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Vivir de irse

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Me cuentas al oído que tienes algunas dudas, sobre la vida, el presente; también respecto al futuro. Quién no. Sabes que detesto eso de dar consejos. Pero si te vas a decidir por algo, empéñate en irte. Cada vez que puedas, y cada vez por más tiempo. En los próximos años te van a distraer ideas, sentimientos y personas. Aférrate al plan, sé lo que te digo. Invertir en viajar es invertir en vivir. Usa lo que te ganes laboralmente para alejarte de vez en cuando, que no puede haber perspectiva sin distancia más sublime que sentirte libre.

Márchate y regresa alguna vez, una tarde. Quédate solo una noche. Y por la mañana, vuelve a partir. Nada ni nadie te dará momentos de mayor felicidad que el instante de volver a irte. Que la partida sea siempre con alegría. Gástate los pies recorriendo calles nuevas. Piérdete sin miedo. Olvida los minutos y las horas, crea tu propio tiempo. Habla con desconocidos, escucha todas las historias, haz todas las preguntas. Exprime cada día y cada noche. Embriágate al menos una vez en cada ciudad, y una vez a la semana. Prueba todo lo que no te mate ni te dañe. Haz el ridículo sin pudor. Enamórate de alguien por un par de días, pero no te detengas. Ama en otro idioma. Habla en lenguas. Dialoga con la Luna. Toca la gloria.

Que tus días sean eternos y las noches interminables. Y los sueños de cama sean infinitos. Sola, o con alguien. Despiértate al oscurecer, según palabras de Sabina, el enorme poeta andaluz. 

Puedes hacer todo, pero intenta no hacer daño. Solo puedes cometer un crimen: matar la rutina. Un delito permitido, sin condena.

Viaja con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro y el contacto con el otro. Deslúmbrate de lo épico, lo exótico y de lo simple; de lo extraordinario y de lo mundano. Aprende sin soberbia y entrégate una y otra vez a lo nuevo, a lo que nunca has hecho jamás, que es lo que hidrata al alma y el cerebro.

Si se te da en ganas, escribe algunas cartas. A quien corresponda. Si llegaras a enviarme una epístola, que solo sea un sobre con una foto de incierto lugar, paisaje, ciudad, páramo. Sin remitente, sin añoranzas; sin detallar su origen, ni tiempo, ni espacio. Sin texto. Haz huelga de palabras. Alguien dijo que una imagen vale mil palabras. Es suficiente. Deja que mi breve imaginación acompañe tu infinita travesía.

Vete a descubrir América, pero de manera real y a tu manera, efectiva y afectiva. Y luego sigue por el resto del mundo, tu mundo, el de todos. Sin límites ni fronteras. En lo posible, conquista el Universo, hazlo tuyo.

No olvides, mujer, viajar es la vacuna contra los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente, y nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si no se anima a dejarlo todo y partir. Alejarse de la esquina de su vida, de lo cotidiano, quedarse sin conocer nada, sin saber lo que pasa al menos, un par de metros más allá de su existencia. Plena y delicada, como la tuya, pétalo de luz.

Afuera hay cosas nuevas por descubrir, por descubrirte. No pienses en el regreso. Mejor imagina lo que vendrá en la próxima estación. Nunca temas: la naturaleza, si la respetas, siempre estará de tu lado. Será tu ángel guardián en todo momento, en cada lugar.

Buen viaje. Que te sucedan cosas interesantes.

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