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Pesar en la sociedad chaqueño-japonesa

Resistencia pierde otro pedazo de su historia con la partida de Mari Saitó

Más de 4 décadas estuvo al frente de la tintorería Nippon, en la emblemática esquina de 9 de Julio y Pellegrini. Tras una vida de trabajo, hoy sus descendientes pelean para que el negocio sobreviva.

Un fuerte pesar recayó sobre la comunidad japone­sa chaqueña tras el falleci­miento de María “Mari” Sai­tó, propietaria de la históri­ca tintorería tradicional Nippon, la cual desde la dé­cada del 60 está ubicada en avenida 9 de Julio y Pellegri­ni, a metros de la plaza cen­tral de Resistencia. Si bien la noticia fue dada a conocer el viernes, Mari Saitó dio su úl­timo respiro el pasado jue­ves en horas de la siesta, producto de un paro cardio­rrespiratorio según detalla­ron desde la Sociedad Japo­nesa del Chaco.

Nippon es una de las últimas tintorerías tradicionales que quedan en la provincia que conserva el antiguo formato de trabajo.


Conocida por todos como Mari, la mujer tenía alrede­dor de 84 años y estuvo a la cabeza del negocio familiar durante muchos años, tras el fallecimiento de su padre, dueño original y fundador de la tintorería.

Retrato de la familia japonesa chaqueña, una comunidad que se instaló en el Chaco a principios de la década del 50.


Su primo Luis Asano, presi­dente de la Sociedad Japo­nesa del Chaco, la recordó con profundo pesar tras dé­cadas de trabajo y dedica­ción para mantener en pie a la única tintorería tradicio­nal, que aún sobrevive en Resistencia y que por mu­chos años fue punto de en­cuentro de la comunidad ja­ponesa. 

La emblemática esquina de 9 de Julio y Pellegrini fue por muchos años el punto de encuentro de la comunidad.


Asano aclaró que el deceso de Mari no fue por causa de coronavirus, sino que se de­bió a un paro cardiorrespi­ratorio. “Ella tenía un daño en la columna producto de una caída, y ahí empezaron los problemas. Falleció de una bacteria en el pulmón, más que nada infecciosa”, explicó Asano.


“Todo el mundo la recuerda como la señora que atendía en el frente de la tintorería, porque ella se sentaba afue­ra a recibir a los clientes y a conversar con la gente que pasaba. Nosotros venimos de familia de tintoreros, y hoy la tintorería de Mari es la única sigue funcionando, aunque hoy más que nada es una lucha por sobrevivir contra el avance de las tin­torerías modernas”, recordó con melancolía el familiar de Mari.

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