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El viejo anhelo de la movilidad social

Una investigación que se realizó antes de la pandemia por encargo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirmaba que un niño que nace en un hogar vulnerable de la Argentina necesitaría al menos seis generaciones para salir de la pobreza. La irrupción de la crisis sanitaria, que agravó los indicadores sociales y económicos, agregó nuevos obstáculos a los esfuerzos por revertir una situación que perjudica a toda la sociedad.

Aunque el fenómeno se repite en gran parte de América Latina, los ciclos recesivos que padeció la economía nacional en las últimas décadas, y que representaron casi 25 años de contracción de la actividad económica, alejaron aún más a millones de argentinos del sueño de la movilidad social ascendente que, con esfuerzo y trabajo, permitía que los hijos tengan mejores condiciones de vida que sus padres. En rigor, desde la caída del Muro de Berlín hasta estos días, las políticas económicas implementadas en la gran mayoría de los países acentuaron las desigualdades, incluso en aquellos en los que la prosperidad aseguraba la movilidad social. Según datos de la OCDE, en Estados Unidos se necesitan cinco generaciones para salir de la pobreza. Un estudio de la Universidad de Columbia estima que el número de estadounidenses en situación de pobreza llegó a los 55 millones en septiembre pasado. No es casual que, con esos datos, el presidente Joe Biden haya anunciado un paquete de medidas que incluye fondos para erradicar la pobreza infantil y garantizar el acceso a los alimentos a los norteamericanos más vulnerables.

Volviendo a los datos de la OCDE, el citado estudio de esta organización internacional señala que en Colombia se necesitan 11 generaciones para salir de la pobreza; en Brasil nueve y en Chile seis. En países donde la desigualdad no es un problema tan grave, los tiempos de la movilidad social se reducen: en Finlandia se necesitan tres generaciones y en Dinamarca dos.

Según los números que maneja el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) el nivel de pobreza en la Argentina ascendió al 42 por ciento en el segundo semestre del 2020, con un incremento de casi siete puntos porcentuales respecto del mismo período del 2019. Frente a esta dura realidad hay que decir que, con estos altos niveles de pobreza, la tarea para reducir esos indicadores va a demandar mucho tiempo y esfuerzo. También hay que señalar que se llegó a esta situación por una serie de decisiones de políticas económicas que más que resolver los problemas solo sirvieron para agudizarlos.

Se sabe también hoy que el 16 por ciento de los niños, niñas y adolescentes del país realiza algún tipo de trabajo que debe realizar para sobrevivir junto a su familia en un contexto de dificultades extremas. Esto obliga a redoblar los esfuerzos para erradicar todas las formas de trabajo infantil, garantizar la continuidad educativa de los chicos de las familias más vulnerables y fortalecer las protecciones económicas para estos sectores de la población.

La crisis sanitaria generó más situaciones para la vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes y por eso hay que actuar sin demoras para evitar el injusto destino de exclusión que espera a estos chicos si no se revierte la situación.

La sociedad en su conjunto debe comprender que el desafío pasa por lograr que en los próximos años mejore la movilidad social ascendente, brindando a amplios sectores de la población la posibilidad de acceso a una vivienda digna y a servicios de salud, entre otros factores considerados indispensables para el desarrollo de las personas.

El informe de la OCDE, que lleva por título “¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social”, publicado por el Foro Económico Mundial, analizó distintas variables relacionadas con los ingresos para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente. El análisis, que se llevó a cabo en 36 países, entre ellos la Argentina, llegó a la conclusión que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90. Es que a partir de esos años las políticas que promovieron la especulación financiera en detrimento de la producción y el trabajo se impusieron en distintas naciones dando como resultado un serio deterioro del bienestar económico y social de millones de personas.

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