“Cantará el deseo cuando llegues”
Hace menos de un año María Bakun publicó su libro “Negar la sangre”. En esta charla con Chaqueña desentraña los hilos que transitó para comenzar a mostrar sus poemas.

“El silencio es el recurso de aquellos que reconocen, aunque sólo sea inconscientemente, una nobleza en el lenguaje”, escribe Yves Bonnefoy recordando a su padre. La poeta María Bakun conoce la fuerza y la potencia del lenguaje: “La palabra tiene la posibilidad de curar las heridas. También tiene la facultad de abrir heridas. Creo en el poder de la palabra que ilumina nuestras vidas”, subraya y abre un silencio. Su voz es una danza entre espacios vacíos.
Las letras tienen posibilidad de apertura a distintos campos de la vida. María Bakun trabaja como docente adscripta en la cátedra Teoría Literaria en la carrera de Letras, hace traducción de cine y poesía, y realiza curaduría de muestras de arte. Todas esas actividades están entrelazadas, el lenguaje es el vórtice en torno al cual giran diferentes tareas para construir su propia voz poética. Sus influencias pasan por esos entornos y también por la lectura de ciertos referentes de la poesía que vuelven como mantra luminoso.
En este primer libro de poesía titulado “Negar la sangre” se pueden encontrar textos de los últimos cuatro años, poemas como “Souvenir”, “Cicatriz”, “Imagen fortuita”, “Criatura”, “Afirmar la sangre”, “Te figuro”, “Frenesí”, “En movimiento”, entre muchos otros. La invitamos a elegir un poema para compartir y María no tuvo dudas, “Flamae”: “Ese poema me salió con otra entonación. Siento que tiene un ritmo musical especial. En ese momento estaba traduciendo poesía de la edad media. Así que los poemas me salían con una atmósfera especial y lo disfruté mucho hacerlo”.
Para romper un silencio hay que tener palabras fuertes o palabras que abracen. Por ese lugar pasan las pulsiones de esta poeta. En esta breve charla telefónica desandamos los caminos que la llevaron a esta publicación, “un lugar donde habitar, un refugio es este libro, pequeño y bello”, dice en el prólogo Maia Bradford, y tiene razón.
—¿La poesía llegó a vos o vos llegaste a la poesía?
—En el sentido de la publicación, el libro llegó a mí. En cambio, escribir es algo íntimo y es algo que hace tiempo que vengo haciendo. Este libro –“Negar la sangre”- es una compilación o selección de varios poemas que tenía escrito desde hace cuatro años hasta esta última parte. Nunca dejo de producir. En el último año acepté la invitación de Literatura Tropical muy gustosa y con el desafío difícil de elegir poemas para un libro. Ese movimiento implicó buscar un concepto de obra, y después titular eso también fue difícil. Recuerdo que en ese momento estaba cuestionándome acerca de cierta imposibilidad de poder traspasar a la escritura determinadas experiencias. Fui armando el libro como si fuera el negativo de una foto, tratando de revelar esas experiencias a la luz de la poesía.
—¿Cuál fue ese criterio para seleccionar qué poemas entraban y cuáles quedaban fuera?
—El criterio fue buscar los poemas que se pudieran en su conjunto leer como en una composición. Busqué determinadas temáticas e imágenes que contienen estos poemas. La temática va en torno a la naturaleza, con ciertas impresiones de la calle y del afuera en la ciudad.
—Me imagino que el siguiente paso fue el orden que tendrían esos poemas, ¿cómo trabajaste esa lectura que se puede hacer lineal en el libro?
—Ese fue un trabajo muy artesanal. En general, lo que hago es escribir en máquina de escribir. Así que tengo y puedo ver escrito en el papel el poema. Eso es completamente distinto a verlo en la pantalla de la computadora. Ver el poema impreso en el papel permite una conexión física con la escritura. Para seleccionar los poemas los desplegué en el suelo y los fui leyendo como una lectora externa, fui sintiendo los efectos que produce esa lectura. Hay climas y tonos que fui matizando. Por último, lo revisé con Alejandra Muñoz, quien fue mi profesora de arte y quien me ayudó a elaborar la organización de los textos.
—¿Cómo se suma a este proyecto Maia Bradford en el prólogo?
—Maia fue mi profesora de Teoría Literaria en la carrera de Letras. Siempre tuvimos cierta cercanía o amistad, simpatía también. Ella me había invitado a sumarme al equipo de cátedra y ahora estoy como adscripta. En un momento le comenté que iba a salir el libro y ella hizo el prólogo, un prólogo hermoso. Me llamó mucho la atención cómo comprendió desde donde escribo y en la manera en que hago los poemas.
—¿Qué significa tener esta publicación por medio de la multiplataforma de Literatura Tropical?
—Me parece muy agradable trabajar con ellos, con Alfredo Germignani y con Agustina Bártoli, quien hizo la reseña que aparece en la contratapa del libro. Es un ambiente muy amistoso, ameno, agradable. Haber publicado con ellos surgió del seno de la editorial. Estoy muy contenta con el trabajo que se hizo, con la paciencia que tienen ellos para trabajar. Este libro iba a tener otra tapa y me dieron la oportunidad de cambiarla a último momento. Hay un equipo de trabajo importante y se respeta mucho el trabajo de cada escritor o escritora.

Flamea
Por María Bakun
No limita,
da espacio, soltura,
en la dulzura
que tu voz flamea,
todo es.
Distópica, crea figuras
que son unas
y son otras a la vez.
Musical, reposa en cada cosa,
las anima, las desata también.
Quita al mundo
su ser de piedra ingrata
y nos embarca
a una rosa escarlata
que a la deriva
busca su sazón.
Una flor de fuego
que en el agua flota
es tu voz.
Sola se cría,
sola se hace,
y nos lleva
al otro lado
del otro lago.
del otro lado.










