Adiós doña Olga, Olguita, mami
"La vida no espera, no para no avisa. Tantos planes, tantos planes vueltos espuma" , dice una canción de Jorge Drexler y define de alguna manera el duro momento que atraviesan los familiares y amigos de Blanca Olga Bussolon .

Como una ráfaga se suscitó un problema estomacal, que derivó en una internación, seguida de una intervención quirúrgica y un corazón que no resistió. Así de contundente, así de inexplicable, en menos de 8 horas la vida de doña Olga (como la conocían los vecinos de Villa Alta) se apagó.
Los hijos, Susana y Marcelo, su hermano Aldo, sus nietos Sol, Lautaro, Santiago y Mateo, su yerno Eduardo y sus infaltables primos participan del luto por su partida.
Agradecidos especialmente al servicio de emergencia de EME por el excelente trato en todo momento, gestionando algo tan difícil en tiempos de pandemia como la cama para la internación y acompañando de manera tan humana y tan cálida a la familia.
Quien se haya cruzado con Olga tendrá dentro suyo imborrables recuerdos. Una mujer de valores, de trabajo, que supo reponerse a la muerte de su compañero de vida Omar Romero, que siempre dio todo porque a sus hijos no le falta nada, especialmente amor.
Ya en la última etapa de su vida decidió alquilar un departamento en planta baja. Quienes la frecuentaron en Villa Belgrano destacan su paciencia, empatía, la charla amable y tener a mano siempre "algo" para convidar. Estuvo hasta el último momento pendiente de sus nietos, sus hijos, sus amigos, sus primos (perdió a una de ellas hace una semana por Covid), y hasta le preocupaba qué le iba a pasar a su perrita "Perlita" cuando la llevaban a internar.

Crió a los suyos y fue mamá, amiga, confidente y proveedora muchas personas que conoció a lo largo de sus 76 años. Inculcó a sus hijos y nietos la fe, la esperanza, el ejemplo del trabajo y su sonrisa como bandera.
Amaba los domingos rodeados de sus afectos para compartir los "asaditos", que tanto le gustaban. Le encantaban las reuniones con los primos y hasta tenían un grupo de WhatsApp para estar al tanto de las novedades de la familia. Le gustaba el folklore, los festivales, la danza y celebrar la vida en sus múltiples manifestaciones. Era una minuciosa cocinera, e incluso cuando sus dolores óseos limitaban su andar continuó dejando panzas llenas y corazones contentos a familiares y amigos.
En los últimos años y luego de algunas insistencias de sus hijos aprendió a usar los teléfonos inteligentes. Tenía su cuenta de Instagram, Facebook y leía noticias desde su smartphone. Para ella fue una ventana al mundo, sobre todo por las múltiples limitaciones debido a la pandemia, era su manera de estar enterada de las cosas y siempre se ponía muy feliz por los logros de la gente que amaba.
Este frío sábado fue el último adiós para tanta gente que la amó y la disfrutó. Las medidas por la pandemia no permiten que se pueda estar más de una hora en el velatorio, así que al igual que su muerte la despedida también fue rápida.
Sin embargo, su legado de amor, su huella en tantísimos corazones seguirá viva. Los momentos de calidad vividos, esos tesoros que guarda el corazón y se alojan en la memoria serán las páginas de un libro que seguirá contando el paso de doña Olga por este mundo, por este suelo chaqueño.
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