Los ideales que fundaron la Patria
La celebración de un nuevo 25 de Mayo debe servir para reafirmar el mandato de 1810 y los ideales que forjaron la Patria. A 211 años de aquella gesta es necesario volver a sumar voluntades a lo largo y ancho del extenso territorio nacional para dejar de lado las divisiones estériles, trabajar para retomar la senda del progreso y consolidar la construcción de una sociedad basada en la soberanía popular.
La crisis sanitaria y económica que angustia a millones de argentinos obliga a actuar con la inteligencia suficiente para comprender que el único camino para resolver los conflictos de intereses y de aspiraciones de los distintos sectores que conforman la sociedad es el diálogo. Así como la Revolución de Mayo fue un ejemplo de voluntades y de firmes decisiones para dejar atrás la etapa colonial y construir, con marchas y contramarchas la autonomía del primer gobierno patrio, hoy el desafío pasa por fortalecer el respeto a las leyes, a las instituciones y los mecanismos de la democracia. En ese desafío le cabe a la actividad política una enorme responsabilidad, por cuanto es la actividad encargada de asegurar que las diferencias alcancen un punto de equilibrio en el terreno de las negociaciones.
La solidaridad, la cooperación y el esfuerzo compartido son y serán claves en el gran desafío que enfrenta la Argentina, que no es otro que alcanzar un gran acuerdo nacional que sirva de base a una nueva etapa de crecimiento económico con equidad e inclusión social.
Así como hoy la gran mayoría de la ciudadanía argentina no pone en tela de juicio lo fundamental que resulta mantener el respeto de las reglas de sucesión pacífica del poder y de lo importante que es garantizar que completen su mandato todos los presidentes que son elegidos por la voluntad popular para conducir los destinos de la Nación, es necesario ir más allá para lograr ese gran acuerdo político que sirva para la gran tarea que la sociedad, en su conjunto, tiene por delante: erradicar el hambre y la pobreza que castigan a millones de argentinos. Un día como hoy, hace exactamente un año, desde esta columna se planteaba también la necesidad de generar un clima político que garantice la estabilidad y la convivencia armónica entre los representantes de las distintas fuerzas con representación parlamentaria para poder avanzar hacia esos objetivos comunes. Es que, en rigor, eso es lo que tienen en común las naciones más desarrolladas: una clase dirigente conformada por personas que, por encima de sus diferencias, están de acuerdo en que se necesita estabilidad democrática y un conjunto de condiciones favorables mínimas para la acción de gobierno. En otras palabras, la ciudadanía debe exigir un debate serio de los asuntos de interés público y recordar a quienes -especialmente en estos tiempos difíciles de crisis sanitaria- no están a la altura de las circunstancias y esgrimen argumentos infantiles para ganar unos minutos de atención en lugar de presentar propuestas inteligentes que ayuden a superar la emergencia.
Acaso sea necesario señalar una vez más: hay que dejar de lado las posiciones extremas. Quienes fueron elegidos para representar a la ciudadanía tienen en sus manos la responsabilidad de evitar las divisiones profundas en la comunidad y, por lo tanto, deben ayudar a fortalecer la sana convivencia, para asegurar la libertad de expresión y la pluralidad de pensamiento, que son dos pilares fundamentales de las sociedades democráticas.
Hay que aprender las lecciones de la historia. Aquellas que demuestran que el juego de todo o nada solo sirve para perjudicar al conjunto de la sociedad. En lugar de seguir en ese juego, hay que centrar las energías en el debate sobre cuáles son las políticas de Estado que necesita el país, sobre cómo salir de la trampa del corto plazo que solo lleva a aplicar parches a problemas estructurales.
Nuestro país está muy lejos hoy de ocupar un lugar relevante en el plano geopolítico internacional. Hay que unir esfuerzos para recuperar terreno en un mundo que está en constante transformación y que comenzó a gestar las reglas de un nuevo orden. Será necesario, entonces, recuperar el espíritu de los patriotas de Mayo que se animaron a dejar atrás formas anacrónicas de pensar y se lanzaron a construir el camino de la emancipación.










