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La vocación de construir juntos

El pensador francés del siglo XIX, Ernest Renan, elaboró una teoría para explicar la existencia de las naciones. “Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una. Como el individuo, es el resultado de un largo pasado de esfuerzos, sacrificios y desvelos. Una nación es, pues, una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se ha hecho y aquellos que todavía está dispuesto a hacer”, dijo en una conferencia que brindó en París en 1882.

Esta célebre definición de lo que es una nación, no ha perdido actualidad. Puede servir como punto de partida para reflexionar sobre lo que, en un mundo con países cada vez más interconectados e interdependientes, significa construir una nación soberana. El asunto tiene una especial significación en este nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia, en una fecha que debe animar a todos los argentinos a consolidar la vocación de construir juntos, como lo tuvieron los protagonistas de aquel hecho fundacional de 1816 que, a pesar de las diferencias, comprendieron que vivían un momento clave en la continuidad del complejo proceso iniciado en la Semana de Mayo de 1810.

En este 2021, la crisis sanitaria mundial generó un escenario nuevo y, hasta cierto punto, incierto. Salvando las diferencias, también los patriotas de 1816 eran conscientes que comenzaban a transitar sobre terrenos desconocidos. Habían pasado solo seis años del 25 de Mayo y el contexto internacional no hacía más que sumar incertidumbres con noticias que daban cuenta que el rey Fernando VII había logrado recuperar el trono de España y que pretendía hacer lo mismo con las colonias de Sudamérica. Por aquellos años, la búsqueda de la organización política de las Provincias Unidas tropezaba con las diferentes posturas de los protagonistas. Pero a pesar de todas las marchas y contramarchas, el 9 de Julio de 1816, después de casi tres meses y medio de sesiones, el Congreso General Constituyente reunido en Tucumán proclama solemnemente la existencia de una nueva nación libre y soberana: las Provincias Unidas de Sudamérica.

Más de dos siglos pasaron desde aquella jornada en la que una nueva nación comenzó a tomar forma. Hoy hay nuevos desafíos, pero también están presentes los que vienen desde aquella etapa fundacional, como es la reafirmación de la soberanía territorial y política. Si, como plantea Renan, una nación es una gran solidaridad, entonces es necesario buscar lo que une a todos los argentinos y superar los enfrentamientos que no conducen a nada. En este 2021 se deben redoblar los esfuerzos para consolidar las instituciones democráticas, garantizar el respeto por las reglas de sucesión pacífica del poder y velar para que el derecho sea un ordenador de la vida en comunidad en la Argentina. No menos importante será la tarea de seguir afianzando la identidad nacional y el firme compromiso, como sociedad, de proteger los recursos naturales y defender la soberanía.

Trabajar unidos en la construcción de una nación que incluya a todos debe ser uno de los principales objetivos para la Argentina en este siglo XXI, retomando lo mejor de quienes, hace más de doscientos años, sumaron voluntades en el Congreso de Tucumán para reafirmar la vocación de vivir en unión y libertad y dejar atrás el orden social y económico heredado de la colonia. Se debe asumir también el compromiso de promover entre los argentinos la cultura del respeto por las diferencias y comprender que todos los sectores de la sociedad serán beneficiados si se acepta como regla básica de la convivencia el respeto a la diversidad de opiniones. Promover lo contrario, es decir el continuo enfrentamiento de los distintos grupos que conforman nuestra compleja comunidad, solo servirá para agravar los problemas de un país que necesita poner en marcha su economía y el sistema productivo para enfrentar una crisis global que hunde sus raíces en una cuestión que es estructural y que afecta a la mayoría de los países: los problemas que generan los privilegios del capital financiero sobre los capitales productivos. No se puede pretender solucionar los problemas con los remedios que los causaron, por eso es necesario que la intolerancia y la falta de solidaridad queden en pasado, para dar paso a un renovado diálogo social, respetuoso de las diferencias.

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