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Recordando a “Roque”, el aguará guazú aparecido en el shopping Sarmiento

Señor director de NORTE:

El intendente porteño Carlos S. Alucard firmó el 30 de abril de 1907 el decreto que crea la fiesta del animal a celebrarse cada año en el jardín Zoológico, un día de abril entre los días 20 y 30.

La primera fiesta fue programada para el 29 de abril de 1908, sin embargo, la lluvia
impidió el acto postergándose para el 2 de mayo. De ahí surge que el día del animal se celebrase ese día.

El día del animal se celebra en la Argentina desde 1908 el 29 de abril debido a esa fue la fecha original de la primera convocatoria y no por la muerte del doctor Ignacio Lucas
Albarracín, ocurrida 18 años más tarde.

Este año dedicamos este día al aguará guazú, que a fines del año pasado nos sorprendió con su aparición en el Shopping Sarmiento. Hecha las primeras acciones fue trasladado al complejo Ecológico Municipal de Roque Sáenz Peña en donde fue operado continuando con los cuidados necesarios. El 14 de noviembre del 2020 fue encontrado muerto.

Quienes trabajaron para recuperarlo le pusieron el nombre de “Roque”. Para conocerlos mejor a estos animales de nuestra fauna agregamos algunos datos.
Nombre científico: Chrysocyon brachyurus. Nombres vulgares: aguará guazú (aguará = zorro, guazú = grande en guaraní); guará, lobo de crin, lobo de crinado, lobo rojo, zorro de patas, perro dorado, zorro del Chaco, lobo de los esteros, kalak en toba, lobo aguará – Brasil, lobo vérmelo – Brasil; borochi – Bolivia; mbuapavachú – en partes del Paraguay; wawo en lengua de los Viceras;
caalac en mocoví; gueken,guelken, huika (tehuelche septentrional)

Pertenece a la familia de los cánidos: zorros, lobos, perros, coyotes. Tienen una forma muy particular de caminar, avanzan en el mismo tiempo las patas de cada lado del cuerpo, con este paso recorren largas distancias dentro de su territorio. Este estilo de locomoción se asemeja al caminar de una jirafa. Los abipones chaquenses los buscaban por la piel, aunque no queda claro que prendas confeccionaban con ese material, en cambio los mocovíes, emparentados culturalmente con ellos al parecer no usaban estas pieles.

En la época colonial los cuervos de aguará guazú solían destinarse para hacer conejillos sobre puestos de montura, en tanto que su olor fuerte desalentaba su empleo en ropas de vestir. Se atribuía a la piel propiedades curativas en el Nordeste que los conejillos hechos con ellas tenían la virtud de curar o prevenir las hemorroides.

En el siglo XVIII para calmar los dolores producidos por la artritis o los cólicos, era excelente taparse con una cobija hecha con este material originaban un calor especialmente beneficioso. En Formosa los tobas la utilizaban para hacer mocasines que empleaban en las expediciones de caza. Antiguamente los mocovíes hacían puntas de flechas con los huesos de sus patas, este era el único uso que sacaban del aguará guazú.

La población criolla halló otros empleos para los huesos de este animal. La calladura de los mismos se consideró que alivia a la mujer en partos difíciles. Sus colmillos también han tenido valor en la medicina popular, considerándose que sirven como prevención contra las mordeduras de víboras; si recibiera la mordedura el colmillo lo haría inocua. Otras partes del cuerpo como la punta de la cola tiene valor como amuleto para la fortuna en el Nordeste.

Existen más creencias sobre los aguará guazúes, que suelen hacerlos víctimas de los miedos del hombre, que opta por ahuyentarlos o matarlos: es que son sospechosos de ser en realidad seres humanos transformados, lobizones y no simples animales. Sus gritos lúgubres que impresionan a quien los oye en la soledad de la noche en el campo, con su andar desmañado en las tinieblas nocturnas.

Los aguará guazúes toman, para lo que se halla culturalmente predispuesto, en aspecto siniestro como coinciden en términos generales con la descripción de lobizones (creencia de raigambre europea adaptada en el medio criollo, en el que los séptimos hijos varones, en noches de luna llena se convierten en lobo o grandes perros oscuros para sembrar el mal). No todo es malo para estos animales en peligro de extinción:

Hay un chamamé Aguará guazú dedicado A ellos, con letra y música de Antonio Tarragó Ros. En la ciudad de Roque Sáenz Peña en la avenida 33 entre 14 y 16 se halla una escultura de un aguará guazú con su cría obra del escultor Rubén Darío Marcon.

Para cerrar la nota les entrego este hermoso poema de Zaira Barone: 

El dueño del monte quiere vivir

El dueño del monte

se entrega en un shopping
se da por vencido
se entrega, dolido
herido, muerto pero vivo

entrega la llave
del monte chaqueño.
Ustedes ganaron,
ahora son dueños.
me rindo, humano.

No sé a dónde ir,
recorrí mil montes
y llegué hasta aquí.
Me entrego en sus manos
ya no sé existir
mi casa está en llamas
y quiero vivir...


Pensé que era dueño
pensé en libertad
pero a sus manos
me debo entregar.
Me queman la vida
ya no hay alimento,
ya talaron todo
y quemaron el resto.


Me rindo, humano,
ya no aguanto más...
y mi madre tierra
les va a reclamar...
pensé que era dueño
pensé en libertad
pero a sus manos
me debo entregar

Cuando tengan hambre
y no haya aire puro
recuerden lo que ustedes,
le hicieron al mundo.

Soy el sacrificio
me quiero brindar
espero que la Pacha
les pase a cobrar...

RAÚL E. CHAPARRO
DNI 7.055.090
RESISTENCIA

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