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Julio César Vergottini dejó su sello en Resistencia

Este afamado escultor argentino nació en Almagro, el 5 de septiembre de 1905, y comenzó a esculpir a los nueve años.

Realizó una réplica de la cabeza de Venus junto a sus hermanos y así comenzó su pasión por la escultura. Don Julio vivió desde los 12 años de edad en la ciudad de La Plata. Allí estudió con Arturo González, su gran maestro, quien lo orientó con su obra y la de otros grandes artistas, observando láminas, esculturas y trabajando en su enorme biblioteca. 

Nunca renunció a sus orígenes, recibió premios de escala internacional y fue declarado ciudadano ilustre en la ciudad de Avellaneda. Por muchos años se desenvolvió como profesor en escuelas de La Boca y Barracas. Con solo 20 años viajó a Brasil y luego a Europa, donde vivió en una pensión de Paris rodeado de varios artistas, de quienes aprendió nuevas técnicas.

Más tarde viajaría por Portugal, Grecia, Italia y Marruecos, entre otros destinos. Fueron muchísimas sus obras, entre las que destacan el busto del Almirante Brown, en Irlanda; la escultura “Levando anclas”, en La Boca; el monumento a la memoria de Alfonsina Storni, en el cementerio de la Chacarita; y el monumento al gaucho argentino, emplazado en Río Grande e inaugurado el 25 de mayo de 1983. 

Una de sus obras más importantes, que acompañó el trajinar del barrio barraquense durante más de 50 años, fue el “Mástil de la Plaza Colombia”.   

 Julio Cesar Vergottini llegó a Resistencia en 1936, permaneciendo dos años en esta capital, y dejo su impronta en la ciudad con sus obras y en el despertar de la cultura chaqueña.

Sus grandes amigos en Resistencia fueron Don Alfredo Pertile y el Dr. Alberto Torres, con quienes solían cenar en el mítico “Chanta Cuatro”. El ambiente les resultó muy agradable, y Vergottini propuso continuar las reuniones allí todos los jueves. El convite fue aceptado.

Para concretar la idea de Vergottini buscaron a Gaspar L. Benavento y a Juan de Dios Mena. Torres, por su parte, buscó a Denier. Y así fue que el jueves 16 de julio de 1936 conformaron “La Peña de los Bagres”, primer mojón de la cultura del Chaco. Esta agrupación de carácter informal, especie de faro en un ambiente en exceso materialista, dejó huellas profundas que facilitaron el camino hacia nuevos horizontes. 

Su sello quedó en Resistencia cuando presentó su obra en el mástil de la ciudad, encargado por la Comisión Pro-Mástil. La Comisión comprometió al habitante de la ciudad en un emprendimiento de alcance comunitario, ya que toda la población donó canillas en desuso, medallas, trozos de caño, roscas y todo utensilio que pudiera servir al fin propuesto.

La respuesta a la colecta despertó un interés comunitario inusitado. Mientras se intensificaba la campaña, Agazzani fundía las piezas en placas y se las entregaba al escultor Vergottini, para que realizara los cuatro relieves alegóricos colocados en cada lado del basamento del mástil que tratan los siguientes temas: 1) La raza madre,  2) La conquista del bosque, 3) La ocupación de la tierra y 4) La cosecha de algodón. 

El 9 de julio de 1937, el presidente de la Comisión Pro-Mástil y de la Comisión de Fiestas Patrias, mayor Jorge Félix Gómez, formalizó la entrega del basamento y placas alegóricas del mástil central de la capital chaqueña: “Hoy me permito entregar esta obra realizada totalmente en el Territorio, en nombre del pueblo de Resistencia, al cuidado de sus hombres de Gobierno y al homenaje constante de los trabajadores de esta tierra”. 

Culminó así un proceso que puso a prueba el entusiasmo y al voluntad de un grupo de ciudadanos, comprometidos cívicamente y empeñados en acabar los trabajos pensados para el mástil de la bandera mayor, proceso que también mostró el eco comunitario que encuentran aquellos emprendimientos interpretados como válidos y representativos de un sentimiento compartido.

Cuando Vergottini regreso a Buenos Aires, en 1938, instalo su taller junto al viejo puente de La Boca, donde existía una especie de “torreón” que fue construido para albergar la antigua sala de máquinas del puente levadizo, cuando el Riachuelo era navegable hasta Valentín Alsina. Esta pequeña rareza arquitectónica se salvó de la demolición, y por muchos años Vergottini la usó de taller y vivienda. 

Algunos amigos solidarios se movieron hasta lograr que la Dirección de Vías Navegables le prestara ese abandonado refugio ribereño para habitarlo. Allí se rodeó de sus maquetas, dibujos, cartas, recuerdos de celebridades amigas y homenajes. Julio César Vergottini falleció el 6 de mayo de 1999, a los 94 años. 

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