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El recuerdo de Bosquín Ortega sobre Nelson Martínez

"Los veteranos del potrero queríamos tener su estilo".

"Los veteranos del potrero queríamos tener su estilo. Otros, más tarde, lo buscaron en Bochini o Alonso. Los pibes, contemporáneos de Emanuel Alberto Ortega, mi hijo, decidieron por el Gran Diego. En la juventud lo llamaron La Bruja por su porte flaco y el toque de la zurda, más cercano al asombroso prestidigitador de esferas que a las tortuosas infusiones de un caldero de filtros. Era una suerte de Chaplín del área, divertía con la inteligencia de su talento. Una especie de Domingo Arena del tablón, que esculpía filigranas en la corteza del vértigo y tallaba suspiros con el aliento de las tribunas".

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Con esas palabras definía no mucho tiempo atrás a Nelson Martínez el cantautor y escritor Bosquín Ortega, que le dedicó al brillante futbolista una de sus "micrografías".  "Nelson Martínez tuvo botines de intemperie, jugaba descalzo en las canchitas sin trazado, de la barriada ferroviaria de Central Norte Argentino;  cuando, todavía,  los terrenos de la Universidad del Nordeste y el posterior Aeroclub provincial, entraban al horizonte a través de las puertitas silvestres de los arcos, sacados de la sombra verde de los montecitos aledaños", contaba allí.

Y agregaba: "El hijo de Tila y Dante, hogar español y oficio de ferroviario, se uniformó con las urgencias del salario. Sus pies descalzos (las zapatillas, eran para la escuela) actuaron como inversas huellas dactilares, captaron la textura de los pastizales, aprendieron a conocer las formas del cuero aéreo y a desplegar la batuta izquierda en la partitura del potrero". 

Ortega recordaba allí las tapas de la legendaria El Gráfico dedicadas en al paso de Martínez por el fútbol metropolitano. "Su porte galgo junto Silvio Marzolini y Antonio Roma, comentan sus goles al invencible Amadeo Carrizo, sus encuentros con Ángel Labruna y Ernesto Pedernera y sus incursiones posteriores por Colombia y Centroamérica, legitimando sus lauros de crack congénito. Años después, el retorno añorado y la historia cercana de su destreza billarística que memoran Sarmiento y Regional y generaciones sucesivas". 

"Defino en mi humilde ignorancia futbolística, que Nelson Martínez, virtuoso, era el sastre de los domingos, genuino hacedor de un alto corte y confección de belleza y elegancia, modelo de vuelo sereno, hecho a medida de su distinción", describía. 

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