Larga vida a los libros y la lectura
Entre las tantas atrocidades cometidas por la última dictadura cívico militar que gobernó el país, figura la quema de más de un millón de libros del Centro Editor de América Latina, ocurrida en junio de 1980, en la localidad de Sarandí, provincia de Buenos Aires. Los responsables de esta tragedia cultural no fueron originales. La destrucción de obras escritas para impedir que llegue a manos de lectores curiosos también fue una práctica frecuente en la Alemania nazi y en la dictadura franquista en España.
La provincia del Chaco celebrará esta semana el 26º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura organizado por la Fundación Mempo Giardinelli. Se realizará los días miércoles 18, jueves 19 y viernes 20, en forma virtual. En esta edición el encuentro se llevará a cabo bajo el lema “Más que nunca, leer abre los ojos”, un enunciado que invita a reflexionar sobre los hábitos de lectura en estos tiempos de inmediatez y de lo que algunos llaman economía de la atención, y para pensar también sobre la importancia crucial que tiene para la vida humana el simple acto de leer. ¿A quién puede molestar que la gente lea determinadas obras, ciertos textos o contenidos? Hoy, en esta joven democracia, la pregunta puede resultar ingenua en una sociedad como la nuestra, pero en los últimos siglos, en todo el mundo, el afán por impedir que el conocimiento llegue a lectores inquietos no fue una excepción, sino más bien una constante. Sin ir más lejos, en el año 2015, el Estado Islámico ordenó destruir más de 8.000 manuscritos y libros antiguos de la Biblioteca Pública de Mosul, en Iraq.
El contenido de la obra “La persecución del libro. Hogueras, infiernos y buenas lecturas”, de la historiadora y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Ana Martínez Rus, donde se analiza el ataque a editoriales y bibliotecas que llevó adelante en forma sistemática el franquismo desde los primeros días de la guerra civil española, arroja luz sobre el empeño de un régimen para desterrar lo que consideraba “ideas peligrosas”. Imposible no trazar un paralelismo con la quema de libros perpetrada por los nazis el 10 de mayo de 1933, cuando seguidores de Adolf Hitler reunidos en una plaza pública de Berlín prendieron fuego a 25.000 volúmenes de autores que habían sido señalados como promotores del “espíritu antialemán”.
Y qué decir de las llamas que destruyeron varias toneladas de libros del Centro Editor de América Latina durante la última dictadura militar en la localidad de Sarandí, en un acto de barbarie que fue un eslabón más de la cadena de tropelías que tenían, entre otros objetivos, ejercer un férreo control de la cultura.
Se puede concluir que sólo los intolerantes temen el poder de los libros y desconfían de los interrogantes que pueden generar en las mentes aquellos textos que invitan a pensar, reflexionar sobre nuevas ideas, vivir otras vidas o, simplemente, a cuestionar el orden existente, como en su tiempo lo hizo Galileo Galilei, a quien se atribuye la frase “Y sin embargo, se mueve” que habría pronunciado cuando fue obligado a retractarse de su teoría que, volcada en varios escritos, sostenía que la Tierra se movía alrededor del Sol y no al revés como se creía en la época en que vivió.
Si bien hoy en nuestro país no hay textos prohibidos, secuestrados o retirados de circulación, es necesario recordar que la historia reciente de la Argentina, antes del regreso de la democracia, tuvo oscuros personajes que decidían qué se podía leer y qué textos debían ser ocultados, quemados o destruidos. Tener memoria de esas atrocidades cometidas contra la cultura contribuye también a dimensionar la importancia de los libros, la lectura y la libertad de expresión, tres pilares que son fundamentales en la construcción de una sociedad más justa.
La comunidad chaqueña debe sumarse al vivo deseo para que esta nueva edición del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura sirva para generar un renovado interés por los textos de los más variados temas y autores y también para despertar la curiosidad de nuevos lectores en todos los rincones de la provincia.










