Trabajar por el Chaco que todos queremos
Los aniversarios que celebran cifras redondas son una oportunidad para mirar el camino recorrido, pero también son una invitación para pensar cuáles son los desafíos presentes y futuros. Al cumplirse hoy 70 años de la provincialización del Chaco, es una buena ocasión para reflexionar sobre ese silencioso plebiscito de todos los días que da como resultado el constante apoyo a la idea de construir una provincia que ofrezca respuestas a las demandas fundamentales de todos los chaqueños.
Un largo tiempo ha pasado desde que a mediados del siglo XX, por decisión del Estado nacional, se avanzó con la provincialización de los hasta entonces territorios nacionales del Chaco y La Pampa. Las obras de historiadores locales que retratan aquellas épocas coinciden en observar que hasta fines del siglo XIX más de la mitad de la extensa superficie de la Argentina era ocupada por territorios nacionales.
Es que cuando en 1884 se sanciona la ley de territorios nacionales, en el seno del poder central la idea de ocupar en forma efectiva el llamado “desierto verde”, como se denominaba a esta región, no reunía a muchos entusiastas, y hubo que esperar hasta 1951 para que al Chaco le llegara el reconocimiento como provincia. Una década después ya comenzaba a notarse cierto crecimiento de la actividad privada y una saludable expansión del cultivo estrella: el algodón.
Pero los vaivenes de la historia política nacional y, especialmente las interrupciones del orden constitucional, también tuvieron efecto en la joven provincia que intentaba dejar atrás la etapa de organización en la que todas las decisiones importantes que afectaban a sus habitantes solo dependían del gobierno nacional. Hasta aquí un sucinto repaso del camino recorrido.
Pero si de afrontar los retos del presente se trata, no hay dudas de que todavía falta mucho por hacer para lograr la ansiada diversificación de la matriz productiva y para que sea posible un mayor nivel de valor agregado en las cadenas industriales. El Chaco necesita imperiosamente generar más y mejores puestos de trabajo, para evitar que los jóvenes tengan que emigrar en busca de oportunidades que no encuentran en su provincia.
El reciente anuncio oficial sobre la futura instalación de una Fábrica de Movilidad Eléctrica para producir bicicletas, motos y monopatines eléctricos es una buena noticia, por dos motivos.
En primer lugar porque ese emprendimiento ocupará mano de obra local y, en segundo término, porque apostar a la movilidad eléctrica es también, de alguna manera, ir en el mismo sentido de un mundo que marcha a pasos agigantados hacia esa modalidad ante la urgente necesidad de reducir las emisiones del transporte tradicional.
Por otra parte, no se debe olvidar que la pandemia asestó un duro golpe a las economías regionales y que, por ejemplo, la caída del empleo comercial en nuestra provincia durante 2020 fue la más alta desde 2002, afectando especialmente al comercio minorista, que representa más de la mitad del total de los empleos en la actividad comercial de la provincia.
Es necesario tener en cuenta todos estos datos para encarar el futuro, y esa tarea requiere también modificar cierto conformismo ante el presente. La ciudadanía chaqueña debe aspirar a los más altos estándares en diversos campos del quehacer provincial, sumando esfuerzos para erradicar la pobreza y la desigualdad.
El futuro no debe ser una prórroga de este difícil y complejo presente, marcado por una emergencia sanitaria que no respeta fronteras. Es necesario que cada uno reconozca errores y que se asuma el compromiso de sumar voluntades para poner nuevamente de pie una provincia, que debe proyectarse con todo su potencial hacia el futuro.










