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Entre el malestar y la esperanza

El malestar psicológico de los argentinos que viven en zonas urbanas alcanzó su nivel más alto en los últimos diez años, producto de las incertidumbres generadas por una situación sin precedentes que mezcló crisis económica y emergencia sanitaria. Así se desprende de un reciente informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, que aporta datos para dimensionar la difícil coyuntura por la que atraviesa la sociedad y que afecta en mayor proporción a los sectores más vulnerables de la población.

Si bien la pandemia de Covid-19 es un fenómeno global, cuando el brote del nuevo coronavirus llegó a la Argentina, en marzo del año pasado, encontró un país con las defensas bajas, golpeado por la recesión, la pobreza y el desempleo. Luego vino una prolongada cuarentena que se aplicó para evitar el colapso sanitario y que provocó, según algunas estimaciones, una contracción económica cercana al diez por ciento. No debe sorprender, entonces, que el estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, cuyos resultados fueron explicados en un Seminario de Caritas, revele que 23,6 por ciento de la población urbana del país reconozca que, en este difícil contexto, sintió inquietud, agitación, nerviosismo, desesperanza, tristeza y cansancio.

El informe del Observatorio de la UCA lleva por título “Un rostro detrás de cada número: radiografía de la pobreza en Argentina”. Como su nombre lo indica, aborda uno de los problemas estructurales más dolorosos del país que, para algunos economistas, comenzó a gestarse en los primeros años de la década de los años 70 y que se agravó con el plan impuesto por la última dictadura cívico-militar que gobernó el país hasta el regreso de la democracia. Según este documento del Observatorio, las privaciones sociales no sólo se expresan en la pobreza por ingresos, sino también en dimensiones fundamentales para el desarrollo humano, como la alimentación y la salud, el acceso a servicios básicos, a la educación, a viviendas dignas, a un medio ambiente saludable, al empleo y la seguridad social.

El informe resalta la importancia de una dimensión que no es abordada con frecuencia en este tipo de estudios: la situación psicológica de las personas en coyunturas difíciles como la actual. Según el trabajo, el 23 por ciento de los consultados dijo que, en términos de salud mental, está en peores condiciones comparado con el año 2019, experimentando un malestar que se expresa en una falta de motivación, en casos de depresión y angustia. En aquellos sectores que sufrieron inseguridad alimentaria, el 53,1 por ciento de las jefas de hogar padecieron malestar psicológico y 34,3 por ciento en el caso de los jefes de hogar. Por otra parte, otro dato que arroja este estudio señala que solo uno de cada cuatro niños come todos los días y que la pobreza multidimensional afecta a un 44,2 por ciento de la población.

Durante la presentación del documento, el titular del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, Agustín Salvia, dijo que el país tiene un diez por ciento de personas en situación de indigencia, y observó que sin programas como el Ingreso Familiar de Emergencia y la Tarjeta Alimentar, el porcentaje podría haberse triplicado.

Otra investigación realizada por el Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires reveló, por su parte, que aquellas personas que padecieron del Covid-19 consideran que fueron afectados no solo en lo biológico, sino también en lo psicológico, manifestando en muchas ocasiones un aumento de la ansiedad y la depresión, un indicador que se observó con mayor frecuencia en aquellas personas de rangos etarios que van desde los 18 a los 25 años, sobre todo estudiantes universitarios bajos presiones desconocidas ante los ojos externos. En este grupo, al menos un 60 por ciento de los consultados dijo que no recibe ayuda por parte de un profesional de la psicología, aunque reconoce que necesita ese tipo de asistencia.

“En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos”, dijo hace poco el Papa Francisco. La frase adquiere hoy una especial significación. En un momento en el que muchos sienten que se multiplican las inseguridades, es necesario devolver las esperanzas a la ciudadanía.