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Hugo Blotta: el teatrista chaqueño que trascendió los escenarios y deja la butaca vacía

Con la partida de Hugo Blotta, el pasado lunes 5 de julio, el teatro y la cultura de la región recibieron un golpe que llevará mucho tiempo asimilar. Gestor y fundador de la emblemática Sala 88 de Resistencia, referente indiscutido de la actividad artística chaqueña, Blotta fue también un ciudadano comprometido, audaz y generoso.

Desde la tarde del lunes, las redes sociales fueron fiel reflejo del sentimiento popular alrededor de un hombre que, en sus 64 años de vida, fue un hacedor incansable, lúcido arriba y abajo del escenario, con capacidad de liderazgo y una convicción inquebrantable.

Que brille para Hugo la luz que no tiene fin, que no se silencien nunca los aplausos y siga el show.

Nacido en Capital Federal pero afincado muy pronto en Resistencia junto a su familia, Hugo Blotta se inició en teatro a principios de los años setenta junto a otros referentes de nuestro teatro como Gladis Gómez, Carlos Schwaderer y el recordado Coco Barreda. Supo desde un principio que el trabajo actoral demandaba, a su vez, esfuerzos de gestión, militancia cultural y social, y la reivindicación de la actividad artística como fuente laboral.

En ese sentido, eran legendarias las frases que Blotta, entre ensayos y actuaciones, lanzaba como premisas que motorizaban su trabajo y que, a la vez, definían su humor, el optimismo con que asumía la vida teatral: “¡Hacemos la heroica!”, era la contraseña que antecedía las funciones que se advertían a sala no tan llena. Heroica pero también muy terrenal era su mirada sobre el mundo, la certeza de que cualquier actividad que se emprendiera demandaba mucho más del esfuerzo y del trabajo colectivo que del ánimo individual.

“Vermut con papas fritas y good show” la frase con la que Hugo daba comienzo al show de humor.

En 1985 fundó Sala 88, la que sería, además de su espacio de creación, su escenario de vida, su segundo hogar. Instalada en sus inicios sobre la calle Roque Sáenz Peña, de Resistencia, Sala 88 fue también un mojón cultural post dictadura; uno de los rincones donde empezaba a respirarse un nuevo aire después de tantos años de ostracismo artístico. Con talleres, clases de teatro, danza, títeres y funciones a sala llena –y de las otras--, Sala 88 se convirtió muy pronto en un ícono del teatro chaqueño y de la región. Refugio de actores y actrices, de bailarines, de músicos, de elencos del interior de la provincia y de cada punto del país, Sala 88 se erigió como un gran teatro de espíritu abierto y comunitario.

Fueron muchos los lugares de la ciudad por donde pasó Sala 88 hasta llegar a su enclave definitivo sobre calle French, donde la Sala se instaló a principios de los años 2000 y desde donde marcaría a fuego el destino de varias camadas de teatreros.

La trayectoria de Hugo Blotta se engrandece con su trabajo como fundador y primer director del Centro Cultural Alternativo (Ce.Cu.Al) y como promotor de la Asociación de Técnicos Teatrales, Actores y Coreógrafos del Chaco (ATTACH).

El tesón, el empuje de Hugo Blotta, se expresó también en quienes recordaron el ímpetu con que se levantó el edificio de Sala 88. Ladrillo por ladrillo, abertura por abertura, en lo que fue un trabajo amoroso y una entrega cuyos alumnos y compañeros de ruta no dejarán nunca de reconocer.

Sarina, su esposa, Rocío y Maia, sus hijas, sus pilares de vida

Una siesta de febrero de 2020, la tragedia ensombreció el ánimo de toda la comunidad cultural chaqueña, cuando llegó la noticia de que el edificio de Sala 88 se desmoronaba víctima de un incendio. El fuego lo consumió todo. “Ya no existe Sala 88”, declaró un tristísimo Hugo Blotta en aquel momento. Sin embargo, fue su propia prepotencia de trabajo –a la que se sumaron el acompañamiento y la solidaridad de todo un pueblo conmovido— lo que propició que Sala 88 se repusiera y en menos de un año reinaugurara sus instalaciones. Con aportes del gobierno de la Provincia y del Instituto Nacional del Teatro, Sala 88 estrenaba a principios de 2021 su espacio, su nueva vida, su voluntad inquebrantable de permanecer y de seguir siendo mojón de la cultura chaqueña.

En esa misma clave, en la esencia de la Sala que fundó, pueden leerse la vida y la obra de Hugo Blotta.  

“Era hombre generoso, comprometido con la vida social de las chaqueñas y chaqueños”, asegura Mariela Quirós, para quien Hugo Blotta “entendía que la vida cultural, que la vida artística, forman parte de una militancia y de una construcción colectiva”.

Danos luz de escenario, Blotta

 Por Cristina Matta

La tristeza baja en alud. Por estos días, con los golpes multiplicados en el cuerpo, Blotta – el omnipresente Hugo Blotta- se nos fue sin regreso. En la desolación, cómo escribir esta despedida inentendible. Me retrotraigo a fines de marzo de 2020 en un mundo confinado. Los amigos se habían propuesto brindar un reconocimiento a Blotta en el Día Mundial de Teatro con textos que se publicaron en redes sociales. Por eso, decido evocarlo ahora con las palabras que le dediqué en esa ocasión. Siento que mis dichos siguen en pie para este conmovido presente y para siempre.

Lo reproduzco en esta página casi como entonces: “Un gran embaucador. Hugo Blotta nos engañó a todos. Parecía uno más: hombre de cálculos, de manejar publicidad, de quehaceres varios y de operar en banca. Exhibía su anti-yo. Pero un día se largó a la quimera de Sala 88 que es todo. Todo. Una suerte de compacta familia (con familia incluida) que suma actores, técnicos, amigos y favorecedores. Laburo y más laburo. Mucho laburo. Puertas adentro, hace 35 años, Blotta decretó cuarentena general para la supervivencia del teatro independiente. Sin virus ni contagios, allí perduran los sueños, la mística del escenario, los talleres. La idea motora es la construcción colectiva con un equipo entusiasta y solidaridad gremial. Blotta es un pragmático: si no hay, se fabrica. Arremete y gestiona, es tozudo y mordaz. Mientras, puede atarse el delantal de cocinero en encuentros teatrales (una imagen que repite a su madre) o su abrazo cálido sale a recibirme una noche de Premios Bambalinas. En medio de las tragedias- que no son teatro- me guardo a ese otro Hugo. El Blotta tierno”.

Sala 88 cumplirá sus 36 años en escasos días (el 20 de julio) y duele hasta el hueso confirmar que el tiempo empezará a contarse con su presencia ausente. Mi abrazo va de aquí a la nube que él haya elegido para apoltronarse y no dejar de mirarnos. Largo el grito: ¡danos luz de escenario, querido Blotta! Abajo sigue la función.

Junto a Coco Barreda, anunciando la presencia de Facundo Cabral, con cuyos fondos se abrió la sala 88.

Recuerdos entrañables

Por Oscar Cacho Sisto, desde París

Hugo Blotta, “uno se cree que los llevó el tiempo y la ausencia”

Pero esas pequeñas cosas, esos recuerdos entrañables que han forjado nuestra existencia de teatreros, no se borrarán jamás.

Siempre fuiste ese “productor ejecutivo” capaz de resolver las situaciones más complejas y de encontrar soluciones prácticas a todo.

Compartamos los recuerdos más hermosos para que te lleves alguno que otro en ese “mutis por el foro” al que ninguno de nosotros escapará.

Mis más sentidos pésames a tu mujer y a tus hijas.

Los que te aman y admiran se ocuparán, estoy seguro, de que el espectáculo continúe.

¡Hasta siempre!

La libertad de juego y creatividad

Por Nicko Stea

Hugo me dio la posibilidad de actuar en 2011 en una obra llamada “La Fiaca” junto a históricos actores de la Sala. Siempre valore la libertad de juego y creatividad que me brindó desde su dirección, y aunque alejado de la Sala como actor, de alguna manera siempre estaba coordinando y guiando mis pasos teatrales.

Tuvimos discusiones, diferencias, pero así también grandes momentos de charlas e intercambios, risas y recuerdos en cada encuentro de teatro. Me quedo con ese último abrazo y sus lágrimas cuando pasó lo de Sala 88; hoy agradezco haber estado ese día porque pude expresarle el cariño que le tenía y que, así como él siempre estuvo para todos los teatreros, ese día nos tocaba a nosotros sostenerlo.

Que lo vamos a extrañar a Blotta es muy cierto, pero también nos toca seguir edificando nuestro quehacer teatral porque si hay algo que nos dejó él, son mil y un herramientas para poder hacer frente a lo que se venga.

Nos preparó para todo, menos para su partida.

Su pasión por dirigir llevo a ser el maestro de muchos actores y actrices de la región. Estaba en cada detalle de antes, durante y después de las funciones.

Un teatrista admirable

Por Aníbal Friedrich

Es difícil escribir para una persona, y más aun sabiendo que esa persona no está físicamente con nosotros. “El teatro es como el silencio” diría Peter Brook, silencio que se hace al pagarse la luz para presenciar la función, ese mismo silencio es el que tuvimos al enterarnos de esta triste noticia, sabiendo que la luz se apagó para siempre. Pero sé muy bien, que él   seguirá estando en cada   ocasión que sea necesaria, en cada charla, en cada estreno, en cada actividad que era necesaria su   intervención   o   tan   solo   en   cada   consulta   que   se   le   hacía   sobre   un   tema administrativo.

Para quienes compartimos más de 25 años de vida y amistad con Hugo, es y será muy difícil poder olvidarlo, poder comprender que ya no está entre nosotros. Quisiera si, poder destacar y valorar lo mucho que ha hecho por el teatro y lo mucho que ha hecho por tantos compañeros teatristas.

Hugo es sinónimo de gestión teatral en el Chaco y en el país. No sólo me enseño, sino que enseño a muchos otros. Para quienes no teníamos un horizonte, él nos acomodó la brújula y nos dijo “por acá tienen que ir”. Sus palabras con voz gruesa se desplegaban para darnos aliento. Para muchos fue como un padre artístico, recibíamos de él la protección, la   palmada   necesaria   en   el   momento justo.   

Un   ser   que   brindo   y brindará luz, admirable por su gran labor en Sala 88. Admirable por su inmensa capacidad   de   convertir   lo   trágico   en   cómico.   De   reutilizar   lo   descartable.   De convertirse continuamente, de probar, de arriesgarse, de llevar adelante acciones quijotescas, de   ser   el   motor   inicial   de   múltiples   y   diversos   proyectos, siempre pensando en   el   otro.   No   solo lo decía, sino que lo hacía.  

Siendo director del Cecual, un espacio donde el teatro encontró un lugar. Siendo presidente de la Attach, donde   allí   nos encontramos, siendo   yo, su   secretario   administrativo, compartiendo y aprendiendo de él, su inmensa capacidad de gestión. Siendo un gestor frente a la Sala 88, un teatro de la nada convertido en un gran coliseo de nuestro Chaco, donde tuve oportunidad de actuar allí en el año 1996, cuando todavía era una cancha de pádel. Vivencié ese espacio las veces que pude. Uno pisaba Sala 88 y sentía un aire diferente, un ambiente de mucho trabajo y pasión.

Hugo es y será recordado como un teatrista, no sólo escribía, dirigía, actuaba, producía,   sino   que   se   ponía   a   la   par   de   todos,   limpiaba,   pintaba,   hacia   la escenografía,   la   prensa,   colgaba   las   luces,   lo   hacía   desde   la   pasión   que desplegaba, lo hacía convencido de que ese es el camino, siempre nos invitaba a caminar juntos, a ser solidarios, cooperativos, a no ser mezquinos, a darle la mano al otro, a pensar en el otro, a pensarnos en comunidad,   a sentirnos que somos parte de un colectivo, como bien decía Eduardo Galeano “si me caí es porque estaba   caminando,   y   caminar   vale   la   pena,   aunque   te   caigas”   .   

Sigamos caminando compañeros, sigamos el legado que tanto costo y nos dejó este querido y admirable teatrista chaqueño, pongamos en práctica sus principios, seguro él de donde esta estará feliz, compartiendo, celebrando y alentándonos diciéndonos, que “el show debe continuar”.

Más que un icono del teatro

Por Santiago Duarte

Hugo Blotta no solo fue un icono del teatro chaqueño, fue danza, artes escénicas, producción, gestión cultural, un defensor incansable de nuestros derechos como trabajadores de la cultura. Era ese que siempre estaba para darte una mano, para ayudarte a rellenar un formulario, a pensar un proyecto, a gestionar algún subsidio, a darte ese aliento necesario para seguir adelante. Hugo fue solidario, muy generoso, excelente compañero, padre, amigo y un gran referente.

Él me hacía acordar mucho a mi papá, en todos los aspectos: serio, gruñón, tozudo, inquieto, pero con un corazón tan gigante dispuesto a darte amor sólo con una mirada, con un gesto o una sonrisa pícara, y creo que eso me hizo aferrarme mucho a él.

Tuve la oportunidad de ser su director en el Área de Danza, algo que para mí era un gran desafío, pero es ahí también donde encontré un aliado, un cómplice de sueños y proyectos, un compañero de ruta, el que me seguía en todo. Tuve la gracia de aprender mucho de él, todos los días.

Despedir a Hugo fue realmente revivir en mi corazón el momento triste que significo en mi vida la despedida de mi viejo, otro gran referente, pero de la danza chaqueña.

Puedo decir que, con Hugo, se fue una parte de mi corazón.

Militancia del artista

Por Lucia Macarena Diez

Me puse a pensar, que es lo primero que se me viene a la mente cuando te nombro. Pasión, inspiración, mentor, consejero, generoso, buen amigo, buen padre y marido.

Hugo es arte, es militancia del artista, es el que siempre se puso del lado del otro, el que nos enseñó con convicción, cuales son nuestros derechos y también a firme voz, cuáles son nuestras obligaciones.

Con su abrazo cálido, palabras sabias y voz ronca, él siempre tenía algo para decirte, para aconsejarte. Su teléfono explotaba día y noche, porque todas las personas del ambiente, siempre lo buscaban para algún consejo o alguna noticia.

Fue de los pocos que siendo del teatro, logro conquistar a los de la danza y a los de música, a los de under y a los “oficiales”, a los que tenían el amor por el arte como un hobby y a los que vivimos de esto, a los que recién empiezan y a los de siempre. Él lograba unir, conectar y con su generosidad absoluta, convicción y seguridad, cautivaba cada centímetro de tu corazón. Siempre adelante, predispuesto y con “prepotencia del trabajo” como siempre nos decías.

Que loco que te fuiste a otro plano, te lloramos, pero de amor y gratitud porque dejaste muchos “huérfanos” pero tu legado seguirá intacto e intachable por los siglos de los siglos.

Buena gira querido amigo, y como te dije en la última cartita, que sin saber era nuestra despedida: “por los brindis que nos debemos en esta pandemia del orto”

Hugo Blotta, para mí ... el más grande del arte.

Seguir en casa

Por Ulises Camargo

A Hugo puedo agradecerle el espacio, la información y el cariño.

Su teatro se convirtió en algún momento en una casa para mí. Él lo permitió. También sus técnicos y su familia.

Ahí doy clases, ensayo mis obras y hago funciones. También deambulo, proyecto y planto plantas para el mate. Como en mi casa.

La información que me transmitió me sirvió para consolidarme como artista y trabajador del teatro. Valiosas herramientas que me dio en grandes charlas.

El cariño que me dio fue de menor a mayor y ya no tendrá fin.

Gracias Hugo. Seguiremos en casa, trabajando con cariño.

Para Hugo, mi cuñado y amigo

Por Alejandro Ventura

Hugo. Enrollaste los telones, desmontaste los spots, empacaste las valijas con el vestuario y las máscaras y demás; y te fuiste de gira teatral para el cielo. Déjate de joder Hugo, muy pronto chamigo. Hubieras avisado que te contrataron de allá arriba. Se ve que andaban necesitando algo de alegría y buena onda por esos pagos. Y también alguna voz ronca que los haga emocionar con algún libreto. ¿Qué será que van a hacer ahora las demás marionetas con piel y corazón que dejaste en la sala? ¿Se van a pintar la cara con una sonrisa mentirosa para salir a escena? O se van a dibujar con carbón un lagrimón y unas cruces rojas en los ojos. Y los labios hacia abajo, y los mocos chorreando de las narices. Encorvados van a caminar por el escenario, gimiendo y esperando. Esperando que vos les des el: ¡arriba el telón! y nada…todo va a ser silencio en la sala. Todos van a estar esperándote que vuelvas. Pero no. Vos ahora tenés que entretener a los ángeles del cielo, porque ese fue el mandato. No creo que te lo hayan avisado, o consultado. De otra manera no te hubieras ido así. Así nomás, como si nada. De un día para otro apagaste las luces y te bajaste del escenario. ¿Y qué van a hacer las nenas ahora sin vos? Ya sé, las vas a estar cuidando desde donde estés. Y bueno. Así nomás es la cosa Hugo. Te prefieren allá arriba. Anda armando la tremolina por allende las alturas. Desde acá abajo se van a sentir los ruidos y van a salpicar las chispas. Ya nos vamos a encontrar de nuevo amigo. Abrazo grande che.

Referente cultural

Por Mariela Quirós

Hugo Blotta era un referente cultural en el amplio sentido. Un hombre generoso, y de eso dan cuenta los testimonios llenos de cariño y de reconocimiento de quienes se formaron junto a él, y comprometido con la vida social de las chaqueñas y chaqueños. Hugo entendía que la vida cultural, que la vida artística, forman parte de una militancia y de una construcción colectiva. Y él hacía honor a su vocación artística con creatividad y con pasión. Un ejemplo que vale la pena seguir y honrar. La historia cultural del Chaco, en general, y de la ciudad de Resistencia, en particular, tienen en Hugo Blotta a un referente insoslayable e inolvidable.

Trabajador incansable

Por Mamach Massin

Escribir sobre Hugo Blotta es escribir de un grande sin dudas, que dejó bien marcada su impronta en la cultura chaqueña.  Trabajador incansable hasta concretar sus proyectos, perfeccionista, detallista en cada cosa que hacía.

Fui yo quien que pidió hacer stand up en Sala 88 y me abrió sus puertas con mucha alegría.  Me dirigió en una bella obra de Alberto Drago "Señora seria busca señora seria" a la que disfrutamos desde la primera lectura del texto hasta la última función.

Hugo Blotta tuvo actitudes para conmigo que hablaban de su humanidad y solidaridad, las cuales siempre le agradecí.  Cuando salíamos de gira siempre me sentaba adelante, porque el manejaba, y charlábamos todo el viaje tanto de ida como de regreso recordando otras épocas del teatro chaqueño.

Nos conocíamos desde hace más de 20 años, yo vivía en Sáenz Peña y los Encuentros de teatro de la provincia se hacían allí.

Trabajé en Sala 88 durante cuatro años, eso hizo que en ese tiempo todas las semanas nos viéramos varios días por los ensayos y funciones, compartiendo charlas y trabajo.

Puedo escribir muchas páginas destacando grandezas de Hugo, que son con las que me quedé y las tengo en mi corazón.

Gran esposo, gran padre, una persona que sabias que podías contar con él aun cuando hayas tenido alguna diferencia.  En una charla me dijo que en las diferencias y la convivencia con ellas estaba lo interesante de la vida.

Dramaturgo, director, actor, gran puestita y gran gestor...qué más decir.

A pesar de esta angustia me consuela el saber que nadie se va del todo...menos Hugo Blotta por todo lo que me dejó y nos dejó.

Cierro mis ojos y mientras corren unas lágrimas por mis cachetes, lo traigo a mi mente y grito desde el alma en su nombre: ¡viva el teatro!