Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/206302
Mariana Alegre

columnista

Perdonar para cicatrizar, para seguir viviendo

Si perdonar es más difícil que pedir perdón, imagínense cuán difícil es escribir sobre el perdón, en unas pocas líneas. ¿Existe una forma de pedir perdón, un manual de instrucciones?. ¿Por qué debemos perdonar?.  O como me abofeteó mi psicóloga  con la pregunta“¿es necesario perdonar?. A veces, quizás sea la llave para liberarnos. 

Si bien cada religión tiene su concepto sobre lo que se considera pecado, también tienen diferentes celebraciones para el perdón. Más allá de las tradiciones, el acto del perdón, tanto el de dar como el de recibir, es una “procesión que va por dentro” de cada ser humano.

Sarah Montana, es una escritora estadounidense a quien el hermano de una amiga asesinó a su hermano y a su madre. En una conferencia de TEDxTalk en New York , Sara decía “este trauma en forma de grillete al que me ató cuando mató a mi madre y a mi hermano seguía ahí, siete años después. Y me di cuenta que él los había matado, pero fue mi decisión mantenerlos conectados…y entendí que la única forma de liberarme de él, era perdonarlo”.

A pesar de haber dicho a familiares, amigos e incluso a los medios que lo perdonaba, Sarah se había dado cuenta que “decir que perdonas a alguien, no significa que lo hayas hecho”.

Jack Kornfield, psicólogo y maestro budista, define el perdón como la resolución de no permitir que la transgresión vuelva a suceder, de protegerse a sí mismo y a otros…Perdonar no se trata del otro, ni tampoco de un deber. Es una forma de acabar con el propio sufrimiento*.

Pero, Sarah insiste ‘nadie dice cómo perdonar. Es como el espíritu Nike “Just do it” (solo hazlo)’. Mi psicóloga, Marina me pregunta ¿es necesario perdonar?, a una cuestión personal que le planteo. Mi respuesta inmediata (o al menos eso creo yo) es no, la verdad que no. Nunca lo había pensado como opción. 

Muchas veces, la frase que más nos repiten es que el olvido es el perdón, pero no necesariamente es más fácil olvidar. Cuando hablamos de hechos que han dejado traumas, heridas profundas, o incluso pequeñas situaciones que para nosotros son difíciles de perdonar por la persona de quien viene la producción de esa herida, tenemos que enfrentarnos al hecho de que quizás es necesario perdonar, pero es imposible olvidar.

Sarah dice “estaba haciéndome la pregunta equivocada. Cuestionándome el cómo, cuando en realidad necesitaba saber el por qué”. Entonces, es que volvemos a nosotros. Debemos perdonar porque nos hace buenas personas, porque es lo correcto, porque es parte de nuestra religión, porque de esa forma vamos a avanzar. ¿Hacia dónde?. “Todos piensan que el perdón es un atajo a la sanación, que vas a pasar por alto la ira y la vulnerabilidad”, señala Sarah. Coincido. Eso es lo que yo pensaba. Perdonar me hará sanar y seguir adelante. Bueno, no. Pasaron  años para que pudiera entender que los atajos no existen.

Pero, como Sarah dice “perdonar no te sanará, ni te salvará a ti, ni a la otra persona. El perdón, está hecho para liberarte”. El olvido nunca podrá cortar cadenas, el perdón en cambio nos libera de continuar atados a esa persona, por esa herida, y finalmente aparecerán las cicatrices, es decir nos permite cerrarlas.

Pero, cuando yo creí que había perdonado tras un meticuloso, retorcido, dañino repaso, cuando hice el recuento de los daños, una y otra vez, descubrí que solo podía sentir ira, tristeza, frustración, y mirar en el espejo a la persona en la que me había convertido por las secuelas de esos daños. No podía perdonar. No existían frases de pinerest, de Paulo Cohelo, Buda o quien sea. La religión tampoco me permitiría expresar o justificar el perdón, que –como le dije a mi sicóloga- no quería otorgar.

No es el acto de decir te culpo o te perdono, la liberación es íntimamente personal. Como dice Sarah “la ira es como el fuego que cauteriza las heridas y permite cicatrizar, pero agrega “demasiada ira y tendrás quemaduras de tercer grado, pero sin un poco de calor no podrás cauterizar, y si no tienes cicatrices, no sabrás qué estas perdonando”.

Pero, ¿qué buscamos una disculpa, una explicación, que el otro también sufra o entienda el nivel del daño que nos provocó?. A veces, el costo de esperar eso puede ser tan alto que nos encadenan a esa persona, infinitamente. 

No deje de crecer, no deje de avanzar, pero lleve esa cadena hasta que me encontré con Sarah y su charla de TEDxTalk. No podemos comparar nuestras heridas o nuestro perdón, pero justo ahí entendí que mi negación al perdón estaba afectando mi presente porque seguir arrastrando esa cadena, la espera de la disculpa, la explicación, no me permitía deshacerme de las emociones que me generaba.

Cuando estamos dispuestos a soltar, a deshacernos de esas emociones y ver nuestras cicatrices, encontrarnos finalmente con nosotros mismos sin que el otro, o los otros estén en esa ecuación es cuando podemos perdonar. 

Semanas después llegué al consultorio de mi sicóloga, y le dije que cambié de opinión. Necesitaba perdonar no porque quería ser buena persona, o sanar y seguir adelante, decirlo o pedir una explicación. Perdonar significaba reconocer el daño y cicatrizar, soltar definitivamente esas cadenas y estar presente en mi vida. 

No existen recetas para perdonar, pero es una experiencia nada sencilla que verdaderamente necesitamos para poder ser libres de que el daño sea permanente, cicatrizar no para olvidar sino para seguir viviendo.

*Psiciología y mente

Temas en esta nota

perdonar columna de opinión
Notas Relacionadas