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Acción solidaria que salva vidas

Gracias a los continuos avances en el campo de la medicina los trasplantes de órganos son una realidad cotidiana que salva la vida de miles de argentinos de todos los rincones de la extendida geografía nacional. Pero para que eso siga siendo posible es necesario, además del trabajo mancomunado entre el sistema de salud y la sociedad, el acto solidario de donar.

Reflexionar sobre la donación de órganos implica hablar también de la importancia de ofrecer a la ciudadanía información clara sobre el tema, para que se dejen de lado temores infundados que muchas veces demoran la decisión de inscribirse como donantes. Lograr que se aclaren las dudas y las desconfianzas es el desafío que tiene el conjunto de la sociedad para incrementar aún más el número de los dadores solidarios que hacen falta para salvar más vidas.

El tema volvió a instalarse en la agenda pública esta semana, al conmemorarse ayer el Día Nacional de la Donación de Órganos, una fecha que es clave para la tarea de generar conciencia sobre esta acción solidaria. La fecha conmemora el nacimiento, ocurrido en 1998, del hijo de la primera beneficiaria de un trasplante de hígado en el país, realizado en un hospital público. Ese milagro, que fue posible gracias a la existencia de un donante, hoy se puede afirmar también que la donación de órganos, además de salvar una vida, también puede dar la oportunidad de traer una nueva al mundo.

Actualmente se encuentran en lista de espera de un trasplante 6931 pacientes de distintas localidades del país. En lo que va del año, según fuentes oficiales, 567 recibieron un trasplante de órganos y 424 uno de córneas gracias a 294 donantes.

A diferencia de lo que sucede con otras prácticas médicas, el trasplante de órganos requiere también de la participación y el compromiso permanente de los distintos sectores de la comunidad, por eso es importante generar conciencia en la población y hacer hincapié en que si bien el país cuenta con muy buenos profesionales médicos especializados en trasplantes y con centros sanitarios de alta complejidad preparados para llevar a cabo operativos con éxito, ningún trasplante sería posible si no existe la donación de órganos.

Merece destacarse, además, la tarea que realiza el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) y las dependencias que articulan su trabajo en todas las provincias para garantizar que la donación de órganos y tejidos se realice de manera adecuada según las normas vigentes tanto a nivel nacional como internacional, es decir, con equidad y transparencia.

Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud estableció una serie de principios rectores para los procesos de ablación e implante. En la Argentina, en tanto, está vigente la llamada “Ley Justina” que establece que todas los argentinos mayores de 18 años son donantes de órganos o tejidos, salvo que en vida dejen expresa constancia de lo contrario. De esta manera, la norma puso en marcha un cambio de paradigma que sirvió para dar una respuesta más efectiva a la larga lista de pacientes que se encuentran en espera de un trasplante para salvar su vida. La ley lleva el nombre de Justina Lo Cane, una niña de 12 años que estaba internada en la clínica de la Fundación Favaloro, esperando un trasplante de corazón. Pero el órgano nunca llegó y en noviembre de 2017 la vida de la pequeña se apagó.

La Ley Justina creó la figura del “donante presunto”, por la cual no es necesario dejar voluntad expresa por la afirmativa, y de esa manera se garantiza la posibilidad de realizar la ablación de órganos o tejidos sobre toda persona capaz mayor de 18 años, que no haya dejado constancia expresa de su oposición a que después de su muerte se realice la extracción de sus órganos o tejidos. Cabe aclarar que en los casos de menores de edad, la norma dice que “se posibilita la obtención de autorización para la ablación por ambos progenitores o por aquel que se encuentre presente”.

El marco normativo y el trabajo a conciencia que se realiza en el sistema de salud ayudan a promover la confianza de la comunidad en la donación de órganos, una acción solidaria que, de la mano de la transplantología moderna, ofrece nuevas esperanzas a los pacientes y sus familias.

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