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SIN BARBIJOS NI DISTANCIAMIENTO ENTRE MANIFESTANTES Y VECINOS

Alto riesgo de contagios en la capital por la aglomeración de gente

El pedido del Gobierno para la jornada de ayer por las marchas en el microcentro de Resistencia fue en vano, en uno de los peores momentos de la pandemia.

Ayer el microcentro de Resistencia volvió a tener como protagonistas a los movimientos sociales que realizaron marchas alrededor de la plaza 25 de Mayo, y deteniéndose en punto que implicaron el corte de calles por un período de tiempo determinado.

Movimientos sociales se manifestaron en la mañana de ayer, en algunos casos sin respetar distanciamiento ni uso de barbijo.

En consecuencia, hubo desvíos en el tránsito que ocasionaron los trastornos de siempre, viajes en taxi más caros por los rodeos, paradas de colectivos impredecibles, el tener que caminar más de lo previsto, etcétera.

Si bien los reclamos generalmente tienen el mismo denominador común, de peticionar al gobierno algún tipo de asistencia, los que se ven afectados por estas medidas son los trabajadores que necesitan circular libremente para ejercer sus tareas, que les implica pérdida de tiempo, dinero (en combustible por ejemplo), y energías en rodear el trayecto que tenían previsto.

Con los piquetes, las desviaciones de tránsito. Y, con ellas, el malestar de la comunidad que no puede transitar libremente.

De hecho, si bien el gobierno de la provincia pidió a la comunidad que eviten circular por el centro, ya que movimientos sociales se manifestarían con el lema del “Polentazo Nacional”, poco caso se hizo a tal advertencia, que privilegiaba la detención del tránsito por sobre la circulación. Esto cuando lo lógico hubiese sido pedir a los movimientos que no corten el tránsito.

Además, la falta de cuidados por la pandemia era notoria. Grupos que no cumplían ni distanciamiento ni uso de barbijo.

En la movilización de ayer martes se pudo ver incluso la presencia de niños (izquierda de la foto).

CANSADOS

En una recorrida de NORTE por el microcentro, y en conversación con vecinos que se encontraban allí, se pudo notar el semblante de una comunidad cansada por los cortes de cada día.

Remiseros y taxistas, sin dar nombres para evitar represalias de los movimientos sociales (ya las sufrieron), señalaron a NORTE que es “un trastorno que ya no se aguanta más”.

Aseguran que “rompemos los coches con tanto frenar, arrancar, frenar. Al pasajero se le cobra más caro porque el reloj sigue corriendo, y ellos no comprenden a veces por qué. Entonces, estos cortes trae consecuencias para nosotros que deterioramos el vehículo, y al pasajero que termina pagando más caro, que si no fuera por el corte de tránsito lo hubiese pagado más barato”.

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