Toponimia india, fortines y pueblos en el territorio indio
El presidente Domingo Faustino Sarmiento designó el 13 de enero de 1870 al militar Manuel Obligado como comandante en jefe de la Frontera Norte con el indio.

El comandante se instaló en Fortín Belgrano, a 100 km de Santa Fe, y con el tiempo las acciones militares se desplazaron hasta el Arroyo del Rey (Reconquista), al oeste hasta Tostado, y pasaron el Paralelo 28°, dejando implantados alrededor de un centenar de fuertes y fortines para ocupar el territorio.
El lugar a describir es lo que vendría a ser el actual departamento Tapenagá, cuya cabecera es Charadai y aledaños, un territorio que se conocía con toponimia indígena. Partimos de que Schagaray (Charadai) significa “empachado”, o lugar donde la gente se empacha por abundancia de comida; el indio se reponía allí de sus batallas.
Cercano a Piglapá, “cera”, donde las colmenas (cabachuí, en guaraní) colgaban de los árboles hasta el piso. Shimpí-lta, donde vivieron los vilelas; Pina-lta, lugar donde naciste; Cote Lai abundancia de palometas; Nalá Nahué, cama en el árbol, por ejemplo.
En el mismo territorio, después los fortines, Tacurú, Cabeza de Chancho, Fuerte del 6to. Regimiento, Florencia, todos en Santa Fe. Pillapu, Tapenagá, Kochere, Palmira, Palmar, Las Heras (coordenadas de Charadai). Tormenta, Necochea, Potrero, Pampa Porteña, Encrucijada, Decaroli, entre otros, en el Paralelo 28 del lado del Chaco, por mencionar algunos.
Recordemos que el ferrocarril Santa Fe traspone el Paralelo 28° y llega a La Sabana en el año 1896, poblado que se aseguró con el apoyo militar de los fortines. A esa fecha, los rastrillajes militares habían sido continuos, con gran matanza de indios, y los pocos sobrevivientes fueron desplazados del lugar. Se ocupó el territorio para explotar los montes del quebracho, lo que hicieron Portalis y Harteneck, y más tarde las empresas extranjeras. Los obrajes atrajeron un aluvión de trabajadores correntinos, santiagueños y paraguayos que, sumados a los nativos, dieron forma a los pueblos.
Hacia el 1900 aproximadamente se fueron conformando poblaciones a la vera del ferrocarril con una sociedad bien diferenciada. Por un lado, la mayoría conformada por peones de actividad forestal, ganadera y de comercios afines, despensas, panaderías, ferroviarios etc. Por el otro, la minoría mandante de comerciantes, ganaderos, empleados y gerentes de emprendimientos forestales, entre otros.
La organización política fue la primera necesidad, y vino la Comisión de Fomento, no precisamente para la gobernanza con la población mayoritaria, sino porque entre ellos, “unos pocos”, definían quién sería “el dueño del pueblo”. Necesitaron del pobrerío para elegirse y ordenaron conformar un padrón electoral, no se dejaba constancia, ni se identificaba al elector para sufragar, el voto era cantado. Tanto jueces de Paz como comisarios del Territorio fueron de apellidos extranjeros, y designados a “dedo” de quien mandaba más.

Se crearon las escuelas, por necesidad de los hijos de la clase social que mandaba, estafetas postales, policía, registro civil, servicios de ganadería y bosques para despachar sus embarques. Todos a cargo del Estado, mientras los que mandaban “hacían la moneda” (La mentalidad sigue hasta ahora: hay que cuidar la fuente de trabajo). Vino la Iglesia, porque los peones son devotos para bautismos y casamientos, no sea cosa que pidan permiso para irse a otro pueblo y falten al trabajo; habrá “hijos y entenados” para todo.
El núcleo ferroviario fue Charadai. La Sabana quedó como un pueblo de paso, pese a que había sido nominada para capital del Chaco en su esplendor; en decadencia, le cedió lugar a Horquilla, Haumonia, Oetling. Por esos años mi querido pueblo Charadai llegó a tener más de 18.000 habitantes, en la decadencia menos de 1.000. Primero por el fin de las actividades forestales, luego el tiro de gracia le dio el levantamiento del ferrocarril en la década del ´60. De la prosperidad sobrevino el abandono y el olvido de todos los gobiernos de turno. Subsistieron como pudieron, pero los resistentes y resilientes se organizaron desde abajo.
Con identidad socio-territorial reconocieron sus vínculos de pertenencia y una relación particular con el medio en el que echaron raíces sus antepasados, creando lazos de atadura con el lugar. Arraigo para sí y para los pobladores que no quisieron o no pudieron irse, resignados y confiados en su gente. No les fue fácil, Eladio Aguirre, 27 años, y Ramón Ibarra, 26, por citar algunos, entre otros dirigentes municipales, ejercitaron “resiliencia” y “adaptación” al medio, y hoy algunos ministritos foráneos les piden recambio.
Una de las primeras causas que provoca la decadencia es el cierre de establecimientos escolares, ni hablar de todos los demás organismos, y cuando la escuela secundaria perdía alumnos, inventaron una residencia de cursantes: hoy es una escuela fortalecida. Apostando al arraigo devino el mejoramiento sanitario, se creó el Juzgado de Paz, el banco y demás servicios. Charadai es la metrópoli de La Sabana, Horquilla, Haumonia, y Oetling, con solo peones rurales, comunicada solo por tren en días de lluvia (la estación de Oetling fue usurpada como casco de estancia).

Reconforta el resurgimiento de comunidades olvidadas camino a una sociedad sustentable, económicamente viable y socialmente justa, que garantice la supervivencia colectiva y el progreso sostenido, frente al modelo de desarrollo productivista y consumista que desequilibra las relaciones sociales y ambientales.
Le falta, sí, su comunicación terrestre, no puede quedar al margen de la pavimentación de la Ruta 13, que se hizo al revés: comenzaron desde el oeste. Faltó la reparación histórica para pueblos que perdieron sus riquezas naturales en beneficio de capitales extranjeros. Las barbas en remojo para aquellos que explotan el suelo y apuestan a la deforestación.
La región de Charadai encierra un patrimonio histórico imponente, que corre el riesgo de perderse definitivamente, elementos y manifestaciones tangibles o intangibles de una sociedad producto del desarrollo industrial, resultado de un proceso histórico que la identifica y la diferencia de otras regiones. Construcciones y manifestaciones del pasado que se visibilizan en el remanente de La Sabana, apetecible para el turismo rural. A su vez, extensiones de suelo del humedal, incluyendo pueblos como La Sabana, no tienen catastro y la documentación todavía la conserva la Nación.
Schagaray en toponimia india, Fortín Las Heras, Villa Harteneck, del mayor exportador de quebracho, de extracto de tanino y socio forestal de los ingleses. Charadai, núcleo de la logística ferroviaria de la región, del ocaso y resurgimiento, con 2.500 habitantes ahora, enfrenta uno de los desafíos más grandes de su historia: peligra su ecosistema con las obras proyectadas en los bajos submeridionales. Ya ocurrió el primer embate: secaron la Cañada Rica y contaminaron con venenos y desechos cloacales el humedal, al modificarse el escurrimiento del Tapenagá (Tapenrá), apostando a ese desarrollo “productivo” que destruye los recursos naturales.
*Abogado, especialista en evaluaciones ambientales, escritor e historiador del Chaco y sus ancestros.










