Mercado Municipal
Las autoridades decidieron construir y habilitar, con escasos recursos, un mercado para resguardar las condiciones de higiene y salubridad de los alimentos que la Colonia Resistencia consumía..

El primer Mercado Municipal se inauguró el 1° de abril de 1895, y funcionó en la esquina de Pueyrredón y Avenida 25 de Mayo, en la manzana donde hoy se levanta la Casa de Gobierno de la Provincia.
Este primer edificio tenía paredes de ladrillos cocidos, techos de paja de palma y pisos de ladrillos con revestimiento de cemento. Había 12 puestos de venta de carne vacuna y verduras. Funcionó allí durante dieciocho años, hasta su reemplazo por el que hoy se recupera.
El 1º de mayo de 1912, en sesión ordinaria del Concejo Municipal, bajo la presidencia del señor Augusto Shur, y teniendo ya los planos del proyecto aprobados, se resolvió llamar a licitación pública de propuestas para la construcción del Mercado Municipal dentro de la planta urbana, en un cuarto de manzana de propiedad del municipio.

La convocatoria recibió dos propuestas de constructores de aquella época, la de De Nicola y Durmüller, y otra de la firma Vicente Guerrero y Ángel Guerrero, a quienes finalmente se adjudicó la obra.
El edificio proyectado ocupó un área de 46 por 24 metros. En el centro del frente principal se diseñó la entrada mayor, con cuatro negocios a cada lado. El frente de era de hierro y vidrio como indicaba el plano, se construyó la vereda y se colocaron las gradas de piedra.
La vereda estaba protegida por un alero de techo de zinc acanalado, sostenido por ménsulas de hierro unidas a las columnas del edificio. El edificio principal estaba construido en mampostería y la estructura del techo con cabreadas de hierro, de chapas de zinc, y tenía ventilaciones y claraboyas. Las entradas llevaban umbrales de piedra y persianas de hierro. La persiana del ingreso llevaba una puerta de “quita y pon” típica en esas instalaciones.
En 1913 quedó definitivamente inaugurada la obra en la intersección de las calles San Luis (hoy, José María Paz) y General Manuel Obligado. El hábito de abastecimiento de los productores locales y los vecinos consumidores fue dándole una característica singular al sector urbano, mientras la ciudad crecía a su alrededor.

Progresivamente se fueron instalando en su entorno los mayoristas que introducían en la ciudad los productos alimenticios que no se producían en el área, creando toda una zona de abastecimiento diario o periódico de productos frescos.
El interior
Veinte puestos de expendio de carne vacuna, cerdo, cordero, chivo, menudencias, conejos, gallinas y huevos. También dos puestos de pescados de río y de mar, uno de especias, y una cafetería atendida por Valenzuela, quien hacía llegar el desayuno a cada puesto. Una gran cámara frigorífica y mucho espacio para que transitaran los clientes.
En el frente, sobre la calle, ocho puestos con grandes vidrieras para la venta de frutas, verduras y fiambres. Carniceros de profesión atendían los puestos adentro: los hermanos Aguirre, Mansilla, Resca, Martínez y otros. Las fruterías de Germán Frade, José Nieto, Ayala, Juancito, y los dos puestos de fiambrería de Mozzatti y Frigorífico Fazzoli, de Santa Fe.
Un negocio que me quedó en el recuerdo fue el del Frigorífico Mozzati, una fiambrería y carnicería de primer nivel, donde se destacaban los chorizos, su especialidad. Su planta de elaboración estaba en Avenida 25 de Mayo 1335. El movimiento era infernal desde las cuatro de la mañana, con la llegada de los carros, jardineras y camiones con la mercadería perecedera.
A las seis de la mañana se abría el mercado al público y gran cantidad de gente se agolpaba para comprar lo mejor. De paso, se hacían las compras de almacén, porque en las inmediaciones estaban los Batocchio, la despensa de Don Manuel Laghe, y la famosa despensa El Ahorro, con un surtido que parecía de ramos generales.

Según contaba don Roberto Varela, toda la cuadra de calle Obligado tenía distintos ramos de venta. Comenzando desde calle Frondizi: la pescadería de Ramírez, el mayorista de frutas; los hermanos Huerta (Pepe y Juancito); la fiambrería La Unión, de Don Juan Argañaraz; la semillería El Rey, de Sol Fernández; la mimbrería de Canteros; el restaurante Botafogo; Estigarribia; el pescado frito que vendía Don Lurachi; los Nacir con frutas y verduras; y en la esquina, la librería 9 de Julio, de la familia Mendoza; y la gran tienda La Esmeralda. En la misma vereda del mercado estaba el restaurante Tokio, del japonés Antonio; una peluquería y el depósito de frutas de Alejandro Fernández.
La actividad del Mercado Municipal duró poco más de cincuenta años, y cerró sus puertas obligado por el crecimiento y la “salubridad urbana”, ya comprometida. En 2015 se refacciono todo el frente, y próximamente será una realidad la puesta en valor de tan emblemático edificio.










