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Nadie sabe dónde estuvimos

‘Nadie sabe dónde estuvimos’ de Luis Benítez -Editorial Palabrava, Colección Rosa de los Vientos, Santa Fe, Argentina, 124 páginas-, fue publicado este pasado 20 de mayo, y su contratapa nos adelanta: “Hay una entrada y una salida en cada poema que nos va llevando de la mano hacia un corazón turbio que observa con pena. Quizá, la decepción y el malestar del poeta oculten un profundo dolor ante lo manifiesto del mundo, y —también— sobre lo que no está expuesto en forma precisa.

Con humor ácido a veces, con agnosticismo en otras, expone las dudas sobre lo que existe en lo recóndito del alma humana.

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Su socarrona ironía nos transporta a un universo en donde las preguntas abundan y las respuestas son escasas. Lo cotidiano va cayendo hacia el absurdo y lo que parece ser una luz pronto se transforma en quimera.

Luis Benítez, como todo buen poeta, pudo vislumbrar lo que estaba por llegar, este momento bisagra, que parece caído de la mano de un dios que se escribe con minúsculas”.

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Para conocer un poco más al poeta, narrador y ensayista literario Luis Benítez, podemos decir que nació en la Ciudad de Buenos Aires, donde reside actualmente; y que sus 42 libros fueron publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay.

Recibió numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primer Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2007).

haute couture 

no hay profesión peor

que la de los diseñadores de moda.

esos que dictaminan convencidos

si para esta prolongada temporada

el largo de los versos

debe llegar hasta la rodilla

o bajar hasta los tobillos.

sus agrias mannequins desfilan luego

por todas las pasarelas disponibles

semejantes a enormes frutillas

—un gran salmón encarnado

trastabillando sobre altísimos zapatos—

o parecidas a ridículas cacerolas vueltas abajo

listas para el prometido aplauso

de la repetida

tediosa novedad.

si el “cómo” debe estar medio desnudo

si corresponde que se vea el “qué”.

sus creadores aseguran que de haber sido invitados

homero y t.s. eliot dirían “está bien”

y casi ninguno vacilará en aceptarlo.

en todo asunto el dictado de la moda

es la peor cosa de este mundo.

pequeñas victorias

una buena noticia llegó hace una hora.

otra todavía no olvidada

repite una y otra vez

su salmo en el contestador.

el hombre que fuma cada tarde

y mira a través de su ventana

se anima a sonreír con disimulo

aunque obscuramente teme

hacerlo con exceso.

en su cielo interno el viejo avión

por el momento ha estabilizado de nuevo

sus alas y aunque casi todas las nubes

siguen en su sitio

por ahora

un hueco existe por donde pasar.

dos novedades muy pequeñas

detuvieron con sus mínimas fuerzas

a los hermanos fatídicos:

el temor, la angustia y el remordimiento

cerraron sus bocas rencorosas.

“que solo entre ellos peleen por ahora”

piensa el hombre que fuma cada tarde

y mira a través de su ventana

como si el futuro estuviese a punto

de pasar caminando por la calle

y él pudiera saludarlo.

hormigas

este camino viviente

que atraviesa el jardín

viene de un país

que no es el nuestro.

aunque todo el tiempo

atravesamos la superficie del otro reino

desconocemos sus selvas diminutas

el desolado desierto de una baldosa

la efímera catarata de una canilla abierta

los sucesivos abismos que abre una escalera.

abajo y alrededor de nosotros

otro mundo infinito se derrama.

nos inquieta que ese entrevisto dominio

se asemeje tanto a lo que vemos

desde la ventana de un vigésimo piso.

muy lejos y a nuestros pies

otros asesinatos heroísmos y maldades

tienen sus tiempos y ocupan sus lugares 

de un modo que juzgamos mecánico:

el sentido de esos días que transcurren distintos

como mucho es un enigma

que enseguida desdeñamos.

su remoto parentesco nos asusta

cuando observamos a un niño

prestarle su atención más entera:

olvidará al crecer las veces

que fijó los ojos en el otro reino

aquel que como el nuestro

comenzó el mismo día

 sobre la necedad de los cuentos de hadas

los buenos casi nunca ganan.

l amor es más débil.

por lo habitual ni tarde ni temprano

se hace justicia y el tiempo

no es capaz de curar

ni la más mínima herida.

¿pero qué sería de nosotros

-comprendé, estimá y valorásin

los cuentos de hadas?

el vuelo de la araña

diminuta paracaidista en su levísima tela flotante

cruza las terrazas y las calles

en una caída sin fin

la que sin duda proviene de otra parte.

muy lejos estamos de ella: veo su glóbulo errante

alivianarse más y más en el aire

entregado a la voluntad que lo desprendió

de una era que palpita paralela a la nuestra.

libre de todo peso terrestre

cuanto que me dice es ajeno

insoportable

otro:

una frontera hay que yo no toco

y detrás de ella un entera realidad no nos conoce.

hasta allí se alargan nuestros desatinados cuchicheos

pero nada los oye: solo responde con su vuelo la araña

cuando apenas nos queda imaginar de qué paraje

escapó su mínimo enigma

polizonte en el mundo. 

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