la voz poética de Elizabeth: “Había que inventar nuevas palabras, como si fueran / la única caravana nítida y persistente / que pudiera prolongar la fugacidad del paisaje, / como el cuerpo que se reconoce, cada vez / que se incendia, a sí mismo”. 

Del fuego que quema a la escritora y la mueve a unir palabras, al fuego que une a las lectoras o lectores hablamos en esta charla. Mates individuales, un living pletórico de colores y raíz latinoamericana, libros, una computadora abierta, el sol que hiende el ambiente y las preguntas que desentrañan la construcción de este libro. 

—“Saberes Prohibidos” reúne tres libros anteriores. ¿Cómo armaste este libro de poesía reunida?

—Son libros de poemas escritos y publicados en años diferentes. Sin embargo, pasado el tiempo se dio la oportunidad de publicarlos como trilogía, como una sola obra con un título transversal, precisamente “Saberes Prohibidos”. 

El primero, “Tierra sin mal”, es un libro más territorial, tiene que ver con la región, tiene que ver con el acercamiento a cosmovisiones que históricamente se fueron construyendo en relación a una biodiversidad única. De hecho, esa expresión, “Tierra sin Mal”, referida a un mito guaraní, alude a la tierra no destruida, no arrasada, a la tierra que todavía preserva su tejido bilógico y su significaciones sociales, culturales, sagradas, como nexo vital. 

Es un concepto todavía más profundo en términos cosmológicos y gnoseológicos. Algunos poemas tienen como epígrafes frases del universo indígena que leí o escuché en mi tránsito por la región. La idea era escribir mis propios poemas a partir de mi experiencia, mi búsqueda fue intentar acercarme a comprender esos otros universos. 

Después escribí “Crónicas nómades”, un poco con la idea de romper con los compartimentos estancos de los géneros. ¿Es un libro de crónicas o un libro de poesía? Me despego un poco de esa territorialidad del otro libro, y en algunos poemas me voy hacia a cualquier lugar del mundo y del tiempo. Busco aquí aquellos saberes, culturas, otras filosofías que han sido invisibilizadas por la hegemonía epistemológica occidental dominante, y que tenían sentido para mí, desde este rincón del mundo. 

El tercer poemario fue “La Pasión”, también incluido en esta trilogía. La pasión aquí está propuesta en términos generales como un vehículo hacia el conocimiento. Cuando se siente pasión, cuando alguien encuentra algo con qué apasionarse, en cualquier dimensión, todo es posible. El universo se reduce a una posibilidad más cierta, no sólo de conocimiento, sino también de cambio en todos los aspectos de la vida. Mi búsqueda siempre está puesta en salirme de ciertos ejes o principios dominantes que, como núcleos de sentido, siguen perviviendo y arrasan con parte de ese mundo. 

—¿El título del libro surge de esa búsqueda?

—La idea estaba desde el primer libro. “Saberes prohibidos” remite a modos o contenidos de conocimiento invisibilizados o negados. La propia poesía es un vehículo hacia el conocimiento, el lenguaje poético en un sentido muy general amplía las posibilidades de conocimiento. Es lo opuesto al formalismo abstracto, al pensamiento cartesiano dominante que se desarrolló en occidente, ignorando otros lenguajes que perviven en la memoria social.

—Tengo un primer lote de palabras que atraviesan el poemario completo: noche, pájaros, huesos, muerte. ¿Son intencionales, o llegan solas al poema? ¿Con la muerte hay un diálogo especial?

—Las palabras surgen, no son intencionales. Están en el inconsciente y llegan al poema. En el lenguaje y en la vida estamos en claroscuros, transitamos ambivalencias. En mis escritos interpelo la idea de la muerte tal como la heredamos de la filosofía occidental. La muerte también puede implicar el nacimiento de algo nuevo, es parte del ciclo de la vida. Así como de un árbol surgen brotes nuevos, así es la vida y así la siento. La muerte es en realidad parte de lo cotidiano y es el pasaje a otra dimensión de vida, tal como se concibe en otras culturas o filosofías. Las muertes o genocidios provocados por sistemas injustos y destrucciones ambientales es otra cosa, de la que se podría hablar largamente.

 —Con este el libro también se corre del eje de hablar desde la poesía solamente de cosas bellas, ¿la intención es escribir con la carne de lo cotidiano?

—Claro, ahí entramos a hablar de qué se entiende por cultura y qué no es cultura. Cultura no es sinónimo de “bellas artes” en absoluto, este concepto que responde a ciertos circuitos de producción, comercialización y consumo de cultura, elitista, alejado de la experiencia, está discutido hace mucho tiempo. La cultura en un sentido más antropológico tiene que ver con sistemas de significados, saberes, experiencias, construcciones, vibraciones, otras visiones estéticas, críticas. La cultura no pasa únicamente por lo que sucede en las instituciones o en el mercado, es decir no pasa por el “encargo social”. La cultura también es interpelación, memoria, discusión de todo lo que nos compromete éticamente, espiritualmente, estéticamente en este mundo. Hay construcciones culturales en las que subyacen tremendas injusticias.  

—Volviendo a este concepto de la poesía como forma de conocimiento: ¿te conecta más con la realidad?, ¿de qué forma?

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—Cualquier expresión literaria, musical, cultural, de cualquier parte de este mundo puede tener sentido para mí en un momento determinado. No dejo de explorar, asombrarme y conmoverme de lo que existe fuera de los grandes centros. Me gusta explorar también lo que existe en el interior de este país, donde hay una enorme riqueza cultural que se expresa en diferentes lenguajes. Me gusta a veces mucho más que lo que se produce en los grandes centros, donde pesan bastante el pensamiento y la industria hegemónica.

La literatura también tiene que ver con la experiencia, con nuestro lugar en este mundo, con nuestros horizontes de sentido. No se aleja de la realidad. En mi caso, mi formación en antropología, mi experiencia en terreno en diferentes lugares de la región, especialmente en Paraguay, y aún en Centroamérica, está presente en mis escritos. Sin duda, todo esto se trasladó a mi forma de ver el mundo y a la palabra. 

—Ese andar se ve en poemas donde destacás mucho los rostros de las personas, ¿qué te interesa de las miradas de las personas?

—Todos observamos o miramos, pero no todos vemos las mismas cosas. Ese creo que es un punto importante. Hay muchos mundos posibles, que existen, pero que en ocasiones no es posible visibilizar, darse cuenta. Hay personas, pueblos, mundos diferentes. Estar atenta a la otra mirada me permite vislumbrar esos otros universos posibles. Relativizar el propio. Ese contacto también posibilita conocer la profunda sabiduría o poesía que existe en muchas personas, aunque no esté escrita o publicada. 

—En estos poemarios hay también un interés por los mapas, los mapas sociales, los que van dejando los cuerpos, ¿por qué?

—Una va construyendo los mapas que quiere, en todos los sentidos, y en todos los lenguajes, aun materialmente. Los mapas pueden ser invisibles a otras miradas, como decía Italo Calvino en su libro “Ciudades invisibles”, pero están presentes. Los mapas de la memoria no solo se construyen con palabras, sino también con las marcas de sentido que van dejando las experiencias de las personas en los territorios y en sus cuerpos, los aromas, los saberes, los alimentos, los ritos. Los mapas tienen que ver con lo que existe, pero también con lo que se va creando, a veces invisiblemente. 

—Otro lote de palabras que atraviesa el poemario: la naturaleza, el amor, el alma. Pero prefiero preguntar por soledad, ¿qué es la soledad?

—La soledad es un lugar que se puede habitar, que posibilita otro tipo de encuentro con una misma y con el otro. Habitar ese lugar es muy enriquecedor, surgen cosas que no nacerían o renacerían quizás en otros espacios u otros tiempos. Creo que hay un tiempo para eso, y para el compartir, aprender a encontrar sentidos con los otros, de otro modo.

—¿Para crear es necesario este espacio de soledad?

—En mi caso, la escritura se fue construyendo a lo largo del tiempo, signada por las experiencias que fui viviendo. El material de la escritura surge de las experiencias de la vida, no sólo de las bibliotecas, donde seguramente hay muchos libros necesarios y otros que sobran. Me alimento de referentes de la literatura o del mundo del conocimiento que admiro o quiero pero, para mí, escribir fundamentalmente tiene que ver con experimentar y transitar la vida. 

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—Hay poemas que están en segunda o tercera persona, que se presentan como en diálogo con el lector. ¿La escritura es una forma de dialogar con otros?

—Sin duda, la escritura es un diálogo. Si no, ¿para qué escribimos? La escritura es el resultado de varios diálogos y es al mismo tiempo la apertura de otros diálogos. La literatura es resultado de esos diálogos y a la vez es un intento de encuentro. A veces hay quienes podemos publicar un libro y hay otros que no. Creo que hay muchos literatos en los interiores de este país que no están pudiendo, o no desean publicar un libro, pero no por ello dejan de ser sabios literatos o poetas.

—Repasando este poemario que desmitifica conceptos como muerte y poesía, también lo hace con el erotismo en el libro “La pasión”. 

—Sucede que todo lo que tiene relación con lo erótico ha estado estigmatizado históricamente, ni hablar del lugar asignado a la mujer. El eros también es expresión del deseo de libertad en su más amplio sentido, es posibilidad de conocimiento y de acercarse al otro a través de la cultura. No estamos hablando de pulsión solamente. El racionalismo cartesiano o ciertos valores religiosos expulsaron el eros de las academias y de muchos otros lugares. El eros en el sentido más amplio e integral es vida, puede ser vértigo, pero no es una carrera, es vehículo de conocimiento y de libertad.  

Poemas de Elizabeth Bergallo

El mapa 

Hay un abismo inmensurable en la espera 

mientras tanto escribimos 

tanteamos pinceladas, 

hilvanamos con los hilos de los colores que hubieran 

el mapa 

de un peregrinaje a veces invisible

nuestra vida.

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Intentamos que ese mapa inventado nos proteja 

de los peligros del camino, 

como si fuera la luz que en un instante alumbre 

la posible oscuridad, 

encienda la visión 

nos asombre una y otra vez.

Como se recorren los laberintos de un 

antiguo templo

tras indicios de algo que hay que descubrir: 

la piedra filosofal

el azoth

el misterio oculto en el fragor 

de las palabras mismas.

No es otra cosa el encuentro 

que la continuidad del mapa en nuestra piel

una obra de arte

un soplo

una sutil persistencia.

 
Poema 2

Como carbón quemado

los rostros, las hojas, las horas

se hunden mis pies 

en un paraje llamado Silencio 

se aquietan los silbidos

los matojos rodantes

las brasas encendidas en el cuerpo 

a lo largo del día

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cuando el viento turbio del norte 

azota con sus cabellos 

y hay zarpazos 

que agrietan la piel de mi tierra

la vida es un panal incendiado

que abre sus poros con desesperación 

hacia una nube

la vida

se guarda en cántaros con trocitos de palo santo

el viento ruge 

batalla el ojo del agua 

y desolado ahoga el espejo

de los dientes de sed 

que hienden 

la garganta húmeda de la tierra,

escribe Boicha, poeta saharaui, 

en el papiro del desierto 

en carne vida

la noche es un país de seda negra

caen los muros, pájaros oscuros de ojos vendados

clavan el destino 

en la punta de la tormenta.

Ilustraciones: poema1, Scott Reinhard; poema 2, Guy Tal
 

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